Educación

20D: Las propuestas educativas

18 Dic, 2015 - - @octavio_medina

Como ya hemos hecho para otras áreas, (y ya que estamos a dos días de las elecciones) vamos a dar un breve repaso a los programas de educación de los cuatro partidos que a día de hoy (parece) más probabilidad tienen de afectar la política educativa (PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos). Me voy a centrar únicamente en los programas de básica, porque las propuestas para FP y universidades se merecen su propio comentario. Además intentaré centrarme en tres áreas que creo que complementan a las que ya mencionó Antonio Cabrales en su estupenda entrada de hace una semana:

Los programas respectivos se pueden leer aquí: PP, PSOE, Podemos, Ciudadanos.

Abandono y repetición

Comencemos con uno de los principales problemas de la educación en España: el ciclo repetición-fracaso-abandono escolar. La buena noticia es que parece existir un consenso creciente sobre el problema, lo cual es estupendo. A pesar de que se ha avanzado mucho en la bajada del abandono escolar desde el comienzo de la crisis (en 2009 estábamos encima del 30% y parece que acabaremos 2015 por debajo del 20%), seguimos siendo líderes en Europa. Prácticamente todos los partidos lo incluyen en el diagnóstico. El PP reconoce que “las elevadas tasas de abandono educativo temprano son un fracaso de nuestro sistema educativo” aunque también insinúa que la bajada reciente es gracias a la acción del Gobierno (a falta de definir la causalidad, lo que está claro es que comenzó a bajar antes de 2011).

El programa de Ciudadanos le dedica bastante espacio (el que más, de hecho) al fracaso escolar, y además apunta a algo clave: la importancia de la detección temprana de problemas y necesidades especiales, y el rol de las tutorías a la hora de reducir el abandono escolar. El PP también menciona que mejorarán “las pruebas de detección precoz de dificultades,” aunque no queda claro a qué se refieren (ni cuáles existen en la actualidad, francamente). No hay mención de tutorías, por ejemplo.

El caso de Podemos es bastante insólito. No hay mención alguna en el programa (os pido que por favor me corrijáis si me equivoco) ni de la repetición, ni del abandono, ni del fracaso escolar.

El PSOE habla de reforzar los sistemas “preventivos” contra el fracaso escolar, lo cual es positivo (aunque es en una sección genérica donde también habla de muchas otras cosas como la precariedad o la enfermedad). También insiste en la importancia de la desigualdad, por ejemplo “la concentración del fracaso escolar en los niños pertenecientes a familias de rentas más bajas” y la necesidad de remediarlo. Hay mención de “reducir el abandono prematuro,” pero también falta concreción. No hay mención de mecanismos claros de atención individualizada o tutorías, por ejemplo.

También es costumbre de Politikon el insistir en que la repetición es una medida tremendamente ineficaz y costosa. En España tenemos tasas de repetición a los 15 años que casi triplican a las de la OCDE (35% vs 13%). Además, la incidencia es muy desigual. Los alumnos del cuartil más bajo en el índice socioeconómico de PISA tienen una probabilidad de repetir más de tres veces mayor que sus compañeros del cuartil más alto, aunque tengan el mismo nivel de competencias medido por PISA.

Por ello, cualquier reconocimiento de que esto supone un problema será más que bienvenido. Por desgracia, la repetición es la gran ausente en los programas tanto del PP como del PSOE y Podemos. Solo Ciudadanos habla de “reducir drásticamente las tasas de repetición,” y reconoce que la repetición es a menudo el primer paso en el proceso que lleva al fracaso y al abandono escolar. En este punto son los únicos que diagnostican el problema y enfatizan su magnitud.

