Política

Una coalición de perdedores

10 Sep, 2014 - - @jorgegalindo

Vivimos tiempos interesantes para la izquierda española. La irrupción de Podemos se combina con el estancamiento de IU y la decadencia del PSOE para dibujar un escenario incierto, y que probablemente lo seguirá siendo durante los próximos años. Aún es pronto para sacar conclusiones, pero podemos emplear los datos disponibles para explorar hacia dónde va la reconfiguración de la izquierda y entender así mejor las estrategias actuales y futuras de los principales partidos. La encuesta postelectoral del CIS tras las elecciones europeas de mayo de este año es, de hecho, la única fuente de que disponemos. Sus datos pintan un panorama poco alentador para los actores tradicionales, quedando claro que Podemos cuenta con la mano fuerte en esta partida que, al fin y al cabo, consiste en lo que todas las partidas políticas: crear y mantener una coalición de votantes lo suficientemente sólida como para alcanzar el poder, o al menos influir en él. Y la coalición de jóvenes, perdedores potenciales y desencantados parece la apuesta perfecta en una situación de crisis cuya solución está en punto muerto, tanto en Madrid como en Bruselas.

Una perspectiva de clase ocupacional es particularmente reveladora. Observemos el recuerdo de voto por partido y perfil, esto es, qué porcentaje de cada colectivo dio su apoyo a cada formación. Mientras el PSOE tuvo un éxito superior entre los parados, los pensionistas y los obreros no cualificados, Podemos captó más votos de los estudiantes y el personal de administración y servicios. Existe cierto solapamiento entre ambos partidos en obreros no cualificados y parados, como lo hay también con IU respecto a esta última categoría. La coalición, por su parte, destaca entre éstos, pero lo hace aún más entre profesionales y obreros cualificados.

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La siguiente tabla permite apreciar la diferencia entre el recuerdo de voto de cada grupo profesional para cada partido y la media de dicho partido. Esto pone en negro sobre blanco los resultados del gráfico anterior: aunque todos los partidos de izquierdas tienen apoyos particularmente altos entre obreros no cualificados y parados, Podemos destaca más que IU y PSOE. Además, es el único partido de izquierdas que se encuentra sobrerrepresentado entre estudiantes y personal del sector terciario. Estos son, a mi entender, los cuatro grupos ocupacionales clave para el nuevo partido.

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El PSOE, por contra, parece, si no envejecido, sí anclado en el pasado. Su mayor bastión son los pensionistas; este hecho tiene un claro reflejo en la correlación positiva entre edad y recuerdo de voto a los socialistas. Tanto Podemos como IU muestran la relación opuesta, en un contraste muy llamativo.

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Algo similar sucede con el nivel de estudios, probablemente correlacionado con la edad (es más probable encontrar a personas sin estudios o con estudios primarios entre los más mayores).

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Como consecuencia, Podemos es el partido que presenta un mayor recuerdo de voto entre los menores de 35 años. Es así de sencillo.

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Pero no hay que pensar que la irrupción de la nueva formación es la causa última de estas dinámicas. Más bien parece que Podemos ha sido capaz de aprovechar un proceso que ya estaba en marcha. A continuación se ofrece una comparativa entre porcentajes de identificación con un partido determinado (PSOE e IU) entre 2008 y 2014 según grupo ocupacional, empleando una encuesta anterior a las elecciones europeas. El objetivo es observar en qué segmentos han ganado o perdido seguidores.

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Efectivamente, el PSOE ha perdido identificación ciudadana en todo ámbito, pero sobre todo allá donde Podemos e IU han ganado, claro: estudiantes, trabajadores de servicios, cuadros medios y obreros cualificados. La coalición de izquierdas, por su parte, ha ganado en segmentos que no son precisamente los (mayores) perdedores de la crisis.

Podemos, por contra, parece haber sido capaz de aunar el enfado con la crisis y la «clase política» junto a la falta de expectativas de una parte importante de la población. Sus principales caladeros de votos son de aquellos que más tienen que perder. Personas más bien jóvenes y formadas, estudiantes que se ven sin un futuro por delante, trabajadores del sector terciario sin excesiva cualificación, parados y obreros sin el capital humano necesario como para asegurarse un futuro. Es el miedo a la pérdida de un estatus que, hasta hace poco, se daba por sentado.

