Economía

A vueltas con la educación financiera

16 Mar, 2015 - - @octavio_medina

Tras la Gran Recesión, la burbuja inmobiliaria y la crisis económica de los últimos años, el tema de la educación financiera saltó a la palestra, defendida a menudo como instrumento para contribuir a que seamos ciudadanos más responsables y prudentes. En España, a raíz del programa Salvados de hace unas pocas semanas, el tema ha vuelto a cobrar importancia. A día de hoy existen varias propuestas para traer la asignatura a las aulas, y de hecho ya hay en funcionamiento programas piloto en un número creciente de escuelas en varias comunidades autónomas. El argumento detrás de la promoción de la educación financiera es que el enseñar a los alumnos a leer balances, aprender lo que es el interés compuesto o entender el funcionamiento de una hipoteca les llevará a tomar mejores decisiones en lo que a finanzas personales se refiere; algunos sugieren incluso que podría contribuir a mitigar el efecto de futuras burbujas, ya que en teoría los individuos se abstendrían de tomar decisiones impulsivas.

Hay cierta evidencia de que la experiencia personal tiene efectos sobre nuestras actitudes con respecto al riesgo (y por ende, las inversiones), por ejemplo. Las personas que vivieron de primera mano la Gran Depresión, por ejemplo, tienen una marcada tendencia a evitar la bolsa, por motivos evidentes. Otro ensayo reciente sugiere que tras el colapso de la burbuja de la East India Trading Company, los inversores holandeses disminuyeron de forma sustancial su tolerancia al riesgo. Claro que los acontecimientos no tienen por qué ser tan dramáticos para tener algún que otro efecto; de hecho, hay estudios que sugieren que el ver una película de miedo puede hacernos más reticentes a cometer actos arriesgados.

No obstante, una cosa son las experiencias personales y otras los currículos de educación financiera. Por suerte, el año pasado se publicó el mayor meta-análisis llevado a cabo hasta la fecha sobre este tema; los resultados son interesantes.

La primera conclusión a la que llegan los autores es que los estudios llevados a cabo hasta la fecha son un tanto contradictorios. Mientras algunos parecen encontrar una relación positiva entre el nivel de conocimiento sobre finanzas y el comportamiento prudente, otros no encuentran ningún efecto. Esto se debe a que a menudo se mezclan dos cuestiones diferentes.

Primero, si el tener un mayor conocimiento sobre el tema tiene un efecto causal sobre el comportamiento. Segundo, en caso de que sea así, si el enseñar una asignatura de finanzas personales aumenta ese conocimiento, y por lo tanto redunda en ciudadanos más prudentes e informados. Los autores llaman a lo primero el conocimiento financiero observado (el que se deriva de estudios longitudinales que intentan derivar relaciones causales entre los niveles de conocimiento financiero y las decisiones posteriores controlando las variables relevantes) y a lo segundo los efectos del conocimiento financiero manipulado (es decir, los efectos de una intervención experimental o cuasi experimental para mejorar el nivel de conocimiento).

La conclusión del meta-análisis de las intervenciones para mejorar el conocimiento financiero es que tienen un efecto minúsculo (aunque estadísticamente significativo). En concreto, solo consiguen explicar un 0,1% de la varianza total observada en el comportamiento financiero posterior. Los problemas que encuentran son dos. Primero, los cursos no consiguen aumentar de forma sustancial el conocimiento financiero de los alumnos. Segundo, aunque hay una correlación entre el número de horas que dura el curso y el nivel de conocimiento alcanzado, en todos los casos dicho conocimiento decae rápidamente, desapareciendo al cabo de unos meses.

Decay1

Los resultados de los estudios correlacionales de conocimiento financiero observado son un poco mejores (un 1,8% de la varianza), pero también un tanto limitados en tamaño. La explicación de los autores es que, incluso cuando se utilizan variables instrumentales, los estudios de conocimiento observado tienden a sobreestimar los efectos del conocimiento financiero sobre el comportamiento (comparado con los estudios de diseño experimental), como puede observarse en esta figura.

 Study Method 1

Un último elemento a tener en cuenta es que cualquier modificación del currículo para la inclusión de la educación financiera significa (si no hay aumento de horas) que hay menos tiempo disponible para el resto de asignaturas. El coste de oportunidad, por lo tanto, puede ser grande; y sin evidencia de que haya efectos positivos, no parece un tema tan clave para nuestro sistema educativo, en especial cuando hay muchos otros problemas presentes. Si al final las finanzas quedan incluidas como parte del currículo debemos ser conscientes de que la evidencia a favor es discreta.

Por otra parte, si lo que queremos es mejorar la preparación de los niños para la vida adulta, quizá deberíamos concentrarnos en el desarrollo de habilidades más transversales que son clave para predecir el futuro comportamiento en la edad adulta. Hablo tanto de las capacidad lectora o matemáticas como de la capacidad de concentración, la autodisciplina y otras habilidades no cognitivas.


16 comentarios

  1. Alnair dice:

    Si como educación financiera (en primaria o secundaria) se entiende el ensañar a interpretar un balance o las normas de contabilidad mal vamos.

