Internacional

Una derogación de pandereta

28 Jul, 2017 - - @egocrata

Los republicanos en el senado hicieron público el texto del “skinny repeal”, su último intento para derogar la reforma de la sanidad de Obama, a las 10 de la noche del jueves. Ocho páginas en lenguaje jurídico incomprensible (no exagero – intentad leerlo) para una ley que tendrá un impacto directo sobre una sexta parte de la economía del país.

El skinny repeal es cualquier cosa menos inofensivo. Eliminaría el mandato individual, la obligación de contratar seguro médico para evitar pagar una multa, algo que destruiría el mercado por completo. Dado que las aseguradoras no pueden denegar cobertura si estás enfermo ahora mismo bajo la ACA (y el senado no puede derogar esa regulación por mayoría simple), nadie tendría ningún incentivo para asegurarse hasta no sufra alguna desgracia, enviando el mercado hacia el caos. Si este texto entrara en vigor, el año que viene 15 millones de personas se quedarían sin seguro médico, y las primas en el mercado individual subirían un 20%, según un análisis de la CBO. Las asociaciones de médicos, pacientes, aseguradoras, pediatras, jubilados, minusválidos y básicamente cualquiera que ha visto un hospital alguna vez está en contra.

Al GOP le importaba un comino.  La idea era votar a medianoche.

No voy a repetir la “estrategia”, por llamarla de algún modo, que los republicanos estaban siguiendo. No ha cambiado demasiado. Durante todo el día hemos visto a senadores republicanos (McCain incluido) pidiendo garantías a Paul Ryan y la cámara de representantes para que no sometan a votación el texto salido del senado como condición necesaria para que ellos puedan votar a favor. El speaker les ha dado garantías de aquella manera, reservándose el derecho a que la cámara baja adopte el plan salido del senado si las negociaciones fracasan.

El texto a votación, por lo tanto, era casi lo de menos. Todo el circo ha acabado en un lamentable espectáculo en que el senado pide a Paul Ryan que prometa un desarme unilateral en las negociaciones posteriores en conferencia entre las dos cámaras, y los líderes de la cámara de representantes seguramente hasta las narices que sus colegas sean incapaces de redactar nada decente.

Ha llegado la hora de votar y… pifia con el mayal, otra vez. En el último momento, todo este teatro del absurdo ha acabado con los nervios de John McCain. Para sorpresa de muchos (servidor incluido), el veterano senador de Arizona ha votado no. Ha sido pasada la una de la mañana, tras casi una hora de frenéticos intentos de convencer alguno de los senadores rebeldes.  51 votos en contra, 49 a favor, con Collins, Murkovski y McCain votando en contra de su partido. La enmienda a la totalidad fracasa, la derogación de la Affordable Care Act sigue sin tener los votos necesarios.

Me mofé de su discurso del martes en el artículo de ayer. McCain tiene una larga tradición de hablar rebelde y votar conservador; muchos esperábamos que hiciera lo mismo esta vez. No sé si será su jubilación inminente, su diagnóstico de un tumor cerebral, las llamadas insistentes del gobernador de su estado pidiendo que votara en contra, su sentido de la decencia o que simplemente en el fondo es un buen tipo, pero ha votado en contra.

¿Qué sucederá ahora? Nadie sabe nada. Es muy, muy inusual que una enmienda del líder de la cámara se estrelle; es aún más inusual que lo haga en una ley siendo tramitada vía reconciliation. McConnell, o alguno de sus letrados, seguramente tiene un plan B para mantener la ley con vida, enviándola a tramitación en comité o algo por el estilo. Esta ley ha muerto seis o siete veces ya, sólo para ser resucitada utilizando algún método extraño días o semanas después.

La ACA sigue en vigor, por ahora. Pero dudo que los republicanos se rindan.

Nota final: a las 12:30 pm, tenía dos borradores de este artículo escritos, uno con pifia, otro con McConnell sacando la ley adelante. Mi primera impresión es que tenían los votos para sacarla adelante. Parece que me equivoqué.