Política

Primary Colors (VIII): el fin del principio

16 Oct, 2015 - - @egocrata

Los caucus de Iowa tendrán lugar el uno de febrero del 2016, de aquí 107 días.  Con los días tontos del verano empezando a quedar atrás, y algunos candidatos abandonando la carrera, los estados que tienen la suerte o la desgracia de acoger las primeras votaciones empiezan a sufrir el inevitable bombardeo publicitario (1).

Por desgracia, llevo tiempo sin escribir sobre las primarias de uno y otro partido, hasta el punto de haber dejado escapar no uno sino dos debates de candidatos. Me parece que es hora de hacer un pequeño repaso al estado de las encuestas y candidaturas a estas alturas, ahora que empieza la recta final de la campaña. Veamos.

El partido demócrata

La noticia más importante en el bando demócrata es la ausencia de noticias, por mucho que los periodistas anden obsesionados en intentar darle emoción al asunto. Aunque Bernie Sanders está recaudando cantidades considerables de dinero, manteniendo una presencia constante en redes sociales y atrayendo multitudes a muchos de sus eventos, lo cierto es que sigue a una distancia planetaria de Hillary Clinton en las encuestas. Es cierto que el margen de Clinton se ha reducido en los últimos meses de unos insalvables treinta puntos a unos “modestos” veinte, pero la realidad es que su posición sigue siendo dominante.

El motivo: Bernie Sanders no es Barack Obama. Vaya por delante, Sanders me gusta muchísimo, a pesar que estoy a su izquierda en todo; es un político elocuente, honesto, con un discurso coherente, progresista y esperanzador. Tiene además un acento de Brooklyn tremendo, cosa que siempre ayuda. El problema es que Sanders es muy de izquierdas para ser un político en Estados Unidos, y es un tipo que se autodefine como socialista en un lugar donde la palabra aún produce ataques de pánico. Es también un viejete blanco de Vermont.

Obama fue capaz de competir con Hillary porque era un demócrata moderado (de hecho, estaba a la derecha de Clinton en muchos temas) increíblemente carismático que era competitivo en las primarias en los estados del sur gracias a su capacidad de aglutinar el voto negro. Sanders no es moderado, no es ni de lejos tan carismático como Obama (si no os lo creéis, repasad los videos de hace ocho años) y viene del estado más blanco de todo el país.

El debate de los candidatos demócratas del martes fue significativo. De los cinco candidatos, dos pasaron con más pena que gloria (Webb y Chaffee), otro demostró ser competente, pero sin destacar (O’Malley). El consenso fue que tanto Clinton como Sanders tuvieron una buena noche, con las redes sociales hablando todo excitadas sobre la victoria de Bernie, y los comentaristas en general dando la ventaja a Clinton. Las primeras encuestas por una vez parecen dar la razón a los expertos, con Clinton ganando cómodamente 55-22, y aumentando su apoyo en las primarias.

El motivo: simplemente, Clinton es muy buena en su trabajo. Es fácil olvidar, tras su fracaso del 2008, que sólo perdió porque se enfrentó a un político excepcional. Obama es probablemente el mayor talento político en Estados Unidos de los últimos 50 años, y tuvo la suerte de presentarse en medio de la peor crisis económica en décadas, en un país harto de guerras, ante una senadora que votó a favor de ellas. En el debate del martes todas virtudes de Hillary como candidata estuvieron en escena, desde su impecable preparación a su considerable carisma. Sanders es un político más directo, visceral y honesto, pero eso no basta para derrotar a alguien con la autoridad, control y disciplina de Clinton. El debate fue un recordatorio a los votantes demócratas que Hillary sigue siendo un político tremendo. Los moderados del partido, que son mayoría, no necesitan buscar una alternativa.

Simplemente, no hay suficientes socialistas en el partido para ganar unas primarias ante un moderado decente, y aún menos ante un buen candidato centrista. Por mucho que yo prefiera que gane Sanders, en ausencia de desastres Clinton tendrá la nominación atada en marzo.

El partido republicano

En el GOP las cosas siguen bastante más confusas, con los habituales tintes surrealistas. Donald Trump sigue liderando las encuestas con un 25-26% del voto. Es un porcentaje menor que hace unas semanas cuando andaba por encima del 30%, pero sigue siendo una cifra considerable en unas primarias con más de una decena de candidatos.

La mayoría de votos perdidos por Trump han ido, de forma casi inexplicable, a Ben Carson. Ya he dicho alguna vez que Carson es un tipo que no tiene la más mínima intención de ser presidente, y que está en este sarao para hacerse famoso y vender libros. El hombre ha demostrado en repetidas ocasiones no tener demasiada idea sobre políticas públicas, hasta el punto de no saber la diferencia entre el techo de la deuda y déficit. La falta de seriedad de Carson es tal que va a suspender su campaña durante lo que queda de octubre para hacer un tour promocional de su nuevo libro. Esta literalmente para vender libros, vaya.

