Economía & Política

Cuotas escolares, justicia y redistribución

19 Dic, 2014 - - @octavio_medina

La semana pasada Roger aprovechó para hablar de cómo la libertad de elección de centros escolares a menudo supone desigualdad, dados los costes de transacción existentes. Aprovecho para mencionar un estudio reciente (de hecho, es el job market paper de Gautam Rao) interesantísimo sobre el efecto de las cuotas para acabar con la segregación por nivel socieconómico en escuelas indias, en concreto en la ciudad de Delhi.

La red de colegios de Delhi está muy estratificada. Los alumnos de familias ricas van, en su gran mayoría, a escuelas privadas de élite con precios de matrícula elevados y tasas de admisión muy bajas (algunas cercanas al 10%). Más del 90% de estas escuelas están en terrenos públicos alquilados a perpetuidad a precios subsidiados. Como contrapartida, existe una cláusula en el acuerdo de alquiler que establece que dichas escuelas deben hacer un “esfuerzo” para atraer a estudiantes pobres. No obstante, esto hasta hace poco era papel mojado. En 2007 esto cambió, al dictaminar el Tribunal Superior de Delhi que la cláusula había de cumplirse. De un año para otro, en la mayoría de escuelas privadas se establecieron cuotas del 20% para estudiantes de bajos ingresos.

La pregunta de Rao es: ¿qué efectos tuvo el nuevo sistema de cuotas sobre las actitudes, preferencias, y resultados académicos de los estudiantes?

Los efectos de la desegregación, ya sea por nivel académico, socioeconómico u otro (religioso, por ejemplo), son un tema controvertido, y más aún en un país tan diverso como la India. Los que están en contra de las cuotas hablan del costo académico para los buenos alumnos de un influjo de alumnos pobres. Los que están a favor hablan de los beneficios en términos de actitudes o comportamiento pro-social, y argumentan que no habrá cambios en los resultados académicos de los niños.

Aprovechando que algunas de las escuelas tardaron un año más en implementar la medida (con lo cual empezaron en 2008) y otro grupo pequeño tardó aún más, Rao pudo estudiar tanto las diferencias entre cohortes (entre el curso afectado por la medida y los cursos anteriores) como dentro de la misma cohorte (entre escuelas que la implementaron y escuelas que no). Vale la pena leerse el paper completo, tanto por los resultados en sí como por las distintas estrategias que el autor utiliza para verificar sus resultados.

Lo primero que estudió Rao fue cómo cambiaron las actitudes y preferencias de los estudiantes ricos. Para ello utilizó como proxy el nivel de participación en programas de voluntariado. En los colegios privados de Delhi, es habitual que se ofrezca a los niños la posibilidad de llevar a cabo algún tipo de servicio comunitario, lo que a menudo consiste en pasar una serie de tardes de fin de semana preparando y vendiendo algún artículo para recaudar fondos para niños desfavorecidos. Como es algo voluntario, sólo alrededor del 20-30% de los niños deciden hacerlo.

Lo que Rao concluye es que en colegios donde se implementó la cuota de alumnos de bajos ingresos, el porcentaje de alumnos ricos que se ofreció como voluntario para ir a las sesiones de fin de semana aumentó 10 puntos porcentuales . Es decir, la presencia de niños de familias desfavorecidas tendría un efecto causal sobre el comportamiento pro-social del resto de niños. La gráfica a continuación muestra las diferencias en asistencia a sesiones de voluntariado por curso para escuelas que implementaron la medida (años 2 y 3), las que lo hicieron con retraso (sólo año 2), y las que no lo hicieron.

