Unión Europea

Griegos, culpables y soluciones

2 Jul, 2015 - - @egocrata

Hay algo que muchos comentaristas y políticos parecen olvidar estos días sobre el debate griego: lo importante no es quién tiene la razón, sino qué soluciones son factibles.

Aunque Syriza y Tsipras tuvieran la explicación correcta sobre los orígenes de la crisis y sus culpables, Krugman y Stiglitz pudieran explicarlo todo con modelos económicos perfectamente coherentes y que Merkel y la troika fueran realmente el gran cáncer que está destruyendo Europa, todo esto es completamente irrelevante si las propuestas del gobierno griego son inviables políticamente.

La realidad es que Grecia, ahora mismo, no depende de si misma; años de decisiones horribles (sean propias, sean de los Gnomos de Zurich) han acabado con un país arruinado, sin liquidez, crédito o recursos para cubrir las necesidades más básicas de la población. Cualquier solución a sus problemas depende de recibir ayuda de terceros. Dado que Estados Unidos no está de humor de meterse en el manicomio griego, Rusia no tiene un duro y China ya tiene bastante con aguantar a Corea del Norte como para adoptar otro problema irresoluble, los únicos que pueden echar una mano a Atenas son los europeos. Cualquier idea, propuesta, estrategia o maniobra política de Syriza, por lo tanto, debe basarse en algo que Merkel y la troika puedan aceptar, no una decisión unilateral.

Cuando Tsipras y Varoufakis “negocian” (es un decir – un estado arruinado realmente no tiene capacidad de negociación real) con la troika, por lo tanto,  deben ser capaces de proponer soluciones que el resto de dirigentes europeos puedan vender a sus electorados. Merkel salió reelegida bajo la promesa de no perdonar un céntimo de deuda a los griegos, así que cualquier propuesta griega debe tener en cuenta que los líderes democráticos al otro lado de la mesa tienen que satisfacer a unos votantes que están probablemente hartos de pagar un rescate interminable. Aunque tuvieran toda la razón del mundo y la deuda griega fuera totalmente insostenible, una quita inevitable y todas las reformas impuestas desde Bruselas completamente inútiles y contraproducentes, cualquier plan de acción enviado desde Atenas necesita ser políticamente aceptable para alguien que debe poder ganar elecciones en Renania, Tirol, Brabante o Piamonte.

Esto quizás suene a exigir una rendición preventiva griega, pero no tiene por qué ser así. Las negociaciones europeas tienen mucho de juegos de señal: Syriza debe dar señales claras al resto de la eurozona que están aplicando medidas reales que van a mejorar la situación del país y sacarlo de su endémica dependencia del dinero europeo, y a cambio los líderes del continente pueden vender a sus electorados que dado que griegos se están portando bien merecen una quita de deuda. Este intercambio de reformas-a-cambio-de-perdón es a la vez complicado y humillante, pero dada la extraordinaria debilidad económica griega, es lo único a lo que pueden aspirar. Merkel y la troika sólo pueden reducir la presión sobre Grecia si pueden convencer a sus electorados que los griegos son de fiar y no van a tirar el dinero del rescate a la basura.

Si queremos llegar a soluciones, por tanto, es hora de olvidarse de culpas y culpables. Los votantes griegos no necesitan que nadie les convenza de la necesidad de salir de la crisis. La única forma de sacar a Grecia del agujero es haciendo que el resto de líderes democráticos de la eurozona puedan justificar a sus votantes que el rescate vale la pena. Hasta que Syriza entienda que la opinión del pueblo griego es irrelevante para las expectativas electorales de Merkel no vamos a llegar a ningún sitio.