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Encuestas y pronósticos electorales: la primera vuelta de las presidenciales en Colombia como caso de estudio

8 Jun, 2018 - - @jorgegalindo

En los últimos dos años, una profunda desconfianza se había instalado en Colombia en torno a las encuestas. Fue algo normal: los resultados del plebiscito sobre los acuerdos de paz con las FARC se desviaron enormemente del pronóstico general de las mismas. Pero, curiosamente, la primera vuelta de las elecciones presidenciales celebrada el pasado 27 de mayo tuvo el resultado contrario: en la misma noche del domingo se hizo evidente que a todas las encuestas les había ido bastante bien. Y que si habían fallado en algún candidato fue, sobre todo, por culpa de la prohibición de publicar la última semana. De hecho, las encuestas (a las que se tuvo acceso después) realizadas en ese periodo son las más acertadas. En consecuencia, los promedios y pronósticos basados exclusivamente en encuestas también fueron bastante acertados.

Sin embargo, la desconfianza instalada en torno a los métodos demoscópicos tradicionales fomentó la aparición de otras aproximaciones, conocidas como pronósticos estructurales. Entre ellos destacó el intento de César Caballero, gerente de la casa encuestadora Cifras & Conceptos, de medir de alguna manera el peso del voto clientelista, o ‘maquinaria’, empleando como referencia las pasadas elecciones legislativas del 11 de marzo. No fue el único que tomó esta aproximación, pero sí el que más fuertemente apostó por ella. Lo hizo mientras mantenía su encuesta tradicional activa al mismo tiempo. El resultado del pronóstico no fue bueno, como se verá a continuación, comparado tanto con su propio sondeo como con los demás.

Este cuadro recopila y evalúa varias aproximaciones a la estimación de resultados electorales.

Encuestas 16-19M. Estos son los sondeos de las casas más reconocidas que se realizaron y publicaron justo antes del inicio de la prohibición que rige en el país por ley. De ellas, la mejor fue Guarumo si medimos por error absoluto medio (MAE) por candidato, resultante de sumar todas las diferencias entre la encuesta y cada candidato, y dividirlas entre el número de los mismos (cinco). Pero lo importante es que todas acertaron en quién pasaba a segunda vuelta, en que ésta tendría lugar, y que el rango de errores fue bastante pequeño. Además, casi todas se equivocaron sobre todo con un candidato: Sergio Fajardo. Luego veremos por qué.

Pronósticos. Aquí incluyo los análisis heterodoxos. El de C&C y el de ANIF se basa en una medición de la estructura clientelar, que complementa con la propia media de las encuestas. #lapolladelaprimeravuelta no es sino un juego de apuestas de usuarios de Twitter iniciado normalmente por el periodista Rafael Noguera. Como se observa, a ninguno de ellos le fue ni remotamente mejor que a la peor de las encuestas.

Promedios. Aquí hay un modelo de predicción de base bayesiana (el de Nelson Amaya, que ha hecho un trabajo excepcional) y otro más estándar, realizado por Kiko Llaneras y por mí para EL PAÍS. Como ambos están basados en los sondeos pre-20 de mayo, su MAE está en la media del de las encuestas. En definitiva: cuando éstas funcionan, como es lógico y normal, las aproximaciones que las usan como materia prima también funcionan.

Encuestas 23-25M. Con posterioridad a las elecciones se ha tenido acceso a por lo menos tres sondeos realizados durante la prohibición de publicarlos. La de Invamer (presentada ante notario), la del CNC y la de una empresa española reconocida, GAD3 (a ambas tuve acceso de manera privada antes de la propia elección). Todas ellas son claramente superiores incluso a la mejor de las pre-19M, a la que ya le iba bien de por sí. La principal diferencia se da con el candidato Sergio Fajardo, aunque no sólo: esto indica que existió una evolución del voto de su plataforma durante la semana de veda de encuestas, que por tanto nadie pudo observar en público. En cualquier caso, esta es una buena manera de poner en duda la muy extendida prohibición de últimos días de publicación de encuestas.

El de Colombia es sólo un caso entre mil, pero es uno que da un mensaje claro: las encuestas no son infalibles, pero en tanto que método probado y afinado durante décadas de prueba y error, pueden funcionar. De hecho, pueden hacerlo mejor a más cerca se encuentren de la fecha de las propias elecciones. Esto no quiere decir que haya que confiar ciegamente en ellas. Tampoco que haya que dejar de innovar, de probar metodologías distintas. Para nada. Sólo es una pequeña advertencia a favor de no desechar demasiado rápido lo que ya tenemos.