Economía

El monopolio siempre son los otros

1 Sep, 2014 - - @egocrata

César Alierta y Vittorio Colao hoy nos ofrecían unas declaraciones que son un ejemplo magnífico sobre por qué los mayores enemigos del capitalismo son los empresarios. Alierta se dedicaba a criticar el «monopolio» de Google, diciendo que son un sistema operativo cerrado que vulnera la privacidad de los usuarios, y diciendo que la Comisión Europea puede acabar con el problema en dos tardes.

Dejando de lado el pequeño detalle que Android es de código abierto y hay una cantidad descomunal de versiones del sistema operativo basadas en la versión AOSP del código fuente, vale la pena recordar el aspecto que tenía el mercado de sistemas operativos para móviles el 2003, antes que Estados Unidos «regulara» según dice Alierta (no sé a qué ley se refiere, pero ese es otro tema). Las tres compañías dominantes esos días eran Nokia (Symbian), Palm (PalmOS) y Microsoft (Windows Mobile). RIM con sus Blackberries era una recién llegada, con apenas medio millón de subscriptores. Google y Apple ni siquiera existían por aquel entonces; iOS llega el 2007, Android el 2008. Es ligeramente delirante hablar de monopolios en un sector donde la tasa de supervivencia de los líderes de mercado ha resultado ser espantosamente corta, y donde el sistema operativo líder no está ni siquiera bajo el control de la empresa que lo impulsa. Google gana dinero con los servicios que ofrece dentro de Android (también disponibles en iOS, Blackberry y Windows Phone), pero no con el sistema operativo en sí.

Lo que Alierta seguramente echa de menos, y lo que está pidiendo realmente, es que las autoridades de competencia de la comisión permitan a las operadoras de telecomunicaciones cobrar peajes por el uso de esos servicios. Dado que Google, Apple o Microsoft no pueden ganar dinero sin tener conexión a la red, Alierta quiere que la UE certifique su posición como intermediario obligatorio permitiéndole extraer rentas. La neutralidad de la red de la que se lamenta es lo que permite a esas empresas competir entre ellas sin tener que pagar un peaje a las operadoras de telecomunicaciones en un alegre abuso de posición dominante, que es lo que Telefonica quiere conseguir.

Vittorio Colao, mientras tanto, se lamenta de la sobreabundancia de operadoras de móvil en Europa, y lo difícil que se hace ser rentable debido a ello. Aunque probablemente tiene razón al quejarse de la fragmentación regulatoria dentro del mercado continental (los gobiernos no harían mal en unificarlo más), vale la pena recordar los efectos que la competencia de más de 100 operadoras en la UE han tenido sobre los precios, comparados con las ofertas de las cuatro grandes operadoras americanas. El coste medio mensual el 2013 de un contrato de telefonía móvil en el Reino Unido eran $23, comparado con $64 en Estados Unidos. Según informes de la misma industria los precios llevan bajando sin interrupción desde hace años, con las operadoras europeas ofreciendo tarifas muy inferiores a sus homólogas americanas en casi todo el continente (única excepción: España, gracias a la posición dominante de Telefonica). La existencia de múltiples operadores en mercados relativamente pequeños ha creado guerras de precios en todo el continente, creando un mercado estupendo para los usuarios y márgenes de beneficio limitados para las operadoras.

Es cierto que estas guerras de precios han provocado que la inversión en infraestructura sea menor en Europa que en Estados Unidos. Tras años con velocidades de conexión lamentables, los operadores americanos han implementado LTE mucho más rápido que los europeos. Verizon y AT&T compiten en calidad del servicio, no en precios, como buen oligopolio mal regulado (T-Mobile compite en precios, al ser más pequeña, pero tiene una red limitada, y Sprint tiene una red CDMA lastimosa, así en general), algo que hace feliz a los accionistas pero me tiene pagando $60 al mes por 3 GB de datos  (minutos ilimitados, pero creo que nunca hablo por teléfono estos días). En Europa el consumidor va primero, ya que las operadoras viven en mercados muy competitivos, así que los precios han caído en picado.

En fin, no deja de ser la historia habitual: cuando escuchéis un empresario hablar de libre mercado, normalmente lo que en realidad está pidiendo es regulación para otros que le están quitando negocio. No hay mayor enemigo de la competencia que un capitalista buscando beneficios. Si algo bueno ha salido de la Unión Europea son unas autoridades de la competencia lo suficiente independientes como para ignorar a Aliertas, Colaos y demás cazadores de oligopolios.