    Yo me conformaría en que interiorizasen el concepto de riesgo (financiero) que tiene toda inversió o negocio.

    Todo lo demás es paja para rellenar curriculo que nadie va a recordar excepto si acaba trabajando en el sector.

  2. Estoy de acuerdo con lo que dice Alnair. También es muy importante servir instrumentos a la población en general para satisfacer su curiosidad en el campo de las Finanzas. Y creo que lo fundamental, como señala Octavio Medina, es reforzar habilidades transversales. En el ámbito de las Finanzas, la que creo más importante es la de hacerse preguntas. Las Finanzas, como otras muchas cosas, como mejor se comprenden es preguntándose y preguntando a los demás. Si después de preguntar se sigue sin comprender, es mejor buscar alternativas. Esa sería la segunda habilidad transversal que se debería potenciar, la de buscar (y encontrar) soluciones alternativas más sencillas a los problemas, más al alcance de uno. Son habilidades que creo que tienen unos beneficios grandes en muchos ámbitos.

    Un cordial saludo.

  3. xos dice:

    Bueno, podría darse como una extensión de la asignatura de matemáticas, aunque ya sé que no es la misma materia, está obviamente relacionada. En bachillerato o ciclos formativos, por el nivel, aunque eso tiene el problema de que si no se da en la ESO, habrá gente que no reciba esa instrucción. Los expertos sabrán donde encajaría, pero igual no es necesario una nueva asignatura.
    Sinceramente, hay gente metida en cada pufo, que realmente pienso que lo que no saben es sumar 2+2.

  4. Alatriste dice:

    El principal problema para llevar esta idea a la práctica es que en el mundo real resultaría imposible distinguir donde acaba la «educación financiera» y donde empieza la propaganda política. Seguramente sería hasta más polémico que los temas de la Educación para la Ciudadanía y la Religión, y la cosa acabaría como el Rosario de la Aurora.

    El papel de los bancos, la iniciativa privada y los emprendedores/empresarios (solo esos dos términos ya provocarían discusiones interminables), los bancos, la moneda, el papel del estado… solo el provecho político que se podría sacar hablando a los niños de impuestos y pensiones de esta, de esa o de aquella otra manera, bastaría para hacer de este un tema candente.

    • Carlos Jerez dice:

      Una asignatura de educación financiera concisa y sencilla se podría enseñar sin tener ningún componente ideológico ni quitar mucho tiempo. Por ejemplo enseñar a leer el interés compuesto o como funciona una hipoteca no tiene nada de ideológico. A esto le puedes añadir como variaría la cuantía mensual de una misma hipoteca típica a lo largo de las últimas décadas, dependiendo si está al final o al principio de la misma (digamos una hipoteca a 30 años de 200.000 euros, el tercer año y el antepenúltimo) y cualquier persona se puede hacer una mejor idea tanto de como funciona como de los riesgos que implica una hipoteca en menos de una hora.

    • juan dice:

      Coincido contigo que la orientación del temario sería objeto de disputas. Yo sin embargo sí creo que es posible elaborar un temario simple donde se expliquen tipos de activos financieros o formas de ahorrar, riesgos, etc

  5. Alatriste dice:

    Extendiéndome en lo que decía, hoy mismo tenemos un ejemplo de libro: Jordi Évole se va al mercado de futuros de Chicago y de su funcionamiento concluye que «el precio de los cereales ya no depende de factores reales como la cosecha sino de las decisiones de los inversores en la bolsa de Chicago»…

    [Disclaimer: no he visto el programa, lo que pongo entre comillas es lo que alguien en Internet escribe que dijo Jordi Évole; que quede claro]

    Prescindiendo de si tiene razón o no la tiene (que en mi opinión no la tiene, pero eso es irrelevante para lo que discutimos) en una asignatura de «educación financiera» el tema de los futuros unos querrían que dijera que es un eficiente mecanismo de limitación de riesgos, etc, etc, y otros reclamarían que se enseñara que es explotación, especulación, manipulación de precios, etc, etc.

  6. JDL dice:

    Como dice más arriba Carlos Jeréz, una serie de nociones acerca de conceptos que más tarde o más temprano le van a parecer a una persona adulta, creo que es más que necesario. En mi juventud hasta que me enteré de qué era una hipoteca, el TAE, el IRPF, etc… tuvo que pasar mucho tiempo mientras estuve aprendiendo cosas de dudosa utilidad de lo que me daría cuenta cuando dejé el instituto.
    Es más, no creo que este tipo de asignaturas tuviese que tener «sólo» un lado financiero, sino un componente más amplio en cuanto a conocer conceptos que se pueden relacionar con la vida «normal». En este aspecto pienso en que los ciudadanos de un país tienen que conocer más acerca del Sector Público, es decir, los tipos de impuestos que el individuo puede encontrarse (para que pueda «relativamente» entender algo de la Declaración de la Renta) o incluso entender o mejor dicho, interiorizar la importancia de los impuestos y la no gratuidad de los Servicios Públicos. Todo ello con el fin de poder ser más responsable con los servicios que se reciben sin pensar que todo es «gratis» o el simple «tengo derecho a ello por pagar impuestos» (vamos estoy hablando sobre la necesidad de «interiorizar la restricción presupuestaria pública»). Creo que esto es fundamental para reducir relativamente la economía sumergida si los individuos entienden que «el sin IVA o con IVA» no debería siquiera plantearse.
    Y esto no es incompatible con mejorar las habilidades en otras asignaturas. A las matemáticas, la lengua etc se les puede dedicar el mismo tiempo (o más si se quiere) pero cambiando su enfoque.
    Si no queremos crear exclusivamente una asignatura de Educación Financiera, no lo hagamos, pero al menos metamos capítulos (en Educación para la Ciudadanía o asignaturas así) en relación a aspectos económicos que puedan hacer a una sociedad más responsable.

