Política

UPyD: Entre Ciudadanos y la pared

22 Sep, 2014 - - @plata_nacho

Cuando estalló la tormenta mediática provocada por la carta de Sosa Wagner, algunos en UPyD recordaron sus quejas sobre la poca atención que les dedicaban los medios de comunicación. Ya se sabe que a veces quien pide taza acaba con taza y media, o lo que es lo mismo, Consejo Político Extraordinario. Las elecciones europeas, si no fracaso, tampoco fueron un éxito para UPyD, que no obtuvo el rédito electoral que se esperaba. Ante estos resultados y la famosa carta, muchas han sido las voces en favor de una alianza entre UPyD y Ciudadanos como estrategia para mejorar el resultado electoral. Sin embargo y a pesar de que están por ver los resultados de la reunión de mañana entre Díez y Rivera, el Consejo, tras una hábil maniobra de la dirección en el planteamiento de la consulta, votó, el pasado 6 de septiembre, a favor de unas condiciones que hacen difícil la alianza, así que analicemos algunas implicaciones para UPyD en el fluido panorama político de nuestro país.

Según su documento fundacional, UPyD sólo aspira a existir mientras sea necesario para resolver los problemas que preocupan a sus fundadores, y en principio no hay motivo para dudar de su honestidad y coherencia. De lo que tampoco hay duda es que antes, tienen que llegar al gobierno. ¿Qué estrategia para el asalto al poder de este partido unionista, progresista y demócrata? La clave parecía sencilla: articular un discurso que recoja a socialistas desencantados con la deriva identitaria del proyecto autonómico, pero que también atraiga a esos votantes liberales que nunca tuvieron un hogar en la España constitucional, así como a los decepcionados con el PP y con fuerte identificación con España y sus símbolos constitucionales. Después, encontrar un rincón en la bisagra y, finalmente, llevar a cabo las políticas que dicta la razón, según sus dirigentes.

Al principio pareció funcionar, y UPyD se ha ido consolidando como uno de los partidos centrales del escenario político español; al menos hasta que llegó PODEMOS. Con un lenguaje, maneras y medidas mucho más radicales, pero con algunos principios no tan distintos, PODEMOS sí parece haber conseguido romper el bipartidismo, abriendo la brecha que UPyD no consigue ampliar. Curiosamente, varios de los votantes de PODEMOS se sitúan en el 4 y 5 en la escala de posicionamiento ideológico. Votos que UPyD, con políticas más centristas que la nacionalización de industrias y el control público de los medios de comunicación, no ha conseguido llevarse (ver Gráfico 1).

Grafico 1: Posicionamiento ideológico según intención de partido votado.

Gráfico 1

Fuente: Avance CIS Julio 2014

 

La explicación a este gráfico reside, seguramente, en uno de los aspectos más fascinantes del fenómeno PODEMOS. En palabras de Iñigo Errejón, PODEMOS no ha intentado ocupar el espacio (izquierda-centro-derecha) determinado por otros, sino que ha creado un discurso (insider-outsider, pueblo-casta), que sí ha conseguido la transversalidad que también pretendía UPyD. No es problema del mensaje (UPyD lleva defendiendo la regeneración democrática desde hace tiempo, con consistencia y con actividad real en las instituciones), sino de creación discursiva. UPyD es, o se parece demasiado, a un partido de élites esperando, a veces con arrogancia descarada, a que los ciudadanos despierten de su letargo y maduren para adoptar el sentido común y convertir el país en una democracia liberal moderna del siglo XXI. Lo que pasa es que quizá Vargas Llosa (prueba emblemática, junto con Ignatieff, del fracaso de ese enfoque), Álvaro Pombo y Muñoz Molina suenan demasiado a intelectual dando una entrevista a “El Semanal” en su piso de Nueva York, mientras que Errejón y los habituales de la Tuerka sí quieren darle un vuelco al establishment y ponerle el micro a la gente de la calle. Igualmente, en materia de regeneración democrática, Pablo Iglesias (nacido en 1978) tiene más gancho que Díez (afiliada al PSOE en 1977). Con o sin razón, parece que la edad del vocero afecta a la credibilidad de las llamadas a la renovación.

El resultado se vio en las elecciones europeas: la indignación de coleta aventajó en un eurodiputado al “regeneracionismo con corbata”. Para algunos cargos y comentaristas, el pacto con Ciudadanos ayudaría a superar esos techos electorales. Lo que podía ser una propuesta sensata se convirtió en centro de atención gracias a dislates e insultos varios. Según el cálculo que hemos hecho y extrapolando los resultados de las europeas a unas hipotéticas generales, la ventaja electoral de tal alianza es 8 escaños con respecto a presentarse por separado (Gráfico 2). Ahora bien, más allá de los cálculos electorales a corto plazo, podrían existir razones de peso para rechazar la alianza. No hace falta leer a Sun Tzu para saber que ganar una batalla no supone una victoria en la guerra. Y en la lucha por la regeneración del sistema político español, algunas diferencias entre UPyD y Ciudadanos pueden ser claves en el largo plazo.

Grafico 2: Implicaciones electorales de la alianza UPyD y Ciudadanos

Gráfico 2

Fuente: Resultados Elecciones Europeas Mayo 2014.

Aunque la unión pueda lograr más escaños, la pregunta es si puede atraer nuevos votantes además de sumar a dos grupos de electores que no parecen diferenciarse en exceso. En ese sentido, la lección de PODEMOS es reveladora: los espacios discursivos que UPyD y PODEMOS quieren crear son bien distintos, pero la joven formación ha sabido entender lo que una  parte de la ciudadanía sentía, y sobre todo, ha sabido diseñar un discurso atractivo y con el que este grupo de ciudadanos se identifica. No son sólo palabras y propuestas, también maneras e imágenes, que a veces cuentan mucho más. Si UPyD quiere ampliar su espacio, que puede terminar aprisionándole, necesita aunar su sólida actividad de policy, con un mayor olfato para politics. La tarea no es fácil; por un lado puede implicar algunas renovaciones en las formas y los líderes, y por el otro, requiere recuperar el pulso al discurso, ganar el espacio huyendo del debate izquierda-derecha, es decir, creando uno nuevo (y el de la unidad de España contra el nacionalismo no es precisamente algo innovador).

Ese es el  gran reto de Rosa y su partido. Reto inaplazable, porque cuando el debate parece pivotar sobre quién es insider y quién outsider, hay que tener cuidado para que la corbata – o la pajarita – no se convierta en soga.