Catalunya

La crisis en Cataluña: ¿Cómo hemos llegado hasta aquí y cómo salimos?

12 Feb, 2018 - y - @javierccll, @luiscornagob,

El segundo debate del ciclo de conferencias sobre la crisis en Cataluña celebrado en la London School of Economics and Political Science (LSE) tuvo lugar el 8 de febrero bajo el título Spain and Catalonia: Is There a Way Out of the Impasse? (“España y Cataluña: ¿Hay alguna manera de salir del atolladero?”). Esta segunda conferencia se centró en analizar las causas políticas del conflicto, el escenario actual y las posibles vías de resolución. Jonathan Hopkin, Sandra León y Toni Rodon, tres académicos cuyas investigaciones han abordado el sistema político español desde diferentes perspectivas, fueron los encargados de debatir sobre estas cuestiones. En esta entrada recogemos las ideas principales que surgieron a lo largo de la conferencia.

Las causas del conflicto: ¿Cuánto se explica por la crisis económica?

El moderador de la sesión, Antonio Barroso, inició el debate preguntando a Hopkin en qué medida el caso catalán es único en Europa o si es comparable con el de otras regiones. Además de hacer referencia a las dinámicas de la competición partidista en Cataluña, particularmente la lucha por la hegemonía entre los partidos independistas, el politólogo inglés defendió la necesidad de situar a Cataluña en el contexto de la política comparada. Para él, el movimiento secesionista debe enmarcarse dentro de los muchos movimientos anti-establishment que han aflorado en los últimos años en muchas democracias avanzadas, tales como el Brexit, la victoria de Trump o el triunfo de Syriza. Todos estos fenómenos comparten el hecho de haber emergido después de la Gran Recesión iniciada en 2008. Según explicó Hopkin, los altos niveles de desempleo y el incremento de la desigualdad tienden a provocar la radicalización de las posiciones políticas. Además, en circunstancias económicas adversas la política identitaria es un arma especialmente poderosa. Por tanto, aunque cada uno de estos movimientos anti-establishment se presente como único, en realidad todos tendrían origen en el importante deterioro de la situación económica.

Toni Rodon matizó las aportaciones de Hopkin afirmando que en muchas ocasiones, ante una crisis económica, los ciudadanos responden volviéndose más conservadores y no radicalizando sus posiciones. El politólogo hizo referencia a una de sus investigaciones en la que muestra que aquellos que más han sufrido la crisis económica no son necesariamente los que más apoyan la independencia. Según Rodón, los factores que explican el auge del movimiento secesionista son la identidad nacional y, sobre todo, la desaparición de los incentivos para la formación de uniones políticas.

Según su explicación, las uniones políticas han tenido históricamente tres ventajas: en primer lugar, estas son positivas para las regiones que se anexionan porque sirven como salvaguardia cuando se producen crisis económicas o desastres naturales; en segundo lugar, proporcionan seguridad ante posibles ataques exteriores; en tercer lugar, desde el punto de vista económico, permiten el acceso a mercados más grandes. Sin embargo, para Rodon estos incentivos habrían desaparecido en Europa puesto que los shocks económicos son gestionados por el Banco Central Europeo u otras instituciones supranacionales, los ejércitos ya no son tan relevantes y los mercados se han globalizado (por ejemplo, Rodon afirmó que la economía catalana hoy en día exporta la mayoría de sus bienes a los mercados internaciones). Todo esto habría provocado que algunas de las minorías nacionales que contienen muchos países hubiesen apostado por la vía independentista. El resultado sería lo que Rodon denominó como “la era de las secesiones”, ya que en los 50 últimos años más nuevos países que nunca han sido constituidos.

La politóloga Sandra León defendió una postura intermedia entre Hopkin y Rodon en relación al rol de la crisis económica. León aventuró que, aunque la economía catalana mejore, es muy probable que las demandas independentistas perduren. Además, afirmó que en Cataluña, a diferencia de lo que sucede en Escocia, los individuos de menor renta y nivel educativo son más favorables a los partidos que defienden la permanencia de Cataluña en España. Sin embargo, sí apuntó a la crisis económica como el detonante que permitió a los emprendedores políticos independentistas captar una mayor porción de votantes que, a priori, en términos de identidad no eran proclives a apoyar la independencia. En este sentido, León sugirió que el punto de inflexión para los votantes de CiU –cuando empezaron a apoyar más claramente posiciones independentistas– se produjo en otoño de 2012, cuando desde la Generalitat se demandaba una reforma del sistema de financiación autonómico.

¿Cómo se explica la situación de bloqueo actual?

