Política

Todo esto podría haberse evitado

3 Nov, 2017 - - @egocrata

Hace cuatro años publicaba por aquí un gráfico un poco burdo hablando de política catalana:

Vot nacionalista catalanes

El gráfico incluía la suma de votos de los partidos que se autodefinen como nacionalistas en elecciones autonómicas. Extenderlo hasta la actualidad sería trivial: la suma nacionalista el 2015 fue exactamente la misma que en el 2012.

Digo esto porque mi esperanza, un poco ingenua, es que el 21-D los resultados electorales sean otra vez básicamente idénticos a lo que vimos en 1999, 2003, 2006, 2010, 2012 y 2015, pero esta vez los políticos entiendan que quizás, sólo quizás, 18 años de confrontación grotesca, estéril y repetitiva sólo han traído una escalada de tensiones sociales y políticas cada vez más peligrosa, y que va siendo hora de hacer algo distinto.

Hablemos, por ejemplo de la declaración unilateral de independencia, la suspensión de la autonomía, las detenciones y la prisión preventiva de medio govern. Todo el mundo sabe, tanto en Madrid como en Barcelona, que todas estas medidas no sirven absolutamente para nada. Cataluña no está más cerca de la secesión hoy que hace dos semanas, dos meses o dos años. España no está más cerca hoy de hacer que desaparezca el problema catalán que hace dos semanas, dos meses o dos años. Todo lo que hemos visto los últimos días son acciones profundamente inútiles, puramente reactivas. Ambos gobiernos las han llevado a cabo porque creen que el “otro bando” les ha obligado a ello, por la honrilla, o por no querer echarse atrás.

El problema es que esto no es un juego del gallina. En un juego del gallina, dos conductores conducen en direcciones opuestas retrasando todo lo posible ser los primeros en dar el volantazo para evitar la colisión. Hoy en Cataluña tenemos dos actores manejando autobuses teledirigidos llenos de catalanes, y ambos parecen estar dispuestos a tirar el mando a distancia a un lago con tal de ganar la partida, sabiendo que si la cosa acaba en tragedia ellos no serán los que sufran las consecuencias.

El jueves de la semana pasada, Carles Puigdemont vaciló entre convocar elecciones y declarar la independencia. Su primera intención era hacer lo primero; sus compañeros de partido le convencieron que eso era echarse atrás, una traición y una cobardía. Cambió de opinión. Si hubiera hecho lo primero la Generalitat no hubiera sido suspendida, él no estaría en Bélgica y ocho miembros del govern no estarían en la cárcel. Cataluña sería exactamente igual de independiente. Estaríamos votando en diciembre igual. Los que le pidieron hacer lo segundo consiguieron destruir el autogobierno, forzar que ocho personas fueran a la cárcel, y provocar más conflicto, más tensión, más sufrimiento y ni un ápice más de independencia.

Ayer una juez de la audiencia nacional tuvo que decidir si ordenaba la prisión provisional de ocho consellers de la Generalitat tras la desastrosa machada de Puigdemont. Podía escoger entre hacer caso  a las furibundas demandas de la fiscalía pidiendo prisión preventiva, o hacer una lectura  del código penal ajustada al derecho y dejarlos en libertad bajo fianza. Lo primero le merecería el aplauso del amplio sector de la prensa de Madrid que todo lo quiere arreglar a garrotazos, y le daría la satisfacción de castigar la insolencia de los acusados. Lo segundo le traería un aluvión de críticas, y tener que ver como los acusados seguían con su victimismo durante semanas. La honrilla se impuso a la proporcionalidad, y prefirió cárcel en vez de contención.

Pero nada, a seguir perdiendo el tiempo jugando unos a hacerse los héroes, y los otros a seguir atizando viejos odios olvidados. El daño lo sufrirán otros siempre.

Sigo esperando que el 22-D acaben por entender que así no vamos a ninguna parte, pero no soy optimista.