Catalunya

¿Debe la izquierda apostar por el nacionalismo? No

22 Ene, 2018 - - @politikon_es

En los días que han seguido el éxito de C’s en Cataluña, se han escuchado voces que lo han atribuido a la importancia del “nacionalismo español”. Es frecuente subrayar que el partido de Arrimadas habría transcendido las divisiones de clase, situándose sobre el eje nacionalista. Ha logrado alcanzar tanto los viejos feudos del PSC, como los del PP. En las semanas que han seguido, las encuestas parecen reflejar que los votantes en el resto de España han recompensado esta estrategia. Una conclusión tentadora es que este éxito refleja la demanda de una política “nacionalista española”, y que el resto de partidos, y en particular la izquierda, deberían apostar por esa estrategia.

En este post quiero explicar por qué me parece (de forma estrictamente personal y un poco superficial) una idea muy mala.

  1. No hay demanda de “nacionalismo español”. Como explicaba Kiko Llaneras, el número de personas que se pueden identificar como nítidamente nacionalistas españoles en España es muy pequeño. Es posible que como efecto de la movilización esto cambie en el futuro. Por el momento, sin embargo, esto no está claro que haya un sentimiento nacional muy fuerte que se pueda diferenciar de la hostilidad al nacionalismo periférico.
  2. No está claro que el éxito de Ciudadanos se deba al llamado “nacionalismo español”. Es común, especialmente entre gente de izquierda, identificar a Ciudadanos como un partido nacionalista español. Acertado o no, es importante que esta etiqueta no lleve a un diagnóstico equivocado. En primer lugar, lo que parece claro es el partido más “nacionalista español” es el PP, que es el partido que ha perdido un mayor número de votos. Ciudadanos ha evitado sistemáticamente (y desde su fundación) cualquier asociación con la etiqueta nacionalista español, y se ha presentado como un partido no nacionalista. Ha subrayado que defiende que muchas identidades son compatibles entre sí, y evitado cualquier asociación de su oposición al nacionalismo catalán con la identidad cultural española. Es posible que haya una agenda oculta, pero de momento está oculta y no parece tampoco que ni sus votantes, ni los de la izquierda se sientan intensamente españoles (aunque sí exista gente que se podría considerar “jacobina”), o al menos no lo manifiestan así en las encuestas. Como decía, es importante no confundir la parte de éxito de Ciudadanos que se debe a presentarse como una alternative creíble de oposición al nacionalismo catalán, con la que se debe al nacionalismo español. Las dos cosas pueden ir unidas, pero no lo están necesariamente.
  3. No es el marco fertil para la izquierda. El marco del debate identitario es uno en el que la izquierda tendrá cada vez más difícil formar alianzas, porque divide a su electorado Es uno que desplaza de la agenda temas como la desigualdad, o la justicia social, en favor de otros, como el derecho a la autodeterminación, la política lingüistica. Es un marco de debate que permite que empresarios de Girona sean presentados como oprimidos y acreedores de alguna compensación por camarera andaluzas.
  4. El nacionalismo es casi siempre una forma de opresión. Todos los argumentos anteriores se basan en especulaciones empíricas. Este no. En mi opinión, el proyecto emancipatorio de la izquierda es intrínsecamente conflictivo con el nacionalismo. Los compromisos estratégicos que se realicen con él por razones electorales deben ser vistos como especialmente costosos. De forma muy mayoritaria, el pensamiento marxista ha considerado el nacionalismo como algo ajeno a su discurso- aún cuando considerándolo un aliado circunstancial o un instrumento de movilización. Salvando la proporción, aunque sea electoralmente ventajoso, llegar a compromisos con ideas sexistas, racistas o confesionales es algo que en general no contemplamos. En mi opinión, inculcar a los ciudadanos su pertenencia primordial a un ente imaginario identificado por una cultura es algo similar a hacerles creer que un ser sobrenatural creó el mundo en siete días o que las mujeres deben ir veladas. Independientemente de si hace a la gente mejor, o más solidaria, o aumenta el “capital social“, es algo en conflicto abierto con (mi interpretación de) el ideal emancipatorio de la izquierda.

 

¿Cuál es la alternativa? ¿Como creo que debe responder la izquierda al nacionalismo? Me haría falta más espacio del que tengo aquí, pero:

  1. Minimizar el impacto de la “identidad nacional” en la vida de la gente. Una alternativa es favorecer, en la medida de la posible, la neutralidad del estado. No debe ser necesario conocer el himno del país ni reverenciar la bandera para recibir servicios sociales. Si es importante que la gente comprenda su obligación de pagar impuestos o respetar los derechos fundamentales de sus conciudadanos, esto se puede hacer sin que la afinidad cultural intervenga. Sentirse unido a una nación u otra no debería tampoco ser fuente de derechos. Existen muchas áreas que se puede intentar mantener separadas de la identidad cultural, en contra del marco nacionalista. Es cierto que los estados no viven en el vacío cultural, y elegir qué lengua hablar o que historia estudiar es en alguna medida inevitable. Pero estas cosas deben hacerse con cuidado, pero con la vista puesta en que sean inclusivas, y sea posible separarse de ellas, pero de forma que no sean excusa para no pagar impuestos. Es posible por ejemplo intentar filtrar en alguna medida el nacionalismo de la historia que se enseña (por ejemplo, Francia y Alemania optaron por un manual de historia común). Otra opción es apostar por alguna forma de “cosmopolitanismo”: una identidad común que no acentúe el particularismo y las divisiones.
  2. Señalar los efectos que tiene el conflicto interétnico sobre la convivencia y la desigualdad, e intentar combatirlos. Existen razones para pensar que las diferencias étnicas pueden afectar a la convivencia si se les da mucho peso (desde luego en España ha sido así históricamente), a la capacidad de recaudar impuestos, o a la movilidad social. Afecta, por supuesto, también a las guerras entre naciones, y genera divisiones dentro de las clases sociales situadas en distintos territorios.
  3. Si es necesario llegar a acuerdos con partidos nacionalistas, intentar minimizar la importancia del nacionalismo, y señalarlo como un coste.  Al igual que existe margen para el entendimiento con los empresarios o con bandas terroristas sin convertirse en el partido de los emprendedores o del terror, algo similar debería ser posible con los nacionalistas.