Que IU ha visto pasar por delante de sus narices una oportunidad de oro y la ha dejado escapar es algo que pocos dudan, creo que ni siquiera los miembros de la organización lo hacen. Ahora pueden verse reducidos a representar a quienes podríamos llamar burgueses (o trabajadores con aspiraciones de prosperidad) bienintencionados. Lo cual, dada la situación, no parece demasiado prometedor. Dado que no pueden competir en ningún eje (ni izquierda-derecha ni renovación-continuismo) con Podemos, la estrategia más lógica de que disponen es intentar sumarlos a la coalición. Por descontado, y tal y como está haciendo, Podemos no transigirá fácilmente a perder uno de sus principales atractivos: la novedad, la diferenciación con lo que ya existía y, bajo su lógica y la de sus votantes, está corrupto.

Mientras Izquierda Unida se queda con un espacio cada vez más claramente delimitado en el que tiene poca capacidad de maniobra, el PSOE parece encaminarse hacia su consolidación como defensor de «progresistas conservadores»; esto es, baluarte de quienes menos perdieron con la crisis así como de quienes más dependen de las rentas que este partido ha sido capaz de ofrecer hasta ahora a través de políticas redistributivas. La alternativa, en realidad, no sería nada distinto a lo que la socialdemocracia europea lleva haciendo desde principios del siglo pasado: llegar a acuerdos para poder cambiar las cosas y gobernar al mismo tiempo. Sin embargo, los socialistas se encuentran con dos barreras para lograr tal objetivo. La primera es que, al igual que IU pero en un grado mucho mayor dado su tamaño y pasada responsabilidad de gobierno, pertenecen a ese pasado que hoy se identifica con corrupción, mala gestión política y ‘capitalismo de amiguetes’. La segunda es mucho más importante y difícil de superar, pues no depende tanto de la mera percepción de los ciudadanos, o no se resuelve con una renovación de la cúpula dirigente: el actual diseño europeo impide que los partidos principales en los países deudores puedan hacer más que repartir los costes (y ni siquiera están haciendo esto en muchos casos). Más concretamente, parece imposible que se puedan llegar a acuerdos que incluyan estímulo fiscal y monetario a cambio de reformas estructurales. Estímulos y reformas que vendrían a mejorar las expectativas de los actuales perdedores sin erosionar las de quienes han quedado más o menos protegidos del vendaval. La única solución a este obstáculo es la reforma de la arquitectura de la UE, o cuanto menos de la Eurozona. Es difícil mas no imposible. Pero exigiría dejar de utilizar a Bruselas como chivo expiatorio, lo cual parece demasiado tentador para el PSOE y para el resto de partidos.

Estos dos obstáculos son, a su vez, las fuentes más importantes de legitimidad con las que cuenta Podemos. Un partido nuevo que no tiene servidumbres, y ahí radica su ventaja comparativa fundamental. También frente a IU. De hecho, toda la estrategia que rodea al asalto al poder de Iglesias y compañía va encaminada a explotar dicha ventaja. En lugar de actuar como un partido que nace de las coaliciones más o menos explícitas entre grupos y clases sociales, se parte de una estructura vertical para plantear objetivos maximalistas, basándose en coaliciones de utilidad táctica, pero jamás enunciadas, siempre bajo el paraguas de «todo lo que no es casta». En esto tampoco es tan distinto de cómo nacieron y crecieron otras formaciones en España. Su opción alternativa, pasar a convertirse en un partido socialdemócrata a la izquierda del PSOE y a la derecha de IU, es, por el momento, mucho menos ventajosa. Mientras puedan seguir explotando a Bruselas y a la casta como explicaciones de todo lo malo. Y podrán hacerlo, o tendrán un margen mucho más amplio para ello, mientras el PSOE no sea capaz de plantear una coalición alternativa que incluya a los perdedores, y proponga cambios para eliminar las barreras que se lo impiden.