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Notas sobre plagios, desigualdad y la democratización de la cultura

18 Oct, 2017 - - @politikon_es

Quiero empezar pidiendo perdón al lector por salirme un poco de la temática habitual de este blog, en una incursión a algo no estrictamente político (aunque solo en parte, como veremos).  Os voy a pedir que veaís este vídeo de aquí abajo y luego, tras un pequeño rodeo, os cuento por qué.

Descubrí a Jaime Altozano (el tipo del video) con los vídeos que hizo sobre la sonora del señor de los anillos. Jaime se dedica a popularizar ideas sobre música de una forma entretenida, empezando por lo que sé igual que empezó Politikon: desde el salón de su casa.

La izquierda, los progres, siempre hemos tenido una relación complicada con la cultura. Por un lado, todos pensamos que ésta da acceso a formas más o menos elevadas de entretenimiento. Todos los que lo hemos probado sabemos no es totalmente casual para que todo el mundo conozca la novena de Beethoven, pero casi nadie nacido después del año 92 se acuerde del Máquina total ocho.

Sin embargo,la cultura (como la política, el nacionalismo) tiene un gigantesco sesgo elitista. En la vida social tendemos a distinguirnos y a usar nuestros gustos, el idioma, y nuestro consumo para construir afinidades. Si mañana me encuentro con alguien en el avión que sea aficionado a las matemáticas, las plumas, a la música clásica, que vaya leyendo un libro de análisis de datos, o que hable mi idioma es mucho más probable que (yo) comience una conversación con él que si va leyendo el New York Post. Esto sería inocuo si no fuera porque estos gustos culturales tienen un gigantesco sesgo elitista y hacen que termine relacionándome y favoreciendo solo a gente que se parece a mí. En otras palabras, la cultura es algo que genera desigualdad y discriminación.

Esta relación es obviamente conflictiva. Algo interesante de la era de internet es que ha hecho el acceso a la cultura algo mucho más que barato: prácticamente gratuito. La democratización (parcial) de la cultura es un fenómeno cuyas consecuencias no estoy seguro de que entendamos aún. Yo, personalmente, he aprendido de (y le debo profesional, personal e intelectualmente mucho a) internet, es decir, a la comunidad de gente que se dedica a poner contenido de forma más o menos altruista. Y una de las cosas que he intentado hacer desde que escribo en internet con este vómito de referencias pseudocultas no es (sólo) parecer listo, es intentar divulgar ideas y conocimientos que me parecen interesantes.

Pensad en lo mágico que es todo esto: dónde antes había gente que controlaba el flujo de información y decidía qué contenidos eran interesantes a través de periódicos, emisoras de radio, o editoriales, hoy vemos cotidianamente gente que logra saltarse esas jerarquía a través de las redes sociales. Sé que esta admiración naif por el mundo de internet es muy 2007, pero de nuevo, estamos hablando de algo que ha pasado en menos de veinte años.

 

Mi sensación es que todo esto reposa sobre una serie de reglas que hacemos cumplir de forma descentralizada (con tuits, o post como este), como las que gestionan la atribución de autoría. Soy consciente de que en España los plagios son algo que vemos como un hecho folklórico de nuestra cultura. Tal vez por deformación profesional tengo bastante poca paciencia con este tema. Por eso me ha enfadado bastante lo que relata Jaime Altozano (JA) sobre un programa de  radio Ramón Gener haya copiado y presentado como suyo el contenido de varios vídeos que JA había colgado gratuitamente en internet. Para mí, que esto sea aceptado socialmente ( especialmente en una radio que recibe subvenciones públicas) es algo que dice bastante poco del país en que vivimos.