No que eso importe a los votantes republicanos, de todos modos. El tipo va segundo en las encuestas, con 19% del voto.

La tercera en la discordia, al menos hasta hace unos días, era Carly Fiorina, la ex-CEO / equipo de demolición de HP. Tras un fantástico segundo debate, Fiorina llegó a atraer un 11-12% en las encuestas, hasta que los periodistas se pusieron a hablar de su glorioso pasado empresarial. Ahora anda cuarta, con un 8%.

El podio de los republicanos lo completa, ahora mismo, el que parece cada vez más la última esperanza del establishment republicano, Marco Rubio. El senador de Florida fue aclamado por los medios tras los dos debates, aunque sus actuaciones no parecieron darle demasiado movimiento ascendente en las encuestas. La implosión de otros candidatos “serios” (o en el caso de Scott Walker, su retirada del tablero) parecen haberle dado un poco de fuelle, y anda rozando el 10% del voto a nivel nacional. Los medios y el lado “institucional” del GOP están enamorados con Rubio estos días, y con un artículo tras otro diciendo que en vista del desastre del resto de moderados el tipo es el ganador natural de las primarias una vez la gente se canse de Trump. Aunque tiendo a pensar que esto tiene algo de cierto, la verdad creo que un “ganador natural” debería estar más cerca del líder, no quince puntos por detrás.

Del resto de candidatos, la historia más divertida es la de Jeb Bush. El problema de Jeb es que, a pesar de las esperanzas de los periodistas, es bastante mal candidato. Sus dos debates fueron entre mediocres y tristes, y sus apariciones, mítines y entrevistas de campaña son de las que hacen que Mariano Rajoy parezca Napoleón Bonaparte. El tipo anda quinto en los sondeos con un 7% del voto, empatado con el chiflado certificado que es Ted Cruz. Estos días han empezado a abundar noticias que los donantes que tanto habían confiado en él están empezando a pedir explicaciones, mientras que su campaña empieza a sufrir estrecheces económicas. Aún tiene tiempo de resucitar, pero por lo visto hasta ahora, no creo que tenga el talento para hacerlo.

Del resto, hay poco que hablar. John Kasich, el tipo más sensato en estas primarias (gobernador de Ohio) anda por el 3%, a pesar del aprecio mal disimulado de muchos periodistas. Rand Paul sigue demostrando que nunca será presidente, y anda clavado por debajo del 3% junto Huckabee, Christie, Santorum, Jindal, Graham y Pataki. Los más sensatos (Christie, Jindal, Graham) seguramente están pensando en retirarse pronto.

Mirando el calendario

Por mucho que se usen como referencia a menudo, las encuestas nacionales son menos importantes de lo que parecen. La supervivencia política de los candidatos depende mucho más del resultado que saquen en Iowa y New Hampshire que de su apoyo a nivel nacional. Un buen resultado en uno de estos estados es casi obligatorio para seguir en liza; un mal resultado, especialmente de uno de los favoritos, puede acabar con una campaña.

En Iowa, en el GOP las encuestas andan Trump-Fiorina-Carson-Rubio. Para los demócratas, Hillary ronda los diez puntos de ventaja en encuestas que incluyen a Biden (que seguramente no se presentará), con la distancia ampliándose sin el vicepresidente en la papeleta. En New Hampshire el orden para el GOP se mantiene, algo que casi definitivamente acabaría con la campaña de Bush. Sanders va por delante en este caso, pero parte con la ventaja de ser del estado vecino y su victoria es esperada. El estado clave para los demócratas es Carolina del Sur, las primeras primarias sureñas; ahí Clinton le saca 28 puntos incluso con Biden en la papeleta.

Encuestas inútiles

Los medios siguen haciendo encuestas con posibles enfrentamientos en las generales, una y otra vez. ¿Quién ganaría, Fiorina o Biden? ¿Carson o Sanders? ¿Clinton o Trump? Son divertimientos curiosos, pero podéis ignorarlas completamente. A estas alturas nadie está prestando demasiada atención a las presidenciales fuera de los frikis con bitácora y periodistas, así que los resultados son prácticamente aleatorios. Ben Carson está chiflado y sería masacrado en unas generales una vez los demócratas le empezaran a atizar hasta sacarle brillo, por mucho que en los sondeos ahora parezca el mejor candidato posible.

(1): Estos días ando por Nebraska, justo al lado de Iowa. La parte occidental del estado está en el mercado televisivo de Omaha. Las televisiones locales son un no parar de publicidad política ya ahora. No quiero saber lo que debe ser Des Moines en enero.