Esta noche la ciudad de Baltimore, Maryland, estaba viviendo graves disturbios. El motivo, otra vez, fue la muerte de un hombre de 25 años, Freddie Gray, cuando estaba bajo custodia de la policía.

Las circunstancias del caso son aún poco claras. El arresto empezó cuando un policía de patrulla cruzó una mirada con Gray y este echó a correr, iniciando una persecución a pie. Las autoridades aún no ha cerrado la investigación oficial ni el motivo por el que estaba siendo detenido. La familia y activistas locales dicen que Gray, que murió por rotura de la columna vertebral, fue víctima de una “costumbre” policial llamada rough riding consistente en meter al detenido en un furgón esposado sin ponerle el cinturón y conducir como un psicópata para tenerle dando tumbos y darle una lección. Filtraciones policiales dicen que Gray enloqueció en el furgón y se lanzo contra las paredes y la puerta, y que había opuesto resistencia.  Algunos testigos señalan que los agentes maltrataron a Gray antes de llevárselo esposado (hay un video de ese momento, con el detenido gimiendo de dolor), pero como se demostró en Ferguson estos no siempre son creíbles.

Lo cierto es que Gray estaba consciente, en buena salud y perfectamente vivo antes de su contacto con la policía. Cuando llego a comisaría  no podía andar o respirar.

El problema en este caso, como lo fue en Ferguson, es que no es un caso aislado. La policía de Baltimore (3.000 policías para una ciudad de 620.000 habitantes – relativamente grande para Estados Unidos) tiene un historial increíble de brutalidad indiscriminada, especialmente contra personas de raza negra. Aunque tanto la alcaldesa de la ciudad como el jefe de la policía son afroamericanos, la cultura del departamento es de un salvajismo difícil de entender acompañado a menudo de una escandalosa impunidad. Estos dos artículos deberían dar una idea de la magnitud del problema: es la clase de fuerza del orden que lleva pagados casi seis millones de dólares de indemnizaciones por abusos de autoridad en los últimos tres años, incluyendo cosas como romperle huesos a viejecitas de 87 años, mujeres embarazadas, niños de 14 años, enfermos de meningitis hospitalizados (cinco disparos con un táser en diez minutos – acabó muriendo) y unos cuantos casos de extorsiónThe Wire, la serie televisiva, exagera algunas cosas sobre la profunda disfuncionalidad de las ciudades. Cuando habla de policías, sin embargo, probablemente estaba suavizando las cosas.

En el fondo, lo que estamos viendo es una repetición de lo que vimos en Ferguson, sólo que a mayor escala, en una ciudad grande y con un departamento de policía aún peor. Lo que escribía sobre esa ciudad entonces sigue siendo válido ahora: lo importante no es tanto lo que sucedió con Freddie Gray, sino el hecho que es otra muerte más en una larga serie muertes sospechosas, con un departamento de policía del que no sea fía nadie.

A diferencia de Ferguson, al menos, los líderes de la ciudad son conscientes que tienen un problema grave entre manos, y han reaccionado rápido: las primeras algaradas fueron el domingo, ayer lunes hubo los primeros disturbios serios, y esa misma noche llamaron a la Guardia Nacional, decretaron toque de queda e intentaron cortar la situación de raíz, antes que se les vaya de las manos. Veremos si lo consiguen.

En el fondo, sin embargo, es la misma historia de pobreza, exclusión que en tantos otros sitios. Siempre pagan los mismos.  La diferencia es que, en los últimos meses, al menos se está hablando de ello.

Una nota final, pero no menos importante: la mitad de los policías de Baltimore son blancos. Aunque están sobrerrepresentados (un 71% de la población de la ciudad es de color), el problema del departamento de policía en este caso no es el racismo, o al menos, no es racismo al uso. El cuerpo tiene una cultura de brutalidad completamente enquistada, y una desconfianza salvaje cercana a la paranoia en relación a muchos habitantes de la ciudad de raza negra. Tienen la misma actitud que una fuerza de ocupación, no una agencia de seguridad civil.

Actualización: el mejor artículo sobre los disturbios que he leído, por cierto, es este de Ta-Nehisi Coates, seguramente el mejor escritor sobre temas raciales en Estados Unidos. Leedlo.

Actualización 2: Baltimore, por cierto, es uno de los ejemplos más claros que conozco de ciudad que ha apostado por la renovación urbana vía turismo en Estados Unidos. El centro de la ciudad, el puerto viejo, ha sido renovado con un palacio de congresos, hoteles de lujo, centros comerciales y restaurantes para atraer turistas. Es muy bonito, pero tan urbano y natural como un Disneylandia. La ciudad tiene un potencial enorme (está al lado de Washington, en el estado más rico del país), pero décadas de mal gobierno y segregación racial han acabado con ella.