Internacional & Refugiados

Datos: los españoles frente a los solicitantes de asilo

3 Sep, 2015 - - @jorgegalindo

Europa entera está inmersa en un gran debate sobre sus fronteras. Nos preguntamos qué hacer con ellas, particularmente cuando quienes llegar y piden cruzarlas vienen de la guerra o de la miseria. Nos lo preguntamos en los medios, en los cafés, en las cenas con amigos, en Twitter o en los memes de WhatsApp. Y tenemos la suerte de que el Centro de Investigaciones Sociológicas también nos lo ha preguntado de vez en cuando, de una manera sistemática y con una muestra representativa.

En la encuesta periódica de actitudes de los españoles con respecto a la inmigración se incluye desde 2008 una pregunta del tipo “Respecto a las personas de otros países que solicitan asilo, ¿qué cree Ud. que sería lo más adecuado?». No es un planteamiento ideal (¡casi nunca lo es!) porque no pone a quien responde en referencia alguna a la guerra o a la miseria. Tampoco hay una discriminación clara entre distintos estatus como migrante económico o refugiado (ni la hay en la cabeza de los ciudadanos, probablemente). Pero sí se cita el «ser perseguido» en las respuestas a la pregunta. Lo cual, al fin, proporciona un cierto contexto.

Nuestra actitud frente a los solicitantes de asilo ha variado poco desde 2008, y siempre ha sido bastante heterogénea. Ahora bien, como se observa en el gráfico, son muy pocos quienes ni siquiera aceptarían un sistema de límites o cuotas.

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Otra cuestión, claro está, sería acordar los márgenes específicos. A modo indicativo, la misma encuesta nos dice que un 27.6% de los españoles piensa que las leyes actuales son «demasiado tolerantes» y un 37.6% opina que el número de inmigrantes es «excesivo». Así que, a pesar de la buena predisposición frente a aquellos que son perseguidos, cabe esperar cierta resistencia.

Como cabría esperar, esta oposición vendría sobre todo de la derecha del espectro ideológico.

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El porcentaje de personas que no aceptaría solicitantes de asilo «en ningún caso» aumenta a medida que nos movemos en el eje, igual que sucede con quienes los aceptarían tras comprobar su persecución y solo hasta cierto límite especificado de antemano. Huelga decir que existe también una correlación con el número de personas que consideran que hay demasiados inmigrantes: un 43.5% en el 7 de la escala frente a un 23.8% en el 3.

Como consecuencia lógica, el PP es el partido con votantes menos amigos de la libre entrada. Sin embargo, tanto desde la óptica ideológica como observando los datos filtrados por recuerdo de voto, no existe una oposición vehemente ni muchísimo menos masiva a los solicitantes de asilo desde la derecha española.

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Habrá quien piense que la oposición relativamente mayor de votantes del PP alinea a las clases altas, medias-altas y viejas clases medias. Pero nada más lejos de la realidad, pues la tendencia es justo la contraria.

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Al mismo tiempo, el 45% de los trabajadores no cualificados considera que el número de inmigrantes es excesivo, por menos de un 19% para la clase alta y medias-alta. Probablemente, este resultado tenga que ver con el hecho de que son las personas de menor nivel educativo quienes se sienten más amenazados por los migrantes, siguiendo la creencia de que son competidores laborales: independientemente de que alguien llegue a otro país por razones económicas, porque hay una guerra en su lugar de origen, o porque está siendo perseguido por motivos religiosos o políticos, al final va a necesitar un trabajo. Un ojo a las opiniones sobre solicitudes de asilo según nivel de estudios de quien responde ayuda a confirmar la hipótesis.

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Pero para mí el dato más llamativo del gráfico anterior es el cambio en la columna de NS/NC a medida que avanza el nivel educativo. Sabemos que las personas con menos estudios tienden a informarse menos, a votar menos… en definitiva, a participar menos en las decisiones políticas. Inmigración y asilo no es una excepción. Conforme avanzamos en la escala disminuye drásticamente el número de personas no dispuestas a dar una opinión, como también lo hace el de aquellas que no quieren dejar entrar a solicitantes en ningún caso. Ambas se «reparten» entre quienes quieren permitir entrada con comprobación y quienes desean hacerlo sin comprobación alguna. Los porcentajes para «comprobación y límite» son idénticos entre los sin estudios y las personas con estudios superiores.

No obstante, cabe añadir que cualquier dato observado bajo el prisma de nivel educativo alcanzado en España está mediado por el hecho de que la mayoría de personas sin estudios o con estudios primarios son mayores de cierta edad, estando las nuevas generaciones bastante más formadas. Es por ello probablemente que el ‘pico’ de oposición se encuentra entre aquellos que tienen estudios secundarios de primera etapa: precisamente quienes sienten que la inmigración, venga por la razón que venga, es competencia.

¿Qué podemos extraer de todos estos datos? Ante todo, que no solo no existe nada parecido a una oposición masiva a los solicitantes de asilo en España, sino que las actitudes son relativamente positivas. Por descontado, existen matices: más de un 33% de nuestros compatriotas piensa que hay demasiados inmigrantes de cualquier tipo. En esta percepción se mezclan tanto motivos económicos como no económicos. Los segundos son considerablemente más complejos en tanto que tienen una raíz normativa más profunda. Pero, asumiendo la premisa de que los solicitantes de asilo también son vistos bajo una óptica económica por quienes habitan el país receptor (y yo creo que lo son), los merecen un debate mucho más claro y directo: la evidencia de que la inmigración, sea del tipo que fuere, destruye empleo o afecta negativamente al Estado es escasa, condicional a muchos factores, compleja en sus mecanismos y, en cualquier caso, casi siempre resulta ser complementaria con crear empleo o incrementar los recursos disponibles en otras áreas. De cualquier manera, hay bastante más espacio para la discusión, y posiblemente para la acción, de lo que el presente gobierno parece dispuesto a asumir. Incluso entre sus votantes potenciales.