Migraciones

Europa ante la crisis de refugiados: ¿Dónde están las soluciones en origen?

25 May, 2016 - - @maydeuO

La llamada crisis de refugiados está lejos de ser resuelta, ni en Europa ni tampoco allí donde realmente continúa y continuará esta crisis, Oriente Medio y centro y norte de África. La incapacidad manifiesta de los gobiernos europeos en dar una respuesta consensuada, conjunta y efectiva a los numerosos retos que se les ha abierto puede agravar aún más la crisis ya que sigue sin afrontarse de forma global las razones por la que millones de personas se han visto forzadas a desplazarse.

Hace unas semanas un artículo publicado por Joshua Goldstein y Steve Pinker defendía que vivimos en un mundo con menos conflictos y violencia de las últimas décadas y que la excepcionalidad de Siria no debe hacer que desviemos la atención sobre esta premisa. En 2005 el número de desplazados y refugiados en el mundo era de 37,5 millones de personas, pero en 2014 esta cifra aumentó hasta los  59,5 millones. ¿Seguro que vivimos en un mundo con menos violencia? ¿La crisis de refugiados actual responde a esta lógica defendida por Goldstein y Pinker de menos conflictos y violencia? Es cierto que la tipologia de conflictos armados ha evolucionado en las últimas tres décadas y nos enfrentamos a un modelo de conflictos de, salvo excepciones, menor intensidad. Pero no es menos cierto que la violencia generada en más de 15 crisis y conflictos en Oriente Medio y África Central ha provocado un volumen importante de refugiados y desplazados en los últimos 10 años. Según el último informe del IDMC solo en 2015 ha habido 8,6 millones de nuevos desplazados internos por conflicto y violencia en el mundo, y ha alcanzado la cifra récord de 40,8 millones, el doble que en la década de los 90.  Los conflictos de Yemen, Nigeria, Irak, Sudán del Sur o República Democrática del Congo han generado 4,8 millones de nuevos desplazados internos en 2015, sin contar refugiados. ¿Seguro que Siria es la única excepcionalidad? Los modelos de conflictos y guerras habrán evolucionado, pero la violencia sigue afectando con igual o mayor intensidad a la población civil. Ahora Europa recibe el impacto directo de esta realidad.

Es necesario realizar una fotografía general de esta situación para responder parcialmente el por qué de esta crisis, ya que sin un diagnóstico acertado no sólo no podremos afrontar lo retos más inmediatos, sino tampoco los de medio y largo plazo. Poner las bases para evitar futuras crisis y actuar para mitigar la actual. En este diagnóstico es básico radiografiar el trabajo que realiza Naciones Unidas (ONU) sobre el terreno para poder dimensionar el alcance real de esta crisis, y analizar el dónde. Sin ello será imposible dar una respuesta acertada a los desafíos que se abran. Actualmente la ONU trabaja a la vez en cuatro grandes emergencias humanitarias de máximo nivel (L3): Sudán del Sur, Yemen, Iraq y Siria. Nunca anteriormente se había producido esta situación. Conflictos que generan millones de refugiados y desplazados internos, y territorios que acogen paralelamente refugiados de otras crisis vecinas. Aparte de estas cuatro emergencias la ONU trabaja en otras emergencias abiertas. Son de menor dimensión, pero igualmente preocupantes. Por enumerar alguna de las principales en las que interviene tenemos las emergencias del Sahel, Nigeria, Cuerno de África, República Centroafricana, BurundioRepública Democrática del Congo. En todas ellas también hay refugiados y desplazados, con mayor o menor intensidad. Solo en el Centro de África hay cerca de 15 millones de desplazados y refugiados. En todas estas emergencias la ONU no ha contado con los fondos necesarios para poder cubrir sus operaciones, es decir, poder atender con garantías a los millones de personas que han huido de sus hogares.

Este hecho no es nuevo de este año, ni tan siquiera de 2015. Es una situación que se viene denunciando desde hace años, y las llamadas continuas para recaudar fondos y atender las numerosas emergencia humanitarias generadas por conflictos y crisis han caído en el olvido. La crisis humanitaria en Siria, sólo ha recaudado un 28% de los fondos necesarios hasta la fecha. ¿Por qué la mayoría de crisis humanitarias actuales no dispone de los fondos necesarios para ser atendidas? Obviamente atendiendo las necesidades básicas de desplazados y refugiados no se resuelve por sí sola la crisis, pero es un primer paso fundamental para afrontarla. Mientras esta realidad en origen sucedía en España (y Europa) el debate público instalado  ha estado principalmente enfocado a cómo debía gestionarse la misma en Europa y a profundizar muy poco en el origen de la misma, a responder el por qué y el dónde.

