Educación

A vueltas con la condicionalidad

26 Abr, 2016 - - @octavio_medina

Desde que en los 90 se lanzara el programa PROGRESA en México (del que hemos hablado en otras ocasiones), los programas de transferencias condicionadas (o conditional cash transfers en inglés) se han difundido, primero en Latinoamérica y después en el resto del mundo. En el ámbito de la educación, los programas generalmente pasan por entregar una suma de dinero a una familia a cambio de que lleve a sus niños a clase. Los métodos de verificación van de lo más sencillo –una cartilla firmada o sellada por los profesores– a sistemas electrónicos como el que se utiliza en Bolsa Família en Brasil.

Pero, ¿y si el éxito de estos programas no estuviera ligado a la condicionalidad? No es un tema menor porque las condiciones pueden aumentar sustancialmente el coste de los programas (sin ir más lejos, los costes de focalización y condicionalidad de PROGRESA constituían el 60% del total). Encontrar formas de quitar condiciones sin reducir la efectividad del programa nos permitiría expandir programas existentes con poco esfuerzo presupuestario.

Hace unos años en Marruecos probaron un programa algo más flexible de lo habitual. Como en otros casos de CCTs para mejorar la cobertura del sistema educativo, la transferencia se realizó a familias con niños de entre 6 y 15 años, y la idea era aumentar la escolarización primaria de los niños en áreas pobres del país –en el ensayo piloto se implementó en 320 distritos escolares aleatorizados-.  La transferencia de renta era relativamente modesta comparada con otros programas (alrededor del 5% de los gastos anuales de una familia; puede parecer mucho pero en otros programas se puede llegar a más del 15%).

La principal diferencia entre este programa y el resto fue la (ausencia de) condiciones. Los autores lo llaman un LCT (Labeled Cash Transfer en vez de CCT), y consiste en entregar una suma de dinero a cada familia, pero sin atarlo a ningún tipo de condición. El principal factor que lo hace labeled es el diseño del programa y la forma en que se publicitó. Los responsables del programa hicieron hincapié en que se trata de una transferencia para invertir en la educación de los niños, y se le explicó como tal a los padres y madres. Es más, aunque no fueran condicionadas a la asistencia escolar, las transferencias se gestionaban y entregaban a la familias en las propias escuelas. Para evaluar las diferencias entre un CCT y un LCT, los investigadores también separaron a otro grupo de tratamiento que sí estuvo sujeto a las condiciones de asistencia.

tayssir

En la figura anterior podéis ver que el programa tuvo bastante éxito a la hora de reducir el abandono escolar (si bien el impacto  es heterogéneo dependiendo de la causa). Por ejemplo, la fracción de niños y niñas que dejaban de ir a la escuela porque tenían que ayudar en casa se redujo en 10 puntos porcentuales, mientras que la fracción que dejaba de ir por voluntad propia se redujo casi 15 puntos porcentuales (!).

Pero lo más curioso no se puede ver en la gráfica –que considera todos los grupos de tratamiento agregados–. La principal sorpresa del programa es que apenas hubo diferencias entre entregar una transferencia condicionada y que no fuera condicionada. El efecto sobre el abandono escolar fue similar. El programa sin condiciones aumentó la asistencia a clase 7,4 puntos porcentuales, mientras que en el caso del programa condicional el aumento fue de 5,4 puntos. Es decir, al menos en este caso, el añadir condiciones a las familias para que recibieran el subsidio no supuso mejores resultados sino lo contrario. El entregar la transferencia a los padres en vez de a las madres (que supone otro cambio con respecto a programas anteriores) tampoco tuvo un efecto significativo.

tabla1

La interpretación de los autores es que el éxito del programa se debe al endorsement effect (efecto aprobación). El que el gobierno lanzara un programa con el objetivo específico de reducir el abandono escolar provocó que las familias revisaran sustancialmente al alza su percepción del valor de que sus hijos acabaran la primaria. De hecho se observó que los padres que recibieron el programa comenzaron a valorar significativamente más la calidad de las escuelas a las que iban sus niños (a pesar de que el programa no incluía ningún tipo de intervención para mejorar la calidad).

La pregunta que queda en el aire es bajo qué condiciones funcionan las condiciones (valga la redundancia), y cuándo es posible ignorarlas (con el ahorro que ello supone). El experimento marroquí sugiere que a veces un nudge (pequeño empujón) es suficiente, mientras que un shove (empujón) puede llegar a ser contraproducente. Cómo de extrapolable es a otros casos está por ver. Es un programa pequeño y habrá que esperar a que se pruebe en otros contextos. En cualquier caso, es un ejemplo más de que a menudo la mejor política para reducir la pobreza es entregar dinero, sin mayor requerimiento, a las familias pobres.