Educación

Segregación escolar o el dilema de las clases medias

23 Abr, 2015 - - @lucas_gortazar

Hace más de una década la nada sospechosa OCDE, mediante un giro de 180 grados, puso la agenda de la equidad en la educación encima de la mesa. Ha sido una estupenda noticia, no solo porque aporta una visión de la educación más inclusiva, sino porque esto ha sido posible gracias a un enorme esfuerzo de rigurosa recogida de datos y muy buen análisis. Desde que PISA encendió las luces de la habitación (absténganse apocalípticos) y pudimos ver con claridad lo que estaba pasando, han comenzado a surgir argumentos difícilmente cuestionables que refutan algunos de los mitos de la educación del siglo XX. El más sonoro es el de la imposibilidad de compatibilizar equidad y excelencia. En los años 70 y 80, en el momento de auge de la escuela vocacional y la separación temprana, era frecuente escuchar que las reformas hacia un modelo de educación comprensivo eran fruto de la ideología y la excesiva intervención estatal e iban en contra de la eficiencia educativa mediante la igualación por abajo. Tres décadas después, sabemos que esto es una gran falacia y que es posible enfatizar a la vez equidad y excelencia (1, 2). La pregunta es, por tanto, cual es la mejor manera de poner en marcha un sistema educativo que combine ambas de forma más eficaz.

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Una de las patas fundamentales para entender la equidad es, como muestra este primer gráfico, la segregación social de los sistemas educativos. Es decir, cuanta homogeneidad social hay en las escuelas. De la importancia de este tema y de cómo las políticas públicas tienen capacidad para modificarlo me gustaría hablaros en esta entrada. Lo haré describiendo tres sistemas educativos diferentes, observando el nivel socioeconómico de las escuelas que participan en PISA y su desempeño en matemáticas. Los colores reflejan los diferentes tipos de escuelas que existen para los estudiantes de 15 años. Es importante resaltar esto pues en muchos países, nos encontramos varias opciones de titularidad de centro (público o privado) o diferentes tipos de escuelas con diferentes itinerarios, ya que antes de los 15 años, los estudiantes ya ha comenzado la segunda etapa de la educación secundaria y por tanto ha habido separación de alumnos.

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En primer lugar, os voy a presentar el éxito más sonoro de la última década, el caso de Polonia. Entre 2000 y 2012, Polonia ha pasado de estar en el grupo de países como Hungría, Grecia o Rusia (y por debajo de España, Italia, Francia) en cuanto a desempeño educativo, a estar a la cabeza en Europa junto a Suiza, Holanda o Finlandia. Lo más llamativo es que esta mejora significativa ha favorecido sobre todo a los estudiantes de bajo desempeño, reduciendo la desigualdad educativa sin que haya alumnos perjudicados. En el grafico comparativo, vemos que el aumento en desempeño tiene que ver sobre todo con la mejora socioeconómica de muchos centros en entornos vulnerables (mediante el progreso económico, pero también una menor segregación), pero sin haber limitado a los centros con estudiantes aventajados la capacidad para mejorar. Para entender este cambio hay que remontarse a la década de los noventa, cuando la comunidad educativa polaca apostó por la profundización del modelo comprensivo (retrasar un año la separación en tipos de escuelas, de ahí que en el gráfico de 2012 los estudiantes aun no estén separados en los dos tipos de centros), la reducción de la capacidad selectiva de las escuelas, a la vez que introducción de evaluaciones externas para apoyar a los centros y el fortalecimiento del desarrollo profesional docente. El resultado es simplemente espectacular.

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El segundo caso es el de un sistema educativo altamente segregado y muy selectivo. No hace falta irse a América Latina para encontrarlo: Hungría es posiblemente una anomalía en Europa hoy en día, pero ilustra cómo un país con una desigualdad de ingresos relativamente baja puede tener un sistema educativo altamente segregado. Es decir, que las políticas públicas importan, y mucho. La selección en diferentes tipos de escuela se produce a los 14 años, de modo que cuando los señores de PISA llegan a Hungría, se encuentran a la cohorte de quinceañeros en tres tipos distintos de centro. El resultado es desolador. Básicamente, hay una relación muy fuerte entre el tipo de escuela (vocacional, académica o mixta), su nivel socioeconómico promedio y las habilidades cognitivas de sus estudiantes medidas por PISA. Esto es un drama en términos de exclusión social. A los 14 años, los alumnos toman un examen de reválida que actúa como mecanismo de selección para asignar alumnos a los centros. La diferencia de recursos (clases particulares) y prioridades (diferentes concepciones de calidad educativa) en las familias convierten la reválida de facto en una maquina muy eficiente para segregar niños en función de su nivel socioeconómico. Dicho esto, las revalidas gozan de una gran popularidad mediática ya que son vistas como mecanismos justos e iguales para todos, y su reforma puede llegar a ser extremadamente compleja.

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Por último, me gustaría comentar el caso de España, donde las cosas no son ni blancas ni negras, sino todo lo contrario. La gráfica muestra que hay un nivel de segregación no menor, donde la titularidad de centro está algo relacionada con el nivel socioeconómico, pero no es completamente predecible, ya que podemos observar, por ejemplo, escuelas públicas con niveles socioeconómicos altos (quizás provenientes de CCAAs ricas). Otro elemento curioso es que se pueden encontrar a la vez buenas y malas escuelas (teniendo en cuenta su nivel socioeconómico promedio) tanto de titularidad pública como concertada. En término medio, la evidencia muestra de que el mejor desempeño de la concertada se explica principalmente por factores socioeconómicos del alumno o la escuela y no por políticas del centro como por ejemplo las prácticas docentes. En nuestro país, no existen revalidas ni mecanismos exógenos de selección de alumnos. Sin embargo, incluso desde la etapa infantil, las escuelas concertadas ya compiten con las públicas en proporciones considerables para atraer estudiantes, con un 25% de oferta concertada en infantil que aumenta a 29% en primaria y 31% en la ESO (en algunas CCAAs estas cifras se disparan hasta un 50%). Aunque por ley el acceso debería ser libre y gratuito, esto no ocurre en la práctica y la libertad de acceso está bloqueada. La concertación no cubre todos los costes y en el caso de querer acceder a ellas, las familias han de pagar cantidades importantes que no toda la población puede permitirse, lo que implica que tenemos un sistema que promueve la segregación social en los centros.

Como en muchas otras cosas, estamos en una encrucijada fruto de la herencia del sistema educativo del siglo pasado, la cual requiere una reflexión muy profunda sobre el tipo de centros que queremos. Pero independientemente de las conclusiones (esto da para toneladas de tinta), es absolutamente necesario garantizar el acceso gratuito a todos los centros, tanto públicos como concertados. Y esto solo se puede hacer mediante el aumento de la inversión en educación de forma significativa de manera que la libertad de acceso sea positiva (a no confundir con libertad de elección, con la cual tengo algunas dudas). Aunque algunos hablan de que el gasto público en escuelas concertadas es regresivo porque subsidia a clases altas, más regresivo es en mi opinión tener un sistema educativo partido por la mitad, donde las familias aventajadas no tienen ninguna confianza en la escuela pública y disponen a la vez de un estupendo mecanismo para la segregación social. Sin duda, el sistema educativo pende del dilema de las clases medias, pero sobre todo, de cómo se diseñan e implementan las políticas públicas.