Evaluación y rendición de cuentas

En evaluación también hay bastantes avances, algunos mejores que otros. El PP, por ejemplo, habla de fortalecer “la autonomía de los centros, que ha de ir acompañada de sistemas de evaluación y gestión eficiente de los recursos.” Esto a priori es positivo, ya que como ha apuntado Antonio Cabrales en su entrada, el éxito de la autonomía está ligado a la presencia de mecanismos de rendición de cuentas. Sin embargo, el diseño de dichos mecanismos es clave. SI estamos hablando de utilizar resultados para fomentar la competencia entre centros (como se anunciaba en el programa previo, y como se intuía en la LOMCE), yo tiendo a ser bastante escéptico con respecto a su efectividad. Coincido con la OCDE en la necesidad de ver la evaluación como una forma de identificar qué falla pero sobre todo de mejorar las prácticas docentes. Un enfoque que se centre demasiado en resultados de pruebas (digamos, a través de la utilización de medidas de valor añadido) corre el peligro de desviar la atención, y de no ser efectivo. Tenemos evidencia de Chile que sugiere que los padres no reaccionan a la información sobre valor añadido (lo cual elaboramos un poco más abajo, en el párrafo sobre Ciudadanos).

En ese sentido, me gustó que el PSOE mencione que promoverá “una evaluación sistemática y global de la educación,” sobre todo que se evaluarán también no “solo el alumnado sino también el profesorado, los centros, el currículum y la planificación y gestión de los recursos que son responsabilidad de las Administraciones educativas, tanto del Estado como de las Comunidades Autónomas.” Falta el ver qué uso se le dará a esta información, y de qué clase de mecanismos de evaluación (e incentivos) estamos hablando. Como siempre, el diablo está en los detalles.

Con respecto a Ciudadanos, me voy a limitar a mencionar lo que ya dijimos en el análisis de su propuesta educativa que hice con Lucas. Hay un claro énfasis en la evaluación, lo cual está muy bien, pero también debemos ser conscientes de los riesgos de cada mecanismo específico:

La propuesta de Ciudadanos hace hincapié en el papel de la evaluación, lo cual está en principio bien. Pero con la evaluación también se habla de autonomía (curricular), e incentivos a través de medidas de valor añadido de docentes y centros como mecanismo de rendición de cuentas. Conviene ser muy cuidadoso a la hora de introducir incentivos monetarios (llamémoslo extrínsecos) a trabajadores, porque a menudo se corre el peligro de crowding out de la motivación intrínseca. Esto es especialmente relevante en profesiones con un alto nivel de vocación (como la medicina o la docencia). Manuel Bagüés habló de este tema hace un par de años.

A nivel de centro, la idea es que calcular (y publicitar) el valor añadido de una escuela contribuye a aumentar la demanda de sus servicios si es buena, premiándola frente a otros colegios peores. El problema es que según la evidencia (y aún queda por investigar) los padres no parecen reaccionar ante las medidas de valor añadido. Mizala y Urquiola estudian el caso chileno para concluir que no hay efecto ni sobre matrícula (cantidad demandada), ni sobre tasa escolar (precio). Otro problema asociado a los rankings por valor añadido es el del ruido estadístico, también señalado por Urquiola. Las subidas y bajadas en notas medias de un año a otro no tienen por qué estar asociadas a la efectividad del centro, lo cual puede socavar cualquier esquema de incentivos. Por otra parte, creemos que la confianza en los efectos de la libre elección de centro está infundada. Tanto la libre elección como los cheques escolares parecen tener efectos negativos en la equidad sin que haya evidencia internacional de que sea un sistema más eficiente.

 

Por su parte, Podemos sólo habla de evaluación en el contexto del Plan de Aprendizaje Integrado de Lenguas Extranjeras para “mejorar el aprendizaje y combatir la segregación social asociada al currículo diferenciado.” El tema de los efectos de equidad en la enseñanza de lenguas extranjeras es muy relevante y está bien que se mencione. No es lo mismo la enseñanza bilingüe en un contexto donde hay sistemas de detección temprana de necesidades de refuerzo que en uno donde no hay redes de apoyo y atención diferenciada. Sin embargo, es algo raro que la única mención de sistemas de evaluación sea esta, porque además es bastante detallada. Se habla de realizar” un diagnóstico y evaluación de la situación actual,” y de “programas piloto en diversos centros” que posteriormente serán sometidos a evaluación. Todo esto es fantástico, la gran pregunta es ¿por qué no extender el espíritu al resto del sistema educativo?

