Política

La inmersión lingüística NO ha dividido a los catalanes por la mitad

13 Mar, 2018 - y -

En un artículo publicado hace unos días en Politikon aportamos datos novedosos sobre las preferencias lingüísticas en educación de los catalanes a partir de una encuesta a una muestra representativa de la población catalana. En esencia, nuestro análisis mostraba que no existe el “amplio consenso” que tantas veces hemos escuchado en boca de los responsables de la educación catalana en los últimos años.

Al comentar el post en Politikon, sin embargo, diversos medios de comunicación han hecho una lectura equivocada del mismo, señalando que la política lingüística fractura a la sociedad catalana en dos mitades. Esto no es cierto.

Es cierto que la mitad de la población está a favor de la inmersión, y la otra mitad en contra. Pero también es cierto que una mitad está a favor de que los niños deberían empezar su escolarización en su lengua materna, y la otra mitad en contra; así como que una mitad piensa que los padres tienen derecho a elegir la lengua de escolarización de sus hijos, y la otra mitad lo opuesto. La sociedad catalana estaría dividida, fracturada o polarizada en dos mitades si ocurriera que los están a favor de la inmersión están al mismo tiempo en contra de la libertad de elección de los niños y/o los padres. Pero eso no ocurre, como señalamos en el post anterior. Lo que ocurre es que hay unos altos porcentajes de respuestas inconsistentes; por ejemplo, un 24 por ciento de los que están a favor de la inmersión nos dicen también que están a favor de que los niños puedan iniciar su escolarización en su lengua materna. Son estas inconsistencias las que hacen que no se pueda hablar de fractura o de “dos mitades” nítidamente diferenciadas.

Esto se ve quizá mejor en las preferencias acerca de la distribución de horas entre catalán, castellano e inglés en las aulas. En nuestro post señalamos que, aun habiendo diferencias entre los votantes de distintos partidos acerca de cómo debe ser esa distribución, esas diferencias son muy manejables; esto es, que, aun existiendo diferencias, éstas son poco significativas, lo que da margen para la negociación y el consenso. Por decirlo de otra forma: si de verdad se quiere desactivar un tema que ha sido objeto de confrontación política importante en las últimas décadas, los ciudadanos se lo ponen en bandeja a la clase política para que lo haga.

Para resumir, y para el que no tenga paciencia para seguir leyendo, los resultados de la encuesta nos indican

  1. No existe un amplio consenso a favor de la inmersión lingüística. Esto es un mantra que no se corresponde con la realidad.
  2. No existe polarización en la sociedad catalana con respecto al régimen lingüístico de la escuela. Lo que hay, y esas son buenas noticias, es un amplio territorio común con respecto a la distribución de las lenguas que abren posibilidad de llegar a acuerdos (si la clase política está dispuesta a ello).
  3. La sociedad catalana está a favor de que el catalán sea el centro de gravedad del sistema educativo al tiempo que, en su inmensa mayoría, piensa que el castellano y el inglés (dos lenguas globales) deben tener mucho más peso que el que ahora tienen.

 

Y para el que tenga paciencia, ahí va un gráfico que muestra visualmente los puntos 2 y 3.

El Gráfico 1 muestra las preferencias de la población catalana con respecto a la distribución del catalán, castellano e inglés, en la escuela primaria. El gráfico tiene tres líneas, una por cada lengua. Cada punto en una línea nos dice el porcentaje de encuestados (valores en vertical) que opina que la lengua referida no debería superar qué porcentaje (valores horizontales) de las horas lectivas. Como se puede comprobar,

  1. Los catalanes asignan proporciones semejantes al castellano y al inglés, y dan un mayor peso al catalán.
  2. Menos de un cinco por ciento de la población dejaría el catalán relegado a un papel marginal (una de cada diez horas como mucho). Éste es un resultado muy importante porque los políticos que se oponen a tener en cuenta las preferencias de madres y padres parecen sospechar que, de permitirles hacer esto, muchos optarían por una educación casi monolingüe en español. Y, partiendo de esta premisa, nos dicen que toda propuesta diferente del tot en català daría pie a una marcada segregación educativa, pero nuestro análisis revela que estos temores son, simple y llanamente, infundados.
  3. Igualmente, menos de un cinco por ciento piensa que el catalán debería emplearse en más del 80 por ciento de las horas lectivas. Este resultado muestra de nuevo lo que hemos dicho más arriba: que de ninguna manera existe un amplio consenso a favor de la inmersión.

Gráfico 1. Preferencias de los catalanes sobre la distribución de lenguas en primaria

Los datos son, pues, muy contundentes. Por último, no está de más distinguir varios temas que muy a menudo se mezclan, a veces de forma muy ligera, con la cuestión de la inmersión lingüística.

  1. A veces se escucha que la inmersión es una política orientada a fomentar una identidad catalana; esto es, que su objetivo es “catalanizar” a los futuros ciudadanos. Sobre el efecto de la escola catalana sobre las identidades hay varias investigaciones con resultados dispares. Necesitamos más investigaciones; pero una cosa son las preferencias de los ciudadanos (que siempre deberían tomarse en cuenta) y otra, los efectos políticos que pueda tener la escuela (y que hay que demostrar).
  2. También se escucha muy a menudo que la inmersión produce cohesión social. Esto también hay que investigarlo y demostrarlo; lo que es muy difícil, pues supone poner sobre la mesa un argumento contrafáctico, del modo: “si no hubiera habido inmersión en las últimas décadas, los destrozos a la cohesión social que observamos ahora serían mayores”, u otro del tipo “los niveles de cohesión que vemos ahora se deben a la inmersión, y no al sentido común de la gente común”.
  3. Por último, también se sugiere a menudo que si no hay inmersión tendríamos una doble red escolar que segmentaría (se sugiere permanentemente) a los niños por razón de su lengua. Pero esto es desconocer la multitud de opciones intermedias que existen entre una inmersión forzosa y una segmentación permanente.