Figura 3 Voluntariado

Si el paper se limitara a esta conclusión, se podría argumentar que el resultado no es lo suficientemente robusto, pero Rao también tiene en cuenta otros escenarios de posible comportamiento pro-social para comprobarlo. Una de ellos es el juego del dictador, un experimento clásico para medir preferencias sobre justicia y equidad. Juegan dos personas, el árbitro establece una cantidad de dinero a repartir, y la primera persona decide cómo se va a dividir, sin que la segunda persona pueda decir nada al respecto. En este estudio, se separó a una muestra de alumnos de familias ricas, y a cada uno se le pidió que dividiera el dinero en juego entre él/ella y un estudiante pobre cualquiera. Los estudiantes ricos de escuelas con cuotas donaron un porcentaje mayor (45% en cantidad y 11 en puntos porcentuales) del dinero al segundo jugador (el estudiante pobre). Curiosamente, los alumnos también mostraron un comportamiento más prosocial cuando se les ofrecía compartir el dinero con un estudiante de familia rica, con lo que parece que las cuotas tiene un efecto más general sobre la concepción de justicia de los niños.

Figura 6 Dictador

Como dije antes, el argumento habitual de los críticos de las cuotas es el del posible perjuicio en las notas de los estudiantes ricos por los peores resultados académicos de los alumnos de familias pobres. Por suerte también se recogieron datos de resultados académicos de ambos colegios a través de una prueba estandarizada sencilla que se aplicó a una muestra de estudiantes. Lo que halló el autor fue que no parece haber diferencias significativas en los resultados de los alumnos de familias ricas de los colegios con cuotas y sin cuotas en el test combinado que tuvieron que hacer. Una vez se desagrega por resultado, la única diferencia observada entre colegios desegregados y aquellos que no implementaron la reforma fue una pequeña caída en los resultados de inglés (p=0.09), y un aumento menor y no significativo en los resultados de hindi y matemáticas. Rao argumenta que quizá los peores resultados en inglés se deban a que los estudiantes de bajos ingresos hablan mayoritariamente en hindi con sus familias. En términos de comportamientos disruptivos se observó un aumento del uso de palabrotas entre los estudiantes de familias ricas, pero ningún efecto sobre comportamientos violentos o problemas en clase.

La conclusión es clara: la política tuvo efectos una magnitud grande sobre las preferencias prosociales de los estudiantes en escuelas con cuotas, con un coste en términos de resultados académicos nulos o en el peor de los casos pequeño, en la línea de otros estudios que se han llevado a cabo en la India.

Acabo con una nota para escépticos sobre la importancia de las percepciones y prejuicios, y las posibles implicaciones más allá del sistema educativo.

Como hemos dicho muchas veces por aquí, la política es la forma de agregar y dirimir los intereses de cada grupo para llegar a acuerdos, más que la búsqueda de un único “interés común”. Uno de los temas claves siempre ha sido, es, y será, el nivel de redistribución que prefiere una sociedad. Por supuesto, esto depende de innumerables cosas, como por ejemplo la distribución de ingresos previa, la volatilidad de los salarios o la expectativa de movilidad social (a más movilidad social percibida, menos importaría la redistribución para los ciudadanos de bajos ingresos, porque mayor sería la probabilidad de pasar a un quintil de ingresos más alto).

Pero también importan (y mucho) las preferencias y prejuicios. En un paper ya famoso, Alesina, Glaeser y Sacerdote argumentan que entre los principales motivos por los cuales EEUU no tiene un estado de bienestar como el europeo están, primero, el que en el caso de EEUU la mayoría de los beneficiarios serían minorías (la población negra e inmigrantes), y la población está más abierta a la redistribución intragrupo; y segundo, que en EEUU un porcentaje mucho mayor de la población piensa que los pobres son pobres porque no se esfuerzan lo suficiente (ergo, son culpables de su suerte), mientras que en Europa se da la inversa, y la mayoría de la población opina que es por circunstancias ajenas a ellos (ergo, no tienen la culpa). El paper acaba con la siguiente cita: “The (American) political system is likely to be endogenous to these basic American beliefs.”

ValuesEU-US

No obstante, lo que nos está diciendo Rao es que estos “valores básicos” de Alesina y compañía son hasta cierto punto endógenas a la forma en que está organizado nuestro sistema educativo. ¿Tendrán los alumnos ricos de colegios con cuotas preferencias políticas diferentes en un futuro, dado que su percepción de lo que es justo ha cambiado? ¿Hay conexión entre sistemas educativos más estratificados, preferencias prosociales más débiles y por lo tanto menor redistribución? Es un tema que vale la pena investigar.