Economía

El efecto Pirelli y la crisis fiscal

16 Sep, 2014 - - @frdelatorre

Este mes de agosto ha tenido este año bastantes noticias. Por esta razón, algunas cuestiones pasan bastante desapercibidas. Una de ellas, crucial ante una reforma fiscal que pretende reducir impuestos, es la publicación del informe anual de recaudación de 2013. Conviene recordar que la capacidad de realizar políticas públicas de cualquier tipo, y/o de bajar los impuestos a los que ya los pagan, depende esencialmente de la capacidad de recaudar del Estado. Bueno, pues si usted se pregunta si los tiempos de recortes y subidas de impuestos han terminado, ahí van algunos datos.

La recaudación total de la Agencia Tributaria en 2013 ascendió a 168.847 millones de euros, unos 300 millones de euros más que el ejercicio anterior. Esto supuso un aumento del 0,2% y 9.000 millones de euros menos de lo presupuestado- unas 9 décimas de déficit por encima de lo previsto. Sin embargo, en 2013 subieron los impuestos. La Agencia Tributaria calcula que estas medidas de “consolidación fiscal” aportaron 11.897 millones de euros en 2013. Esto significa que si se no se hubiesen aumentado los impuestos en 2013, la recaudación se hubiese caído en más de 11.000 millones de euros.

Por otra parte, las diversas medidas de subidas de impuestos desde 2010, y sólo en el ámbito de impuestos gestionados por la Agencia Tributaria han supuesto 37.500 millones de euros de subidas de impuestos. Si a esto le añadimos las subidas de impuestos autonómicos, o el IBI de los ayuntamientos, la recaudación debería haberse disparado, y sin embargo, recaudamos aproximadamente lo mismo que en 2010.

Lo que está ocurriendo se podría resumir en un párrafo del propio informe: “La base imponible agregada de los principales impuestos se redujo un 1,2%, una reducción inferior a la de los cinco años precedentes. La menor caída de la base agregada se explica por el efecto de la nueva normativa, en especial en el Impuesto sobre Sociedades, cuya base se incrementó un 24,7%. Si se resta la base de este impuesto, esto es, si sólo se agregan las rentas de los hogares y las bases que gravan el gasto, la caída observada fue del 3,1%, superior a la del PIB nominal y la demanda interna, como viene siendo habitual desde el inicio de la crisis económica.”

Veamos, los impuestos básicamente gravan la demanda interna. Así, si una empresa vende automóviles en España, el IVA y el impuesto de matriculación se ingresarán aquí. Sin embargo, si el mismo coche se exporta, por ejemplo a Noruega, será allí donde se cobren los impuestos. En consecuencia, aunque el PIB aumente, si no lo hace la demanda interna, podemos recaudar menos. Sin embargo, una caída de las bases imponibles superior a la caída del PIB nominal, es decir con inflación (que a estos efectos no deja de ser un impuesto) y a la demanda interna, sólo indica una cosa: incremento del fraude y menor cumplimiento de las leyes fiscales.

Lo peor de todo es que esto se viene repitiendo, según el informe “desde el inicio de la crisis económica”. En realidad, las bases imponibles de los principales impuestos llevan cayendo ininterrumpidamente desde 2007, cuando alcanzaron su máximo, hasta finales de 2013, en el que han alcanzado el mínimo en relación al PIB. Este gráfico resume a la perfección la gravedad de nuestra crisis fiscal:

Captura de pantalla 2014-09-12 a la(s) 11.52.18Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la AEAT y del INE.

 

En 2006, las bases de los cuatros grandes impuestos ascendían a un 126% del PIB; actualmente, estas bases sólo ascienden al 105,71% del PIB. Efectivamente, ha habido caída del PIB, pero lo que gravan los grandes impuestos, las bases imponibles, han caído de forma aún más pronunciada. Sin embargo, durante 2012 y 2013 se aprobaron leyes anti-fraude y un endurecimiento de las leyes de los impuestos, en particular en el impuesto de sociedades. Tristemente, no parece haber servido de mucho. Como señalaba un anuncio de la marca de neumáticos Pirelli: “La potencia sin control no sirve de nada”; subir los impuestos disminuyendo los medios de control no es mucho más útil.

En fin, como explico en mi libro “¿Hacienda somos todos?” (Debate) esto no es una novedad, algunos llevábamos años advirtiéndolo. Ante la perspectiva de una rebaja fiscal de 9.000 millones de euros entre 2015 y 2016, surge la inevitable pregunta de si salen las cuentas, si nos lo podemos permitir. Lo cierto es que según los últimos datos disponibles sólo se ha recuperado el IVA. Efectivamente, el repunte del consumo ha tirado de las importaciones, lo que ha multiplicado el déficit comercial, pero también ha supuesto una mayor recaudación del IVA: unos 1.500 millones en los seis primeros meses de este año.

El próximo 2015 es año electoral en casi todas las Administraciones: Estado, casi todas las CCAA y todos los municipios. La experiencia nos dice que el gasto público aumenta en la cercanía de las elecciones. Por otra parte, España se ha comprometido a reducir el déficit público en 15.000 millones de euros precisamente en 2015 (pasando de un 5,7% a un 4,3%).

Efectivamente, todo esto es un sudoku muy complicado de cuadrar. Para empezar, necesitamos una reforma fiscal mucho más seria, ambiciosa y debatida que ésta. El sistema fiscal tiene que dejar de parecerse a un queso Gruyer. Todavía más importante es que las leyes fiscales se cumplan bastante más de lo que ocurre hoy. Para conseguirlo, hay que aumentar una conciencia fiscal que está bajo mínimos después de infinitos escándalos, y a la que no ayudó nada la amnistía fiscal; e incrementar sustancialmente los medios de control no sólo de los impuestos, sino también del gasto público en todas las Administraciones. Probablemente no es una receta muy popular, pero éstas son las cuentas; y lo que no son cuentas son, simplemente, cuentos.

Francisco de la Torre Díaz. Inspector de Hacienda y autor de “¿Hacienda somos todos?”