Coordinación e implementación: las eternas olvidadas

Desde Politikon siempre hemos insistido en que aprobar una ley y que salga el BOE es apenas el comienzo. Prácticamente todo el trabajo está en la implementación. Por desgracia en España nos encanta el activismo legislativo, en especial en el ámbito de la educación. Ciudadanos hace gran hincapié en la necesidad de un Pacto Educativo, y el PSOE también lo menciona. Sin embargo, la gran pregunta es si será viable. Ángel Gabilondo lo intentó allá por 2011, pero la inminencia de las elecciones hizo que el PP se negara a participar (y que después aprobara su propia ley una vez hubo ganado las elecciones). Quizá el hecho de que hasta el PP defienda “la consecución de un Pacto Nacional por la Educación,” por muy paradójico que sea, sea síntoma de que hay espacio para ciertos consensos. Lo veremos después de Navidades.

En los programas también hay numerosas referencias a la necesidad de detener el activismo legislativo. Podemos menciona la necesidad de “poner fin a la inestabilidad del sistema educativo español que, en los últimos treinta y tres años, ha elaborado siete leyes distintas,” con lo cual no puedo estar más de acuerdo. Algo de lo que nos olvidamos a menudo es de que el sistema educativo en España tiene un sinfín de actores, y cualquier reforma educativa que aspire a ser efectiva (aunque esté aprobada por una mayoría abrumadora en el Congreso) tendrá que contar con la aquiescencia de la mayoría de ellos. La implementación de las reformas es mucho menos sexy que los titulares, pero muchísimo más importante. Por eso me pareció positivo que el PSOE mencione la necesidad de “fortalecer la cooperación entre las Comunidades Autónomas dotando a la Conferencia Sectorial de Educación de una mayor capacidad operativa,” y también de utilizar los Programas de Cooperación Territorial como “instrumentos de política educativa que nos comprometan en la búsqueda de soluciones eficaces a problemas comunes.” Hay cierta evidencia de que utilizar los problemas como puntos focales incrementa la probabilidad de éxito de una reforma, aunque cuánto de esto será factible está por ver.

En el caso de Ciudadanos, prima la concreción sobre el cómo implementar algunas políticas (lo cual se agradece), pero a la vez no deja claro el cómo va a gestionar la economía política de las reformas más complicadas (por ejemplo, se critica el “enfoque garantista” de la situación laboral de los maestros que hace más difícil que sean cesados). Podemos, por su parte, hace exactamente lo contrario: enfoca su programa en los procesos (“Apoyaremos que el consejo escolar —máximo órgano de gobierno en cada centro— sea quien elija al director o directora del centro”), no en las políticas en sí. Las menciones a la participación de toda la comunidad educativa son numerosas, al igual que el énfasis en democratizar las aulas. Sin embargo, el objeto de todo esto no queda muy claro. Un equilibrio entre ambos extremos habría sido positivo.

Conclusión

A pesar de los pesares, parece haber un consenso creciente en nuestro país sobre problemas clave como el de la repetición-fracaso-abandono escolar, lo cual en sí mismo ya es un avance muy sustancial. A pesar de que la mayoría de los programas no son muy concretos en las medidas propuestas (en esto Cs es quizá la excepción), sí que existe un énfasis en la importancia de tomarse la educación en serio (el que el PP esté proponiendo un Pacto ya de por sí es un tanto insólito, más allá de que se cumpla o no), y detener de una vez por todas la tendencia al activismo legislativo. El que esto vaya a tener su reflejo en una política educativa más a largo plazo durante esta legislatura, dada la previsible fragmentación del Congreso, está por ver.