Catalunya & Unificación Europea & Unión Europea

Cuatro gráficos sobre el procés y las actitudes hacia la UE

13 Nov, 2017 - - @ariamsita

“¿Es esta la Europa que nos invitáis a construir, con un gobierno encarcelado? ¿Cuánto tiempo vas a mirar hacia otro lado, Europa, ante este golpe de estado, ante el maltrato de nuestros colegas en prisión, que son representantes electos?”. Así se dirigía en Twitter Carles Puigdemont, ex President de la Generalitat, a Juncker y Tajani, quejándose abiertamente de la posición que ha tomado la UE en lo que se refiere a la crisis catalana.

El apoyo (o la falta del mismo) de la UE hacia uno y otro de los bandos políticos del procés ha resultado clave a la hora de enmarcar las últimas semanas de acontecimientos. Por parte del gobierno, el apoyo de la UE es fundamental a la hora de legitimar sus acciones, mientras que por parte del independentismo se trata de involucrar a las instituciones a su favor, en peticiones que abarcan desde la mediación hasta la intervención para asegurar que España no vulnere sus derechos fundamentales. En este sentido, el ejemplo más claro es el traslado de Puigdemont a Bruselas con el objetivo de internacionalizar el procés desde la capital europea.

Sin embargo, y a pesar de las continuas demandas por parte de los independentistas, la UE continúa firme del lado del gobierno español, sin mostrar ningún tipo de apoyo a la causa independentista. En este contexto, podemos preguntarnos cómo está afectando esta situación a las actitudes de los ciudadanos y ciudadanas catalanes con respecto a la Unión Europea. ¿Podría esta falta de apoyo traducirse en una reducción de la confianza de los ciudadanos? Los datos del último Barómetro de Opinión Política del CEO, cuyo trabajo de campo se realizó durante las dos últimas semanas de octubre, y por lo tanto después del 1-O, pueden ayudarnos a analizar este fenómeno.

El procés y la confianza en la Unión Europea

Una primera manera de aproximar nuestra pregunta es la de observar la evolución de la confianza de los ciudadanos catalanes en la UE según sus preferencias territoriales. Los datos pueden observarse en el siguiente gráfico:

Los datos nos muestran que, mientras que durante los primeros años de la serie no se aprecia un patrón claro en la relación entre preferencias territoriales y confianza, y el nivel de confianza es similar entre todos los grupos de población en 2015, las líneas empiezan a separarse en 2016 y esta tendencia se acentúa en 2017. En este sentido, el 1-O y eventos relacionados que se sitúan entre las dos rondas de encuestas de 2017 reflejadas en el gráfico  (la primera de julio y la segunda de octubre) parecen abrir una brecha importante en la confianza de los independentistas.

Así, la tendencia del gráfico sugiere que la respuesta por parte de la UE ha impactado de manera significativa a todos los grupos de población. Por una parte, aquellos que creen que Cataluña debería tener algún tipo de encaje dentro de España aumentan drásticamente su confianza, probablemente sintiéndose respaldados por las acciones de la Unión.  Mientras tanto, los independentistas parecen haber sufrido un proceso inverso, y la falta de apoyo de la UE a sus aspiraciones podría haber determinado el descenso en la confianza que se aprecia en los datos.

Los acontecimientos del último año y el sentimiento de unión hacia la UE

Una percepción bastante generalizada es la de que el nacionalismo catalán ha sido un movimiento tradicionalmente europeísta, cuya demanda de independizarse pasaba por ser un nuevo estado dentro de la UE. En este sentido, parece interesante observar no sólo los datos sobre confianza, sino sobre el grado de unión de los ciudadanos hacia la UE. Esta pregunta aparece en el CEO solo en 2016 y en 2017, lo que no nos permite ver la evolución histórica, pero sí comprender mejor cómo han influido los acontecimientos del último año a este sentimiento de unión. Los dos gráficos siguientes muestran la tendencia de este sentimiento a lo largo del último año en relación con (1) preferencias territoriales y (2) los distintos sentimientos nacionales de los catalanes:

Los datos están en línea con la percepción de confianza: los gráficos nos muestran una clara caída del sentimiento de unión hacia la UE entre quienes quieren una Cataluña independiente, así como entre quienes se sienten solo catalanes. Por otra parte, aquellos que creen que Cataluña debe seguir formando parte de España se sienten ahora mucho más unidos a la UE, al igual que aquellos ciudadanos que se sienten españoles en distinto grado.

Esto parece especialmente interesante por el hecho de que, en ambos gráficos, el punto de partida es muy similar para todos los grupos (que se sitúa en ambos casos entre el 5 y el 6), mientras que tras el 1-O las diferencias en este sentimiento de unión son de más de cuatro puntos.

Observemos ahora un último gráfico que nos puede ayudar a comprender la dimensión política de este proceso, relacionando el sentimiento de unión hacia la UE con la intención de voto de los catalanes:

Una vez más, la tendencia que nos encontramos es muy similar a la que hemos visto en otros gráficos. El punto de partida es similar para todos los partidos –si no tenemos en cuanta a la CUP, los otros seis parten con una diferencia de aproximadamente un punto entre ellos-, mientras que la diferencia post 1-O es de casi 5 puntos. Los votantes de partidos constitucionalistas se sienten más unidos a la UE ahora que hace un año, los independentistas menos. Especialmente interesante parece el caso de los votantes del PDeCAT, que eran en 2016 quienes más unidos se sentían a la UE y los que pasan por una caída más pronunciada.

Una explicación posible detrás del cambio de actitudes

¿Cómo podemos explicar este cambio tan drástico en las actitudes de los catalanes y catalanas hacia la UE en un plazo de un año? El motivo más obvio es el que he hilado a lo largo del artículo: mientras que los “unionistas” se han sentido respaldado por la UE a lo largo de los últimos meses/semanas, tiene sentido pensar que los independentistas se han sentido frustrados al no tener ningún tipo de apoyo desde Bruselas.

En este sentido, podríamos aplicar la idea recogida en este paper de Ignacio Sánchez Cuenca sobre las bases del apoyo a la integración europea. La idea se basa en que los ciudadanos son más europeístas cuanto mejor sea su opinión de las instituciones supranacionales, y peor su percepción del sistema político nacional. Así, podríamos decir que los nacionalistas catalanes han apoyado tradicionalmente a la UE por percibir que la calidad de las políticas hechas en Bruselas era mejor que la de aquellas hechas en Madrid. Pero este mecanismo se rompe en el momento en el que “Bruselas” deja de ser percibido de manera positiva y pasa a posicionarse en contra de sus intereses.

Al final, lo que los datos parecen señalar es una historia de expectativas frustradas, en la que los independentistas esperaban un apoyo o una serie de acciones por parte de la UE que no han llegado a materializarse. Sin embargo, como ya explicaba en un post anterior, la realidad es que la capacidad de acción de la UE en  este tema es muy limitada, tanto a nivel de competencias como a causa de las tensiones intergubernamentales.

Una incógnita que queda por aclarar es si el discurso de los políticos independentistas se adaptará a estas nuevas percepciones de cara a las elecciones del 21D. Por una parte, la presencia de los antiguos miembros del Govern en Bruselas sugiere que siguen teniendo la esperanza de conseguir algún tipo de  apoyo internacional. Por otro lado, declaraciones como las de Puigdemont con las que empezaba este artículo podrían señalar que el independentismo está dispuesto a seguir adelante despojado de la bandera europeísta. En un contexto europeo de creciente euroescepticismo y tensiones nacionalistas, parece dudoso que esto pueda ser una buena noticia para nadie.