Política

Otro acuerdo de investidura: notas rápidas

29 Ago, 2016 - - @egocrata

Este fin de semana Ciudadanos ha firmado otro acuerdo de investidura, esta vez con el PP. El partido ya ha estado ahí antes, obviamente; en un escenario político donde puede gobernar sin acuerdos son la formación que de momento parece más cómoda buscándolos. Como sucedió hace unos meses, el pacto no suma por el momento suficientes apoyos como para que acabemos con un gobierno en Moncloa, así que el documento puede ser otro brindis al sol.

Esto no quiere decir, no obstante, que estemos ante un texto simbólico y potencialmente inútil. Para empezar el tópico que los políticos mienten en sus programas electorales es erróneo. Hay un nutrido volumen de evidencia empírica en muchos países (incluyendo España) que señala que los políticos realmente hacen un esfuerzo para cumplir lo prometido. Este conjunto de medidas pactadas, por tanto, es una buena guía de lo que deberíamos esperar de un gobierno del PP con apoyo parlamentario de Ciudadanos, del mismo modo que el anterior pacto con el PSOE era un buen indicador de lo que hubiera sido uno con los socialistas. Segundo, el acuerdo debería ser un buen indicador del universo de políticas públicas posibles en España durante los próximos tres años, especialmente si nos fijamos en las coincidencias con el pacto fallido de la anterior legislatura. Tercero, y no menos importante, me da un motivo para hablar de políticas públicas en vez de postureo político irrelevante, algo que siempre es bienvenido.

Empecemos por lo más obvio: el «ganador» en estas negociaciones ha sido Ciudadanos. Basta una lectura rápida del acuerdo para darse cuenta que el partido de Rivera ha impuesto gran parte de su programa electoral al PP, especialmente en el apartado económico. Aunque es una victoria importante, es un poco menos meritoria de lo que parece. El PP se presentó a las elecciones con un programa económico muy poco detallado, lleno de medidas de poco calado y de impacto muy limitado (algunas casi cómicas, como aún más exenciones para fomentar contratos). En este aspecto Ciudadanos está en gran medida llenando un conjunto vacío, respetando las escasas ideas medio inspiradas (como la mochila austríaca, también en el programa de Ciudadanos) del PP en el proceso.

Esto se repite en otros ámbitos del acuerdo, como muchas de las reformas institucionales. El PP tenía un programa excepcionalmente miope sobre las causas de la corrupción en España (nunca mencionan la discrecionalidad y politización de la administración, por ejemplo), así que de nuevo son las prioridades de Ciudadanos las que aparecen en el acuerdo, aunque con lagunas importantes. En materia social la medida más importante es el complemento salarial, una idea estupenda, tremendamente redistributiva y de la que he hablado otras veces, y es algo también salido del lado de Rivera, no de Rajoy. También lo vemos en el lado fiscal, y en otros detalles, aquí y allá, por todo el texto pactado.

Esto hace que el acuerdo en su conjunto sea parecido en muchas secciones al que firmaron Ciudadanos y PSOE hace unos meses; nuestro peculiar caballo de batalla, el mercado laboral, es casi un ejercicio de copia y pega entre los dos acuerdos. Rivera no exagera cuando dice que dos tercios de este pacto son cosas que los socialistas ya han firmado.  Las diferencias, sin embargo, son importantes, y son a menudo en temas muy relevantes.

El más claro, de lejos, es el apartado territorial. Aunque socialistas y Ciudadanos en ese aspecto dejaron muchas cosas abiertas y bastante ambigüedad, las propuestas de reforma eran claramente federales. El acuerdo con el PP habla de reformas mucho más limitadas, utilizando su tono rancio habitual al hablar de las autonomías y la unidad de España. Muchas de las reformas institucionales, en general, tienen un nivel de detalle muy inferior en el pacto con Rajoy. El acuerdo con el PSOE, por ejemplo, tenía varias páginas sobre cambios específicos en el funcionamiento de las cortes, cosa que el PP deja de lado. Esta falta de concreción se extiende a otros ámbitos, algunos secundarios (siempre me ha hecho gracia que alguien en la última negociación decidiera que era importante incluir regular endowments para mecenazgo), en otros bastante importantes (educación).

De forma poco sorprendente, el acuerdo con el PP está muy lejos del firmado con el PSOE en materia social. Parte de niveles de gasto considerablemente inferiores, incluye menos provisiones para pagarlas (hay bastante magia de «combatir fraude» en el lado fiscal) y no mencionan en absoluto cosas como igualdad salarial, negociación colectiva o muchas políticas de conciliación familiar.

Nada de esto debería sorprender a nadie: es un texto acordado entre dos partidos de centro-derecha, con Ciudadanos siendo más moderado, y el PP con menos ganas de cambiar. En agregado es un acuerdo conservador pero no insensato: es lo que uno esperaría de dos partidos en ese lado del espectro político que no estuvieran especialmente locos. No debería sorprender a nadie que las secciones que me parecen más flojas sean las que más han cambiado respecto al acuerdo con el PSOE.

¿Es un mal acuerdo? Depende. Desde el punto de vista de lo que necesita España para salir de la crisis, el texto incluye muchas medidas de calado que de ser aprobadas sacarían a mucha gente de la pobreza. Desde el punto de vista de redistribución, lucha contra la pobreza e igualdad de oportunidades, es menos potente que el acuerdo con el PSOE, y dejará bastante gente atrás; simplemente no ven estos temas  como prioritarios. El único apartado realmente malo es el tema territorial, donde el PP insiste en su estrategia de no hacer nada, en vez de intentar solucionar el problema. Es lo suficiente torpe como para imposibilitar cualquier acuerdo con el PNV, demostrando otra vez que a Rajoy le importa poco hacer amigos incluso cuando los necesita.

Ahora falta por ver, claro está, si este acuerdo acaba en algo más que en una investidura fallida. Donde este acuerdo y el de la pasada legislatura coinciden son las áreas que ha redactado Ciudadanos; las prioridades del PSOE son los apartados que más ha cambiado. Si no hay concesiones significativas en algún aspecto (especialmente en materia autonómica o social) hay cosas que los socialistas no pueden firmar sin suicidarse electoralmente en Cataluña, o dejarse masacrar por Podemos.

Si Rajoy realmente quisiera gobernar, o si se estuviera tomando esto medio en serio, debería abrir la puerta a sacar algunas de las píldoras envenenadas para atraer al menos algunas abstenciones socialistas.  No es un pacto imposible, pero las áreas donde el PP ha sido más inflexible dan poco motivo para la esperanza.