Política

El 3+2: separando financiación y efectos

18 Feb, 2015 - - @octavio_medina

Esta mañana Thiago me pasaba una entrevista en El País a uno de los padres del Espacio Europeo de Educación Superior, Guy Haug. La entrevista en sí es interesante, pero me sorprendió una de las respuestas. Ante la pregunta de si eran mejor las carreras largas o cortas, Haug respondió que “lo importante no es lo que dura el título, sino lo que han aprendido”, y que por lo tanto la polémica en torno al 3+2 era en realidad desviarse de los temas relevantes. Aunque simpatizo mucho con la idea de que en el debate educativo en España a menudo no se priorizan los temas clave (y uno de ellos es la calidad), en este caso pienso que Haug le quita trata la longitud de los programas demasiado a la ligera.

Pero vayamos por partes. En el debate sobre el 3+2 se están mezclando dos temas. Uno es la estructura de las carreras y niveles de educación superior (incluyendo su longitud), y otra los mecanismos de apoyo que existen para los estudiantes.

Los efectos de la longitud de carreras

La primera pregunta es qué efecto tiene la longitud de la carrera en variables como el acceso, la graduación o la equidad, ceteris paribus. A nivel teórico, una carrera más larga significa una inversión e incertidumbre mayores para el estudiante y su familia, con el riesgo que ello conlleva. Evidentemente, esto es un problema mucho más importante para estudiantes de bajos recursos, por lo que alargar las carreras en exceso perjudicaría la equidad del sistema en ausencia de mecanismos de financiación, los cuales mencionaré más adelante.

Aunque todavía queda mucho por investigar y conviene ser prudentes, hay varios estudios que analizan la implementación del 3+2 en Italia y sugieren que podría haber aumentado el acceso a la educación superior, sobre todo para los estudiantes que estaban en el margen (por ejemplo, aquellos de familias de bajos ingresos). Aunque también conviene ser cautos con respecto a las tasas de abandono (y de graduación), la evidencia del caso italiano sugiere que el acortamiento de las carreras también parece estar ligado a tasas de abandono menores.

El problema de la financiación y los mecanismos de apoyo

El principal argumento en contra del 3+2 (corríjanme si me equivoco), es que aumentará de facto el costo total de cinco años de educación superior para los estudiantes, principalmente porque los programas de máster tienden a ser más caros que los de grado. Leyendo los datos publicados por los amigos de Riesgo Latente, esto parece ser cierto.

Sin embargo, el que esto tenga efectos negativos sobre la equidad del sistema no es problema del 3+2 en sí, sino del hecho de que España tiene un sistema de apoyo y financiación (tanto en términos de becas u otras transferencias como de préstamos públicos) para estudiantes bastante débil, algo que nos recuerda la OCDE a menudo. En la taxonomía de modelos de financiación que sugiere el propio organismo hay dos ejes:

• El costo de las matrículas.

• El nivel de apoyo a estudiantes o familias en forma de préstamos, becas, subsidios u otras transferencias.

España se situaría en el cuadrante de abajo a la izquierda: un nivel de tasas medio y en aumento, combinado con un porcentaje relativamente bajo de alumnos que recibe ayudas públicas. En el último Education at a Glance, que recoge datos de 2011, solo el 23% de los estudiantes españoles recibía becas por encima del valor de la matrícula, comparado con el 61% en el caso de Dinamarca, por ejemplo.

financiacion

Concluyendo

Para acabar, vuelvo a la respuesta de Haug en la entrevista. Si en vez de carreras de 3 o 4 años, programas de máster y doctorados tuviéramos una medida continua, efectivamente, la longitud no importaría. El problema es que no es así, y la longitud de la carrera establece un punto arbitrario de separación que establece de forma binaria si uno posee una serie de conocimientos y habilidades o no la posee. Este salto causa muchos problemas. Un estudio reciente basado en los community colleges estadounidenses lo ilustra bien. El número de créditos conseguidos por un estudiante de community college que no acaba su programa no aporta ventajas en términos de salario o empleabilidad. Es decir, el estudiante que se queda a un crédito de acabar pierde todos los beneficios, habiendo incurrido el casi la totalidad de los costes. 

La cuestión es, por lo tanto, configurar un sistema que reduzca al máximo los saltos entre niveles de formación y permita una transición más suave. Por ello temas como la armonización de estándares, o la creación de niveles de competencias transferibles se vuelven cada vez más importantes. El acortamiento de los programas quizá puedan contribuir, pero esto requiere de sistemas de apoyo y financiación sólidos para evitar que los estudiantes de familias de bajos ingresos se queden en el camino. En este sentido la evidencia es clara. Las becas y ayudas contribuyen a aumentar tanto el acceso como la graduación de la educación superior. El aumento de tasas funciona en dirección contraria.