    Aparte y aprovechando la ocasión, creo que el Programa dedicado a la Educación Financiera estuvo muy mal enfocado, pareciendo que el único fin de una asignatura de este tipo es el del adoctrinamiento, incluso entrando en «moralinas» poco interesantes sobre la necesidad de recortar en comida o no. No se trata de eso, sino de tener un enfoque más amplio (y necesario) del tema, ya sólo hay que ver el interés que ha surgido por parte de la sociedad a partir de la crisis acerca de conceptos económicos que antes eran completamente desconocidos y que la población ha tenido que aprender a marchas forzadas (de hecho me pregunto si estaríamos hablando de ésto de no haber tenido crisis). Para evitar esto, formemos a la población futura, en la medida en que se pueda, no sólo en temas de elección de riesgo financiera, sino de conceptos más amplios con los que se van a encontrar.

  7. […] Educación financiera: lo que dice la evidencia […]

  8. s4nt1r dice:

    100% de acuerdo con el último párrafo… porque muchos de las grandes estafas financieras de los últimos años han tenido más que ver con carencias en «capacidad lectora o matemáticas como de la capacidad de concentración, la autodisciplina y otras habilidades no cognitivas…» que con carencias en la educación financiera… porque la gente normal estafada no intentaba jugar su dinero en productos financieros complejísimos… simplemente fueron engañados por confiar, por no leer cuidadosamente, por no rechazar lo que no entendían, por no reconocer que no entendían algo que les estaban vendiendo, porque se les ocultó información relevante, etc, etc Aunque sigo pensando que la principal lección está todavía por llegar… que los estafadores sean llevados ante un juez y después condenados y llevados a prisión.

  9. Agustín dice:

    Como profesor de secundaria (Historia y Economía de 1º de bachilerato), comparto las consecuencias del meta-análisis. Tal y como está diseñado el curriculum escolar, la persistencia de los contenidos educativos en la mente de los alumnos es muy breve Pero eso ya lo sabía Paulo Freire, que hablaba de «educación bancaria» en un sentido muy diferente al «financiero» jejeje. Por un oído les entra… Y es que una cosa es lo que los profes creemos que trasmitimos y otra muy distinta es lo que metabolizan los chavales. Educación económica generalista (pero también financiera) ya se imparte en bachillerato (yo hago lo que puedo en: http://pulgarcity.blogspot.com.es/p/economia-para-pobres.html) y en algunas asignaturas de la E.S.O. (Ciencias Sociales de 3º). Por otra parte, no se puede fiar todo a la formación matemática, debe haber un componente ético sólido. ¡Cuántos especuladores no se habrán forjado en las frecuentes visitas de los institutos a la Bolsa de Madrid en los tiempos anteriores a la crisis! Y qué buena formación matemática habrá tenido tanto banquero ladrón. No hace falta ser anticapitalista, al contrario, para exigir sensibilidad social. Recuerdo que había un Juego de la Bolsa, como el Monopoly, ¿les suena? Venga a arramblar con todo… y lo consiguieron. ¿Y ahora demandan confianza de la gente? Son esos juegos los que «impregnan» las actitudes de la persona (pero no en el sentido de la teoría de juegos) más que los bonitos discursos docentes. Saludos.

  10. Vicente dice:

    No sé si será de interés, pero expongo brevemente mi caso:
    Siempre me repugnó la economía, además de el derecho, cuestión de gustos. Por ello, nunca leía las páginas de los periódicos sobre el tema.

    En 2003 compré un piso corriendo porque, a la velocidad que subían, después iba a estar fuera de mi alcance. Resultado: ahora mi piso vale menos que cuando lo compré. No me quejo demasiado, porque si hubiese vivido estos años de alquiler probablemente hubiese perdido más dinero.

    Ahora llevo unos cuantos libros divulgativos leídos sobre economía. Me he estado lamentando demasiado tiempo de no haber hecho un esfuerzo e intentar aprender algo de la materia antes porque quizás hubiese tomado otra decisión de estar más informado. Sin embargo, también me pregunto:
    ¿Me hubiese servido de algo haber estudiado el tema? Porque, si fuese así ¿cómo es que, parece ser, la inmensa mayoría de los economistas no alertaron de lo que se nos venía encima?

    • Vicente dice:

      Por cierto ¿se podría hacer un estudio sobre cuántos economistas graduados compraron pisos en el periodo «burbujil»? Quizás serviría de algo XD

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