Economía

Competencias educativas en España: novedades

24 Sep, 2015 - y - @lucas_gortazar, @fernandosols,

En estos días de campaña y encendido debate pre-electoral, parece estar fuera de agenda hablar de problemas estructurales de nuestra economía y de políticas públicas. Lo intentaremos en esta entrada para hablar de educación y de trabajo, al hilo de un extenso informe publicado el martes por la OCDE, Una Estrategia de Competencias para España, que si bien aporta muchos datos ya conocidos, es realmente novedoso por su elaboración -fruto de una inusual colaboración entre ministerios y agentes sociales- y por el marco conceptual sobre el que se construye. A nadie se le escapa que entre los determinantes principales de la productividad, y por tanto del crecimiento a largo plazo de una economía, se encuentran el capital humano, los conocimientos y habilidades de sus ciudadanos y la capacidad que tienen éstos de aplicarlos en sus puestos de trabajo. Esto va más allá de un argumento puramente económico:, como muestran los datos de PIAAC (el examen de PISA para adultos), las personas con mayores habilidades numéricas y de comprensión lectora no solo tienen mejores salarios; también disfrutan de una salud mejor y son más propensos a participar plenamente en la vida de su comunidad. En dicho informe, las competencias o habilidades se analizan a lo largo de nuestro ciclo vital: desde que las desarrollamos, principalmente en nuestro periplo educativo, las “activamos” al encontrar un trabajo y hacemos un uso efectivo de ellas en nuestro desempeño laboral.

La educación es el motor de bienestar y el crecimiento, en un mundo indiferente a la tradición y la reputación pasada, comentaba un reconocido economista español al inicio de la crisis. La globalización y los avances tecnológicos están cambiando la estructura del mercado de trabajo, alterando las competencias y habilidades que serán necesarias para acceder a los trabajos del futuro. Los trabajos basados tareas repetitivas están siendo gradualmente desplazados por aquellos que requieren altas dosis de capacidad analítica y un alto nivel de competencias de lectoescritura y matemáticas. A pesar de nuestros graves problemas de funcionamiento del mercado laboral, sin una asimilación efectiva de esta realidad en las políticas públicas, corremos el riesgo de quedarnos con un sistema educativo y una educación laboral obsoletos, incapaces de adaptarse a las transformaciones sociales.

En materia de desarrollo de competencias, España se enfrenta a problemas complejos ya expuestos en este blog: unos resultados en PISA ligeramente por debajo de la media de la OCDE –con pocos alumnos en niveles altos y una alta dependencia del estatus socioeconómico-, el índice de fracaso escolar más alto de la Unión Europea –aunque mejorando significativamente en los últimos años-, una excesiva y creciente tasa de repetición de curso –costosa y no necesariamente asociada a mejores resultados- y un alto número de adultos con bajo nivel de competencias básicas. La OCDE advierte especialmente de la importancia de tener en cuenta a este último colectivo de adultos, cercano a los 7 millones de personas, que permanecerá en edad de trabajar por décadas y necesita de intervenciones específicas para mejorar su formación e incentivar su participación en el mercado laboral. España no cuenta con un sistema integrado para la formación adulta con la flexibilidad y el alcance necesario.

También hace la institución parisina una llamada a mejorar la calidad y la relevancia de la oferta universitaria, tras una década donde el número de españoles con estudios universitarios ha pasado de un 23% en el año 2000 a un 32% en 2012. Según muestran los datos de PIAAC (ver Gráfico 1), nuestros graduados universitarios parecen repetir el mismo patrón observado en PISA, con pocos alumnos con altos niveles de competencias. Con respecto a la relevancia del sistema, el informe insiste en la necesidad de una reforma de la gobernanza universitaria y los sistemas de contratación que genere incentivos a las universidades para que se especialicen y respondan a los cambios en las necesidades del mercado laboral.

GRÁFICO 1. Puntuación media en comprensión lectora de los titulados en estudios terciarios, población de 25 a 34 años y de 55 a 65 años, países seleccionados, PIAAC 2012

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Fuente: Cálculos de la OCDE basados en la Evaluación de Competencias de Adultos (PIAAC) (base de datos) de la OCDE (2012) www.oecd.org/site/piaac/surveyofadultskills.htm.

Por otro lado, los datos para España muestran que existen diferencias significativas entre los salarios medios de los estudiantes por área de conocimiento. Esto sugiere que el desajuste entre la oferta y la demanda educativa es real, si bien las tasas de empleo son similares (igual de bajas) en todas ellas. Muchos universitarios siguen encontrando dificultades para acceder al mercado laboral y cuando lo hacen, sigue siendo muchas veces en trabajos que no requieren esa cualificación. A pesar de esto, los datos muestran que el mercado laboral sigue valorando positivamente la tenencia de un título. Los graduados universitarios españoles ganan, en promedio, alrededor de un 60% más que los trabajadores con estudios secundarios. En España, estudiar una carrera sigue compensando, pero más en unas titulaciones que en otras (ver Gráfico 2), de modo que es necesario mejorar el acceso a la información sobre empleabilidad de títulos y centros universitarios.

GRÁFICO 2. Prima salarial de los titulados universitarios respecto a los titulados en secundario, por campo de estudios, 2006-2013

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Fuente: Cálculos de la OCDE basados en INE (2013), Encuesta de la Población Activa 2013, www.ine.es/dyngs/INEbase/es/operacion.htm?c=Estadistica_C&cid=1254736176918&menu=resultados&secc=1254736195128&idp=1254735976595.