Sandra León fue la encargada de responder la segunda pregunta del moderador sobre qué factores explican la dificultad de investir a un presidente de la Generalitat en estas circunstancias. La profesora aportó varias razones que aclaran por qué los partidos independentistas se muestran tan reticentes a posiciones más pragmáticas (como proponer otro candidato), una vez parece claro que Puigdemont tiene muchas dificultades para ser elegido presidente. En primer lugar, se refirió al éxito de Junts per Catalunya (JxCat) a la hora de imponer la narrativa de restituir el gobierno de Cataluña y al president legítim. Renunciar a esta hoja de ruta sería percibido por muchos votantes independistas como una derrota y, según León, tendría un alto coste político para los partidos independentistas. Asimismo, León señaló como relevante la presión de los movimientos sociales secesionistas –sobre los que los partidos cada vez tienen menos control– y el hecho de que dentro de la lista de JxCat haya varios candidatos independientes, teóricamente menos proclives a realizar concesiones ideológicas por razones pragmáticas. En segundo lugar, las encuestas muestran que muchos votantes de ERC y CUP prefieren a Puigdemont, lo cual lleva a los partidos a ser muy cautelosos a la hora de proponer vías que no pasen por la investidura del expresident. Por último, la competencia por la hegemonía dentro del bloque independentista entre ERC y JxCat estaría provocando que ninguno de los dos partidos se atreva a realizar concesiones.

Aunque las posiciones pragmáticas suelen ser las que finalmente se adoptan en este tipo de situaciones, el dilema del prisionero en el que se encuentran los actores según León evita que se reduzca la polarización. Sin embargo, apuntó a la posibilidad de tener un gobierno con algún reconocimiento simbólico hacia Puigdemont como una posible solución que minimizaría el coste electoral que tiene para los partidos independentistas avanzar hacia posiciones más pragmáticas. Otra opción para el independentismo es alargar esta situación lo máximo posible para luego poder justificar ante su electorado que no se rindieron a las primeras de cambio.

En lo relativo al resto del electorado español, la politóloga explicó que la opinión pública es, en general, favorable a las medidas adoptadas por el gobierno (como la aplicación del 155) y cada vez más contraria a otorgar mayor autonomía a las regiones. Esto favorecería a PP y Ciudadanos, y perjudicaría a PSOE y Unidos Podemos, en principio más favorables a la descentralización. Sobre estos últimos, León mencionó su preocupación por el hecho de que sean justamente los partidos que podrían actuar de puente entre España y Cataluña los que rehúyan el debate debido a las tensiones internas que provoca en sus partidos. La ausencia de Unidos Podemos y del PSOE, unida a la competición actual por la hegemonía del centro derecha entre el PP y Ciudadanos, dibuja un escenario en el que es improbable que desde Madrid se adopten medidas favorables a una mayor autonomía para Cataluña u otras regiones.

Según Jonathan Hopkin, este proceso de polarización también viene sucediendo en otros países europeos. En un contexto de declive de los partidos tradicionales hegemónicos, los nuevos partidos presentarían perfiles más agresivos para competir por la hegemonía del espacio político. Para Hopkin, es así como se entienden los discursos de ERC y de Ciudadanos.

¿Hay alguna solución?

La última pregunta del moderador, acerca de las posibles vías de resolución del conflicto, fue dirigida a Toni Rodon. El politólogo expuso que en el largo plazo sí que existen soluciones al conflicto catalán, especialmente aquellas basadas en el acomodo de las diferencias en un sistema federal. No obstante, en el corto plazo, se mostró más pesimista puesto que presume que los ánimos revanchistas dominarán las actuaciones de los partidos políticos en España y Cataluña. Rodon sustentó su pronóstico en dos motivos.  Por un lado, el hecho de que el votante mediano español no apoya la descentralización y no reconoce la existencia de una minoría dentro de Cataluña. Por otro lado, Rodon no percibe que ningún partido nacional, a excepción de Podemos, apueste de forma decidida por alguna de las medidas que podrían desatascar el conflicto, como un referéndum pactado o una reforma federal de la constitución.

En la conversación final de los ponentes con el público, Hopkin y León sugirieron algunas posibles soluciones al conflicto. El primero afirmó que no existe en Cataluña una mayoría clara que pueda imponer su proyecto político de forma unilateral, por lo que España necesita más federalismo y menos imposiciones por parte de ambos lados. Por último, León advirtió que para que sea posible un reparto de poder distinto entre los actores tiene que existir más de un eje de competición política. Para ella una manera de salir del aparente callejón sin salida  pasa por introducir nuevos temas en la agenda (más allá de la cuestión nacionalista) que permitan crear coaliciones entre los partidos unionistas y los independentistas.