Política

De series y obsesiones: «Show me a hero» y la geografía de la pobreza

18 Ago, 2015 - - @egocrata

Llevo una temporada en el trabajo leyendo y pensando sobre algo que siempre me ha interesado, la geografía de la pobreza. Una de las cosas que más me chocaron cuando me mudé a Estados Unidos es cómo muchas expresiones que había escuchado en películas y series al referirse a barrios y ciudades eran literalmente ciertas. Uno realmente podía vivir en «the wrong side of the tracks» (el lado equivocado de las vías del tren), ser «from the guetto» (de un barrio donde vive una minoría étnica) o haber crecido «in the projects» (en vivienda pública). Las ciudades tienen líneas literales, a menudo infraestructuras, que dividen barrios de clase media y barrios pobres; un barrio negro o latino es literalmente un 90% negro o latino, y creedme que no queréis estar remotamente cerca de prácticamente cualquier vivienda pública en Estados Unidos por la noche. Te lo encuentras en casi todas partes; estás andando tranquilamente por un apacible barrio de clase media, cruzas por debajo de un puente de una autopista o vías de tren, y estás de repente en un barrio espantosamente pobre y peligroso, sin apenas transición.

La realidad es que la gente pobre en Estados Unidos vive, cada vez más, en barrios horriblemente pobres: desde el año 2000, el número de personas que vive en barrios con más de un 40% de habitantes bajo el umbral de la pobreza ha aumentado un 91%. Ahora mismo, casi 14 millones de americanos viven en barrios que sólo pueden definirse como un erial. Este artículo de Paul Jargowsky, utilizando datos del censo, da una explicación fantástica sobre esta tendencia y sus consecuencias que como es habitual en este país, tiene fuertes connotaciones raciales. En el número de septiembre/octubre de Stirner tendré un artículo sobre ello, con cosas que sonaran familiares a los lectores habituales.

Es verano, sin embargo, así que no nos vamos a poner a hablar de políticas públicas y modelos espaciales de Schelling (aquí un artículo de hace 10 años sobre el tema), sino de cosas más ligeras, como series de televisión. Para ser más precisos, de «Show Me a Hero»* (enséñame un héroe), la nueva miniserie de David Simon en HBO, que recién emitió su primer capítulo el domingo.

De acuerdo, llamar «ligera» a una serie del creador de «The Wire» (aquí y aquí sobre por qué ya tardáis en verla) quizás no sea del todo preciso, pero escuchadme un segundo.

La trama está basado en un caso real en la ciudad de Yonkers, Nueva York, en 1987. La ciudad de Yonkers es un suburbio de clase media tirando a baja al norte de la ciudad de Nueva York. Aparte de ser el lugar de la batalla de Yonkers, no es un lugar especialmente excitante o extraordinario; es la clase de barrio de clase obrera italiano o polaco con acento inverosímil. La «verdadera» América.

En 1987, tras años de litigios, un juez federal dicto sentencia contra la ciudad de Yonkers por discriminación racial en temas de vivienda. La sentencia describe durante cientos de páginas las miríadas de regulaciones, ordenanzas y disposiciones urbanísticas destinadas a mantener familias negras e hispanas fuera de los barrios de mayoría blanca más acomodados. La ciudad durante décadas hizo lo imposible para excluir a minorías de las zonas pudientes con mejores colegios, creando regulaciones que aunque nunca mencionaban raza o etnicidad de forma explícita, a la práctica estaban diseñadas para mantener la segregación racial. La sentencia obligaba a la ciudad de Yonkers a construir 200 viviendas públicas para personas con pocos ingresos en los barrios de mayoría blanca. Esto es, en una ciudad de 200.000 habitantes, permitir que 200 familias probablemente negras o hispanas pudieran mudarse a nuevas viviendas en barrios de clase media.

La serie empieza justo después de la sentencia, en medio de las protestas de vecinos contra la orden judicial. Nick Wasiscko, un concejal recién llegado de 28 años, acaba de ser designado por el partido demócrata local como el candidato a la alcaldía en unas elecciones que nadie creía que podía ganar. Aunque está de acuerdo con el alcalde en que la ciudad debe acatar la sentencia y recurrirla es perder el tiempo Wasiscko aprovecha la indignación y un voto afortunado pidiendo la apelación un año antes para llevarse la elección. La apelación es denegada incluso antes que tome posesión del cargo, forzándole a llevar adelante la construcción de los nuevos pisos.

De momento sólo he visto el primer episodio, y tiene todo lo que uno puede esperar de David Simon. El opresivo tono de la política municipal de una ciudad del noreste, la atención por los acentos e identidades culturales, el diálogo naturalista y directo, una horda de personajes que seguir. Ya sé que es un poco arriesgado recomendar nada tras haber visto sólo la primera hora, pero la miniserie de seis episodios está basada en un libro de Lisa Belkin que sí que conozco, y la historia, a poco que le hagan justicia, es absolutamente fascinante. Los críticos que sí la han visto entera están cantando maravillas sobre ella (aquí, aquí y aquí), así que sabiendo de quien viene y conociendo la historia original, creo basta para recomendarla. Yonkers, y la historia de Nick Wasiscko, es la encrucijada entre NIMBYs, política de vivienda, desigualdad, tensiones raciales, políticos oportunistas y activismo ciudadano en favor de una idea horrible. Es también la historia sobre cómo una institución contramayoritaria (un juez federal en un cargo vitalicio) acaba por ser el tipo más progresista de toda la historia, y sobre como un hombre esencialmente bueno e inteligente, aunque totalmente superado, intenta hacer lo correcto a pesar de todo. En resumen, es una serie sobre política municipal, con todos sus pequeños horrores, desgracias y humillaciones, y su enorme capacidad para sacar lo mejor y peor de todo el mundo, hablando sobre un tema absolutamente fascinante.

Además, Wasiscko está interpretado por Oscar Isaac, un actor absolutamente fantástico que está en todas partes. Verle es una gozada.

Show Me a Hero» hace referencia a una cita de F. Scott Fitzgerald, «Show me a hero and I´ll write you a tragedy» (enséñame un héroe y te escribiré una tragedia).