Unión Europea

(Gr)Exit, Voice and Loyalty

6 Jul, 2015 - - @guillemvidal_

Ayer Jorge Galindo publicaba un interesante artículo sobre la deriva nacional que está tomando el proyecto europeo. En resumen, proponía dos explicaciones para este fenómeno:

  1. Las divisiones norte-sur creadas por las deficiencias de diseño de la unión monetaria han generado fuertes incentivos para la retracción nacional.
  2. La falta de líderes dispuestos a esforzarse por una estrategia de integración y cesión de soberanía, respondiendo, en parte, a las preferencias de los ciudadanos.

Si bien comparto estas explicaciones y es cierto que Syriza ha jugado en parte la carta “nacional”, no podemos ignorar que ésta ha sido combinada con la carta “pro-Europa social”. A diferencia de otros partidos críticos con la UE —ya sean partidos populistas de extrema derecha como el Front National en Francia o UKIP en el Reino Unido, o el mismo Partido Comunista Griego (KKE)—, no todo Syriza rechaza la legitimidad política del proyecto europeo, sino su asfixiante política económica. Como explicaba en este artículo, es importante distinguir entre las posiciones de los partidos hacia la polity  y la policy europea, ya que las implicaciones son muy distintas de cara a un posible futuro proyecto europeo. En este sentido, y aunque la pregunta del referéndum era poco clara, creo que es posible extraer algunas conclusiones que nos ayuden a interpretar lo sucedido.

La teoría conceptual de Albert Hirshman sobre las posibles respuestas a una disminución del beneficio de pertenecer a una organización —léase Grecia en la UE—, parece acertada para descifrar las diferentes posiciones que se solapan. Hirshman propone tres simples posibles opciones ante el descontento de pertenecer a una organización: Exit, Voice and Loyalty. La idea es simple pero convincente: “Exit” se refiere a abandonar la organización sin más. “Voice” significa tratar de expresar las preocupaciones en un esfuerzo por mejorar la situación. “Loyalty” significa mantener el status-quo y aceptar la situación a pesar del descontento. ¿Cómo se aplica esta teoría al referéndum Griego?

Como comentaba Krugman en un artículo reciente, las consecuencias del “no” son completamente desconocidas, pero las consecuencias del “sí” eran mucho más predecibles. En el caso del “sí”, sólo había una interpretación posible para ambas partes: “Loyalty”. Ante tal escenario, el gobierno griego hubiese convocado elecciones anticipadas y muy posiblemente un gobierno de unidad nacional hubiese aceptado la propuesta de los acreedores que Tsipras rechazó. En pocas palabras: el “sí” significaba lealtad a la austeridad como coste de mantenerse en la Eurozona.

El asunto se complica al tratar de analizar el “no”. En este caso, el significado ha sido contestado por ambas partes. Por parte de Eurogrupo, tal y como comentaba ayer su presidente, el “no” significaba la salida de Grecia de la Eurozona: “(Gr)Exit”. Esta estrategia para “incentivar” a los ciudadanos griegos a votar “sí”, trataba de dividir en dos el posible resultado y disimular una tercera opción promovida por el gobierno griego: “Voice”, es decir, levantar la voz sin resignarse al abandono del euro. La guerra mediática que hemos presenciado estos días se corresponde a la lucha por el significado del “no” entre estas dos opciones.

Sin embargo, y a pesar de que la victoria del “no” supone una clara victoria política para Syriza, difícilmente puede considerarse un voto homogéneo. Existen, a mi juicio, dos corrientes principales entre los que han optado por el voto del “no”. La primera sería un voto en clave de “dignidad nacional” de acuerdo con la hipótesis de la carta “nación” que seguramente incluya a los sectores más radicales del partido como la “plataforma de la izquierda”. La segunda, no menos importante, es un voto en clave de “europeísmo crítico” que incluye a aquellos que no ven una Europa sin Grecia ni una Grecia posible sin un acuerdo que aligere la deuda y busque un plan de futuro para un país inmerso en una tragedia.

No es fácil discernir entre la carta “nación” y la carta “Europa pro-social” en Syriza, cuya combinación sea muy posiblemente la razón de su victoria y quizá la razón de su futuro colapso. Un dato interesante es que un 63% de los griegos son favorables al euro, casi la misma proporción de votantes que han dicho “OXI” (61%). Habrá que esperar a ver cómo se conjugan las retóricas nacionalistas con la voluntad de construir una “Europa solidaria”. En parte, ello dependerá de la habilidad de Tsipras de construir alianzas transnacionales con partidos social-demócratas, una puerta que el resultado del referéndum puede haber abierto. Muchos lo verán imposible, pero estarán de acuerdo en que últimamente hemos visto suceder muchas cosas que se consideraban “imposibles” hace poco tiempo.