Las decisiones políticas tomadas durante estos meses para hacer frente a esta crisis también han seguido el mismo esquema, buscando dar una respuesta en Europa a una problemática que por contra tenía muy poco de europea. Este diagnóstico ha estado acompañado habitualmente por argumentos de nuestra clase política, nacional y europea, a favor de dar una respuesta en Oriente Medio y África a la crisis, al origen del todo. No obstante estas propuestas pueden contarse con los dedos de una mano y han estado principalmente dirigidas a aumentar los fondos destinados a la ayuda y asistencia humanitaria que diferentes organismos internacionales y gobiernos proporcionan a un número importante de refugiados, y que a la par sabemos que son insuficientes.

No parece que Europa haya previsto intervenciones de mayor envergadura. A duras penas se ha abierto otros debates, enfocados a dar una respuesta política, de defensa, seguridad o de exteriores a las diferentes crisis abiertas en Oriente Medio y África. La mayoría de procesos de resolución de conflictos abiertos en alguna de las crisis actuales son fruto de procesos anteriores a la actual crisis de refugiados en Europa. Tampoco se han abierto debates asociados a la aplicación de alguno de los instrumentos que ofrece el actual derecho internacional humanitario (otro día podemos discutir si debemos actualizar el actual DIH), como pudieran ser el establecimiento de zonas de seguridad para proteger a la población civil, debate que si ha abierto Turquía (y aplicado) en Siria con consecuencias nefastas para la población civil siria. Incluso en el diagnóstico estamos dirigiendo nuestra atención a lo que sucede en Siria (llegando tarde y mal), dejando de lado un análisis aterrizado y con perspectiva general que nos permita afrontar la naturaleza de esta crisis. Es de refugiados si, pero no sólo de refugiados sirios. Es una crisis de gestión, pero también de ausencias, en resolución de conflictos y, especialmente, de asistencia humanitaria.

También se ha pretendido minimizar el alcance de esta crisis buscando la confusión deliberada en el debate público europeo, en el discurso público, hablando de migración económica en vez de forzada, focalizando la urgencia en Siria y minusvalorando el resto de conflictos y emergencias que la agudizan. La realidad, tozuda ella, es otra. La que nos ofrece el análisis de los datos ofrecidos por  ACNUR, en las que se recoge el origen de las personas que durante estos tres últimos años ha llegado a Europa. Sería absurdo negar la dimensión nacional, regional e internacional de la crisis humanitaria siria, la mayor crisis humanitaria internacional actual. Sería equivocado no tener en consideración el resto de emergencias humanitarias existentes. Si no se actúa sobre este análisis las medidas de contención que ha tomado Europa tendrán una doble impacto negativo. A nivel interno porque son medidas que resultarán ineficientes para evitar la llegada de miles de personas a Europa. El Mediterráneo no puede cerrarse. A nivel externo porque la dejadez internacional aumentará la inestabilidad en  Oriente Medio y Norte y Centro de África, generándose nuevas dinámicas que fuercen mayores desplazamientos de población.

Para evitar que las personas no se desplacen es necesario que como mínimo se den dos condicionantes: se asegure su seguridad y su asistencia humanitaria. En todas estas emergencias estas dos condiciones no se cumplen. Consecuencia, la gente sigue desplazándose. En una época de desplazamientos masivos sin precedentes necesitamos una respuesta humanitaria también sin precedentes, que apueste por la protección de las personas que huyen del conflicto y la violencia. Es cierto que la Unión Europea y los principales gobiernos europeos son uno de los principales donantes de ayuda humanitaria del mundo, pero no es suficiente para atender las numerosas crisis abiertas. La apuesta por la contención, reflejado en el acuerdo UE-Turquía, en el incumplimiento de los acuerdos alcanzados en el seno del Consejo Europeo, o en  la ausencia de un operativo naval de rescate europeo en el Mediterráneo, por poner alguno de los ejemplos, choca frontalmente con los hechos en origen. Una nueva batalla política está a punto de abrirse, y se llama Libia. Voces que reclaman un acuerdo similar al turco con el nuevo gobierno libio para evitar la llegada a Italia de miles de personas que huyen de la violencia.

La decisión de externalizar nuestra propia responsabilidad en la gestión de esta crisis puede hacer descarrilar el frágil escenario político libio, inmerso en su propio proceso de transición democrática en un escenario de post conflicto. Mientras una gran mayoría de gobiernos europeos ha apostado por la contención, una parte importante de la sociedad europea reivindica otras políticas con la mirada puesta en Europa pero, también, en origen. Queremos cerrar un mar que no puede ser cerrado. Queremos que otros hagan por nosotros lo que no hacemos. Sin dar una respuesta política en Europa, en el Mediterráneo y en África y Oriente Medio no podrá afrontarse con garantías esta crisis de refugiados. Una política basada en parches no es la solución que necesita esta crisis.