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El fin de una era: el adiós de Jon Stewart

11 Feb, 2015 - - @egocrata

Ayer por la noche, de forma inesperada, Jon Stewart anunció que abandonará el Daily Show antes que acabe el año.

Normalmente que un comediante decida abandonar un programa satírico diario tras 16 años en antena no es noticia de portada en los medios en ningún país, pero Jon Stewart no es un comediante cualquiera. El Daily Show ha sido, durante más de una década, un referente cómico de primer orden, uno de los programas más histéricamente hilarantes de la televisión americana, uno de los «informativos» de actualidad más respetados del país, un vivero interminable de grandes cómicos (Colbert, Steve Carrell, Larry Wilmore, John Oliver, Ed Helms, Ron Corddry…), uno de los críticos más acérrimos de la decadencia del periodismo americano y una de las voces más influyentes del debate político, todo al mismo tiempo. Que haya sido capaz de ser todo esto desde un oscuro rincón del dial de los canales por cable (Comedy Central, aunque pertenece a Viacom, es un canal de segunda), con audiencias nunca por encima de los tres millones con un pequeño noticiero de pega diario de 23 minutos de duración efectiva dice mucho del enorme talento de Stewart.

Su retirada, a pocos meses de su alumno aventajado Stephen Colbert (al que le dediqué un largo artículo aquí) es realmente el fin de una era. Stewart llego al Daily Show a finales de los noventa, en pleno histerismo del escándalo Lewinsky. Fue el raro comentarista que tras mofarse de las imposibles elecciones del 2000 fue capaz de criticar abiertamente la guerra de Irak y la administración Bush combinando una inteligencia deslumbrante, salvaje ironía y férreo patriotismo. Su cobertura de las elecciones del 2004 (cuando empecé a verle cada noche) era una obra maestra diaria. Sus críticas a la hipocresía de los medios, la debilidad de los políticos, las ridiculeces conspiradoras de Fox News y el sensacionalismo de CNN han sido, durante los últimos 16 años, un recordatorio diario que en realidad es Washington y los periodistas americanos los que están locos de atar, no el resto del mundo. No recuerdo ningún escándalo en los casi once años que llevo en Estados Unidos sobre el que alguien no diga que se muere de ganas de escuchar a Jon Stewart hablando sobre el tema esa noche.

Stewart quizás no es el mejor comediante ahí fuera. No tiene la enorme capacidad de Colbert para crear personajes y mantenerlos, ni la energía y talento actoral de Carrell, ni la sorna y entusiasmo de Jon Oliver. Como stand up es bueno, pero no es revolucionario. Lo que realmente le distingue, y lo que ha hecho del Daily Show un programa único, fue su capacidad de sacar a la sátira política de las bromas fáciles y neutrales de los late nights tradicionales o del tono paródico de los sketches de Saturday Night Live. Stewart añadió inteligencia, un interés por masticar las noticias y desmenuzarlas, la inmediatez del programa diario, la capacidad de hacer humor partiendo de un punto de vista claro y decidido y, sobre todo,  la urgencia de tomarse la política como algo importante. Stewart se mofa de los políticos y ridiculiza a los malos periodistas de forma inmisericorde, pero nunca lo hace de forma cínica. El punto de partida del Daily Show siempre ha sido que hay criticar la hipocresía de los políticos y los fracasos diarios de la prensa no porque sistema este roto, todos sean estúpidos o Washington sea una tribu insalvable, sino porque su trabajo es demasiado crucial para no tomárselo en serio. Stewart se burla de los actores, habla de los horrores del sistema y no deja títere con cabeza, pero nunca, nunca, nunca niega la dignidad de la política y su enorme importancia.

Me podría pasar horas y horas enlazando videos de grandes momentos de Jon Stewart, alguien que ha acabado con la carrera periodística de un montón de idiotas con micrófono. Mi momento favorito, probablemente, no fue en el Daily Show, sino en un horrendo programa de CNN, Crossfire, a finales 2004. Escribí sobre ello hace diez años, a poco que CNN cancelara el programa avergonzada de la paliza que les metió a los periodistas; la entrevista entera es una maravillosa.

Con sus errores y defectos, filias y fobias, Jon Stewart es una de las personas que ha marcado el debate político americano durante los últimos 16 años. Es difícil decir eso de un comediante, pero Jon Stewart ha sido exactamente eso. Se le echará mucho de menos.