Política

“No estábamos preparados para la independencia”

14 Nov, 2017 - - @egocrata

Estos dos últimos días varios miembros del gobierno destituido de la Generalitat han dicho en voz alta que no estaban preparados para la independencia.

Recalco lo de “en voz alta”, porque creo necesario resaltar lo absurdo que es todo este asunto. Durante dos años, el gobierno de la Generalitat dice haber estado preparándose para la secesión, dotándose de “estructuras de estado” mientras alardeaba de estar desobedeciendo resoluciones judiciales. Tenían un plan, decían; todo estaba preparado. Todo era cuestión de seguir la hoja de ruta, cuyos componentes se irían desvelando a su debido tiempo (porque la democracia, supongo, es algo que se construye en secreto) hasta alcanzar el referéndum, declaración unilateral de independencia y “hola república”.

Todo esto resultó ser falso. La hoja de ruta era un documento que confiaba toda su estrategia a armar bulla, intentar que el gobierno del PP se pasara de frenada y se produjera una indeterminada combinación de intervención de la Unión Europea, victoria electoral de Podemos e invasión alienígena que unificara el pueblo catalán por la independencia.

Cuando la intervención estatal se produjo, el clamor del pueblo catalán resultó ser por las mismas líneas partidistas de siempre. Una semana después del referéndum soñado, las calles de Barcelona se llenaban de gente en contra de la secesión. La intervención policial sólo trajo consigo las columnas de opinión de los cuatro anglosajones que ven franquismo en todas partes de siempre; nadie relevante en la Unión Europea hizo ni un atisbo de apoyar la secesión. El estado en España continuó funcionando exactamente como siempre; nadie dejó de pagar impuestos a hacienda, nadie levantó fronteras. Los trenes siguieron circulando a la hora.

Cuando, apenas un par de semanas después, los secesionistas dieron el paso y proclamaron la independencia (a medias, como todo), el silencio fue atronador. Cuando el gobierno intervino la Generalitat, los consellers dejaron de dar órdenes, los funcionarios de recibirlas. La cúpula de los mossos dejó el cargo sin la más mínima protesta. No sucedió nada, porque no había nada preparado, ni previsto, ni planificado. No había plan B.

Muchos han visto las declaraciones de los líderes independentistas, así como la entrevista de Puigdemont diciendo que se conformaría con otra cosa que fuera la secesión (es una retirada, por mucho que los iluminados de El Nacional y Vilaweb nos expliquen que en realidad dice que la independencia es imparable), como una evidencia clara que los líderes del nacionalismo catalán estaban engañando a sus bases. Todo esto del procés era un ejercicio de pantomima elaborado para pasar el rato, no un programa político serio; a la hora de la verdad, nadie en la Generalitat tenía la más mínima intención de dar el paso.

La verdad, no creo que fuera un engaño. Por mucho que fuera obvio y evidente que una declaración unilateral de independencia con al menos la mitad de la población en contra no llegaría a ninguna parte,  y que estaba claro que el gobierno catalán no tenía nada parecido a una agencia tributaria, seguridad social, judicatura o control del territorio, mi sensación es que los dirigentes nacionalistas creían genuinamente que su causa era justa, el apoyo del pueblo abrumador y la secesión inevitable. La república iba a llegar porque todo el mundo que conocían, toda la prensa que leían y todos los líderes sociales con los que se reunían decían que esto estaba ganado, España era un régimen neofranquista fallido, Cataluña una nación oprimida y el mundo iba a amarles. Cuando resulta que la mitad del país que no les votó el 2015 seguía sin apoyarles, el estado español seguía siendo un estado democrático efectivo respetado internacionalmente y todos esos intelectuales subvencionados por la Generalitat en TV3 no eran representativos del país, simplemente no supieron qué hacer.

 

Los líderes del independentismo catalán no estaban engañando a nadie; se habían engañado a sí mismos. Se han autoconvencido que ellos responden al clamor popular, cuando la evidencia indica lo contrario. Se han autoconvencido que protestas absurdas, como tener un referéndum de secesión cada tres años, es algo vagamente aceptable para un presidente del gobierno en cualquier país democrático. Se han autoconvencido que siempre están ganando, que son muy listos y que tienen un plan. Con estas firmes convicciones, han llevado el país al medio de ninguna parte.

La cuestión es qué van a hacer ahora. Creo que las declaraciones de Puigdemont, igual que las declaraciones de varios consellers diciendo que no estaban listos, no deberían ser motivo de burla, sino aplaudidas como un primer paso hacia tomar cierto contacto con la realidad. Los portavoces de ERC estos días no renunciaban a la independencia, pero se desmarcaban claramente de hojas de rutas, plazos o planes secretos a 18 meses vista. Todo el independentismo parece haberse dado cuenta que lo importante, ahora mismo, es ganar las elecciones, y lo dicen con la urgencia de alguien que cree que pueden perderlas.

Hubo una época, allá por el 2008-2009, cuando los independentistas catalanes decían que querían la secesión, pero no hacían promesas absurdas. No decían que sería fácil, no se inventaban una UE y una España que no existía, y no imaginaban beneficios infinitos tras la independencia. Sabían que lo suyo era algo complicado, porque gobernar es difícil siempre. No cometían el error de decir lo que una muchedumbre quería escuchar y después creerse sus propias palabras.

Con un poco de suerte, esta clase de independentismo volverá, y podremos tener algún día un debate coherente sobre secesión, soberanía y autodeterminación. Esperemos que poco a poco el realismo mágico dé paso a la cordura.

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Nota al margen:  Algunas voces de ERC habla de la violencia sin límites del estado español autoritario, a pesar que Rajoy fue capaz de imponer el 155 sin que hiciera falta que un guardia civil se rompiera una uña. Estan recurriendo  a citar artículos del Interviu en Twitter sobre policías asaltando el parlament en helicóptero. la represión, la verdad, no tiene este aspecto; esto no es violencia. Y no, llevar a juicio a políticos que llevaban dos años diciendo en público que estaban saltándose la ley y que aprobaban leyes derogando la constitución no tiene nada  de antidemocrático.