En cuanto a políticas del lado de la demanda, el principal obstáculo a la “activación” de nuestras competencias es obviamente el desempleo. Sin trabajo, nuestras capacidades se deterioran y nuestra probabilidad de encontrar empleo se reduce. Además, los jóvenes pierden el interés por formarse pues son conscientes de las dificultades que pueden encontrar en el mercado laboral. La evolución histórica de nuestra tasa de paro, relativamente alta incluso en tiempos de bonanza, sugiere que nuestra rígida regulación laboral ha jugado un papel determinante, intensificando la destrucción de empleo y estableciendo en ocasiones barreras excesivas a la contratación. Es el mayor y más importante de nuestros problemas, pero no el único. Entre los que trabajan, una barrera importante al desarrollo de sus capacidades es la dualidad característica de nuestro mercado de trabajo. Los trabajadores con contrato temporal no solo disponen de menor seguridad económica y están más expuestos a los vaivenes de la economía; también tienen una menor probabilidad de recibir formación en la empresa. España tiene una de las tasas de temporalidad más altas de la OCDE y lo que es peor todavía, muchos de estos contratos acaban en una vía muerta y solo un 20% acaba convirtiéndose en indefinido (frente al 50% de media en la UE). Las disfunciones de nuestro mercado laboral afectan especialmente a los jóvenes, auténticos paganos de esta crisis, como muestra la caída del salario medio de un 35% en términos reales desde 2008. La transición al acabar a los estudios es especialmente dramática. Un joven español tarda más de 2 años de media en firmar un contrato y 6 años para que éste sea indefinido. Y muchos se quedan atrás. A los 4 años de acabar los estudios, el 20% de los jóvenes sigue en paro. La escasa oferta obliga a una cuarta parte de los jóvenes a aceptar trabajos a tiempo parcial. Y sí, como pueden adivinar, casi 3 de cada 4 contratos son temporales. Es cierto que se han tomado medidas para atajar el problema, como la implantación de la Garantía Juvenil, pero sigue siendo necesario establecer mecanismos de evaluación que eviten que se acaben subvencionando contratos que se hubieran creado de igual manera si no hubiera existido el subsidio. Además de todo esto, nuestro sistema fiscal también puede estar estableciendo significativas barreras a la contratación. La progresividad de nuestro IRPF (ver Gráfico 3) comienza relativamente pronto, creando desincentivos económicos entre los trabajadores con menores salarios a trabajar más, a mejorar su capacitación y a formalizar sus contratos.

GRÁFICO 3. Progresión de los tipos impositivos medios en el IRPF, en el tramo que va del 50-67% del salario medio, 2012

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Nota: Los datos corresponden a 2012. Este gráfico muestra la progresión general del tipo medio en el IRPF desde el 50 % del salario medio al 67 % del salario medio para contribuyentes solteros sin hijos.

Fuente: OCDE (2013c), Taxing Wages 2013, http://dx.doi.org/10.1787/tax_wages-2013-en 

Las políticas activas de empleo son una herramienta fundamental para poner en marcha las competencias de las personas en paro y han sido tradicionalmente una asignatura pendiente de nuestro país. Las reformas recientes que aumentan la competencia entre proveedores y el anunciado incremento presupuestario para 2016 son sin duda pasos en la dirección correcta, aunque sigue habiendo un amplio camino por recorrer. Un modelo de perfilado estadístico de los parados (para poder identificar los cuellos de botella y las vías rápidas al mercado laboral), un aumento de recursos de personal en el SEPE (Servicio Público de Empleo) para dar un asistencia individualizada, y una mayor exigencia que promueva una búsqueda de trabajo de manera activa son tareas muy urgentes. Relativamente pocos parados participan en actividades de formación (4% del total) y una parte demasiado pequeña de los fondos se dedica a este aspecto (ver Gráfico 4).

GRÁFICO 4. Gasto en políticas activas de empleo, en PPP, por cada personas inscrita en servicios de empleo

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Fuente: Commisión Europea (2015), “LMP expenditure”, base de datos Eurostat,
http://appsso.eurostat.ec.europa.eu/nui/show.do?dataset=lmp_ind_exp&lang=en, 2012 o últimos datos disponibles.

En resumen, el informe de la OCDE es novedoso tanto por su planteamiento (metodología colaborativa para su elaboración) como por sus conclusiones (nuevos datos de las competencias de los adultos en España). Destaca los problemas endémicos de nuestro sistema educativo, tanto en las etapas formales como durante la vida adulta. Además, explica por qué nuestro disfuncional mercado laboral tiene consecuencias muy negativas sobre el aprendizaje en las etapas post-obligatorias y la formación en las empresas. Finalmente, aporta un elemento clave: se requieren mayores esfuerzos en la coordinación y implementación de las decisiones, esa zona oscura de la que se sigue hablando muy poco en nuestro país cuando hablamos de políticas públicas. Sigue siendo absolutamente necesario una mayor continuidad en las políticas educativas, sustentada en pactos que abarquen un amplio consenso. Por último, y no menos importante, es importante resaltar que en la sociedad del conocimiento, la visión economicista del sistema educativo es perfectamente complementaria con una visión humanística de la educación: no debemos educar a los niños como máquinas de producir, sino como individuos con capacidad crítica y habilidades sociales y emocionales para integrarse y desarrollarse plenamente en una sociedad democrática, plural y moderna. Seguro que esto tendrá consecuencias positivas en el funcionamiento del mercado laboral.

Disclaimer: Fernando Sols trabaja en la OCDE, pero las opiniones expresadas y los argumentos empleados en este post son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan las del organismo o las de los gobiernos de sus países miembros.