Política

¡Gastemos más en políticos!

29 Jun, 2016 - - @egocrata

Las últimas elecciones nos han vuelto a dejar con un parlamento muy fragmentado. Sea quien sea el partido que logre formar gobierno (y suceda eso en esta legislatura o en la siguiente), el nuevo ejecutivo ya no podrá contar con el apoyo de una mayoría parlamentaria monolítica y obediente que hace del legislativo un lugar de trámite. Tendremos, casi seguro, un gobierno en minoría que deberá buscar apoyos de otros partidos para aprobar su agenda.

Como he comentado alguna vez, esto es una buena noticia. Los redactores de la constitución española diseñaron un sistema político con la premisa de que muy raramente un partido ganaría las elecciones por mayoría absoluta. Es por ese motivo que crearon un ejecutivo fuerte y difícil de derrocar, y es por ese motivo también que los contrapesos en el sistema de equilibrio de poderes parecen siempre asumir que gobierno y congreso tienen opiniones diferentes. La ley electoral, sin embargo,acabó por crear mayorías fuertes, dejando un sistema de partidos con ejecutivos hegemónicos que acababan operando como dictaduras electivas. La fragmentación parlamentaria actual permitirá que finalmente la constitución empiece a operar como fue diseñada, recuperando el papel de las cortes en el sistema.

Una de las ironías más persistentes en la ciencia política, sin embargo, es  que los legislativos en sistemas presidencialistas son mucho más poderosos que en sistemas parlamentarios. Si miramos cómo funcionan los sistemas políticos sen el resto de Europa vemos que incluso en sistemas pluripartidistas el ejecutivo sigue teniendo un papel preeminente: son los autores de la inmensa mayoría de proposiciones de ley, casi nunca pierden votaciones y tienen muchísima más capacidad para marcar la agenda.

Hay una variedad de motivos por lo que esto es así, que van desde la separación de electorados (el presidente se vota por separado) a la falta de disciplina de partido. La explicación da para otro artículo. Sin embargo, vale la pena recalcar una de las causas de la falta de poder del legislativo en sistemas parlamentarios: la abrumadora diferencia de medios entre gobierno y congreso.

Pensemos en un ejemplo práctico, la ley de presupuestos. Su redacción es un esfuerzo titánico que requiere el trabajo de miles de funcionarios en multitud de ministerios que deben evaluar y decidir cómo el estado va a gastar más de 400.000 millones euros. Esto requiere poder distribuir fondos a más de 500.000 empleados sólo en el gobierno central, y más de dos millones en el resto del país. Las cuentas públicas son redactadas invariablemente por el ejecutivo, ya que tiene un conocimiento mucho más exhaustivo que cualquier legislador sobre los recursos disponibles, y obviamente tiene un ejército de contables a su disposición para hacer cuadrar las cifras.

A efectos prácticos, el partido político que controla el ministerio de hacienda parte con una ventaja considerable al negociar las cuentas públicas. Por mucho que toda la información sea conocida, el ejecutivo tiene una horda de expertos capaces de descifrar cada línea. Los diputados que tramitan la legislación puedan preguntarles todo lo que quieran, pero a menudo no van a saber ni por dónde empezar.

Esta asimetría entre gobierno y congreso se repite de forma incluso más marcada en asuntos legislativos de carácter más técnico. Los presupuestos son enormes, por no son demasiado complejos; en el fondo, son un montón de sumas y restas. Cuando el parlamento debe tramitar cosas realmente complicadas como regulación bancaria, leyes sobre el sector energético o reformas educativas, la falta de acceso a expertos por parte del legislativo les coloca en aún más desventaja. Sencillamente, el gobierno tendrá una voz mucho más potente al redactar leyes.

Esta debilidad es hasta cierto punto inevitable, pero puede mitigarse de forma bastante sencilla: dando dinero al parlamento. Si queremos que los legisladores sean capaces de participar en el proceso de forma efectiva, lo que debemos hacer es dotarles de un servicio de estudios efectivo, un presupuesto amplio para que puedan contratar asesores y crear una oficina presupuestaria y oficina de análisis legislativo apartidistas y potentes. Es decir, gastar dinero para hacer que los políticos estén mejor equipados para fiscalizar, vigilar y trabajar con un ejecutivo con muchos más medios que ellos.

Ahora que los partidos están empezando a negociar formar gobierno, no estaría de más que incluyeran en su programa, aparte de una reforma de la ley electoral, una reforma del sistema parlamentario. Esto implica dotar a los políticos con más medios y asesores, algo que quizás no sea demasiado popular a corto plazo. Es, sin embargo, algo necesario para dotar al congreso de herramientas para hacer su trabajo de forma efectiva y conseguir mejorar el funcionamiento de las instituciones en España.

Dos notas finales. Como comenté en la charla sobre lobbies, los lobistas a menudo ejercen el papel de apoyo técnico para legisladores cuando se enfrentan a temas complejos. Para un lobista es mejor tener un parlamento con poco medios, ya que le da más capacidad de influencia.

Sobre el número de empleados públicos en España, no podemos olvidar que la mayoría de ellos son maestros de escuela (más de medio millón), policías, guardias urbanos y guardias civiles (casi 300.000) y médicos (casi medio millón). Las estadísticas de trabajadores públicos en España a veces hace que parezca que estamos muy por encima de la media europea, cuando en realidad la mayor parte de la diferencia viene de nuestro peculiar sistema de salud y el enorme número de policías . Los servicios públicos son por su propia naturaleza muy intensivos en mano de obra, así que necesariamente tenemos una cuenta de empleados grande.