Internacional

On Bullshit : cuando la verdad no importa

25 Oct, 2018 - - @egocrata

Uno de los ensayos más importantes* de este siglo es un panfleto corto de apenas 81 páginas titulado «On Bullshit«**, escrito por Harry G. Frankfurt, profesor emérito de filosofía de la universidad de Princenton. La tesis principal del autor es que en tiempos recientes ha habido un aumento del nivel de bullshit (literalmente, mierda de toro, aunque el concepto es esencialmente intraducible) en la vida pública de occidente.

Bullshit es parecido a mentir, ofuscar o intentar confundir a tu audiencia, pero es cualitativamente distinto. Un mentiroso sabe que está diciendo una mentira, sabe que lo que dice es mentira, pero intenta ocultarlo. Aunque no está diciendo la verdad, la verdad le importa, aunque no quiere que su audiencia la conozca. Ofuscar o confundir es parecido; un manipulador conoce la verdad y no quiere que sus oyentes la descubran, pero hace un esfuerzo consciente para no mentir. Alguien que está lanzando bullshit,  sin embargo, lo que es verdad o mentira le importa un comino. Su único interés es intentar convencer a su audiencia o interlocutor, y dirá lo que sea con tal de avanzar su causa y conseguir lo que quiere.

Para Frankfurt, bullshit es mucho peor que mentir. El mentiroso es alguien que ha hecho un esfuerzo para saber qué es verdad; su problema es que esa verdad no le conviene. Un mentiroso está haciendo algo reprobable, pero lo hace conscientemente. Un bullshitter, por el contrario, es pura, completamente cínico. El discurso racional le importa un comino, ya que la realidad le importa un comino. Un político que base su campaña en bullshit es un político que tiene un respeto nulo por sus oponentes, la evidencia empírica o sus propios votantes. Es alguien que hace del trolleo su principal estrategia política.

Este pequeño ensayo fue publicado en los ochenta y recuperado de la oscuridad el 2005, cuando Jon Stewart lo recuperó (e hizo de su autor una celebrity durante un par de años) para intentar definir el aire irreal de la administración Bush. Eran los días de la truthiness (el concepto Colbertiano de realidad) y armas de destrucción masiva. La idea era interesante entonces. Es muchísimo más relevante ahora.

La presidencia de Donald Trump es un épico, infinito, continuado ejercicio de bullshit. Trump miente constantemente, y lo hace con entusiasmo. La semana pasada, sin ir más lejos, dijo 170 cosas que eran completamente falsas, un nuevo récord desde que llegó a la Casa Blanca. En los últimos días ha soltado, sin prueba alguna, que la caravana de inmigrantes en México tiene «gente de oriente medio» infiltrada. Ha insistido que la semana que viene bajará los impuestos un 10% a la clase media, algo que es totalmente imposible ya que el congreso no está en periodo de sesiones. Ha dicho repetidamente que su (fracasada) reforma de la sanidad protegía a aquellos con enfermedades preexistentes (es complicado: una explicación sobre qué significa aquí) el mismo día que su administración aprobaba regulaciones que debilitan estas protecciones. Trump se inventa cosas, atribuye a sus oponentes cosas que nunca han dicho, explica fantasías sobre proyectos o historias ficticios, y lo hace de forma incansable, diciendo una cosa y su contraria a veces con sólo unas pocas horas de diferencia, sin mostrar el más mínimo remordimiento.

Lo peor, sin embargo, es que el bullshit trumpiano se ha extendido a su partido. Los republicanos llevan un par de semanas de campaña electoral diciendo que ellos son los que van a proteger la sanidad y proteger a los enfermos crónicos mejor que nadie, a pesar de llevar dos años intentando eliminar la legislación que hace precisamente eso. Su programa sobre inmigración consiste en acusar a los demócratas de ser pro-crimen (¿?) y pro-fronteras abiertas (algo que es falso). Llevan meses defendiendo el recorte fiscal de Trump diciendo que favoreció a las clases medias (falso).  La campaña electoral es un debate entre un presidente y un partido que parecen ser completamente indiferentes a si su retórica tiene algún contacto con la realidad, y un partido que mira atónito el espectáculo***.

Para los periodistas, esto parece ser un problema: simplemente, no saben cómo cubrir la campaña. La tentación de la mayoría de medios (esfera Fox News y medios conservadores aparte – esos están para hacer propaganda) es informar diciendo que el político A dice X y el político B dice Y. Cuando uno de los dos políticos está soltando bullshit todo el rato, decir que los dos discursos son equivalentes es casi deshonesto. El problema, claro está, es que si dicen que Trump está soltando bullshit Fox y compañía les acusan de inmediato de ser partidistas, algo que les da un miedo atroz.

Está siendo una campaña extraña. La política americana, en general, se ha metido en un bucle de bullshit cada vez más delirante, básicamente porque uno de los dos partidos ha decidido que la realidad no importa.

Dos notas finales. Primero, en España los principales practicamentes de bullshit son los procesistas catalanes. No los independentistas en general (casi todos  creen sinceramente lo que dicen), sino la variedad de «revolucionarios profesionales» de tertulia, comité de expertos y consells de transició que llevan cinco años diciendo que la secesión está a 18 meses de distancia. Segundo, el mejor antidoto contra el bullshit es paradójicamente la prensa partidista al estilo europeo. Es muy sano que el ABC o El Diario puedan decir que un político miente sin tener miedo a que los tachen de partidistas, algo que todo el mundo tiene asumido. Los artículos se valoran según su fuente pero no se autocensuran en pos de una equidistancia irreal.

A todo esto, ayer dos ex-presidentes (Clinton y Obama), dos congresistas (Wasserman-Schultz y Waters) y un medio de comunicación (CNN) recibieron paquetes bomba. Hace unos días George Soros recibión un paquete bomba también. Trump lleva meses demonizándoles, insultándoles, llamándoles criminales, enemigos del pueblo y lindezas parecidas. Hoy no se ha dignado a decir su nombre al condenar los atentados, y ni se ha molestado a llamarles.  No hay nada más que añadir.


* Estoy hablando en serio.

** Podéis leer una versión reducida del texto aquí.

*** A ser sincero, esa es la estrategia electoral del partido demócrata desde el 2010. No les acostumbra a funcionar.


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