Política

Tres opciones para el PSOE

27 Jul, 2014 - - @egocrata

Congreso en el PSOE, ahora ya con nuevo líder. En los medios, la polémica es como de costumbre posibles divisiones internas, quién está dentro, quién esta fuera, quién sube y quién baja. A los periodistas les gusta hablar de conflicto, no de de otra cosa, y andan buscándolo con todas sus fuerzas. Nombres, personajes y cuotas: la política como culebrón.

Estas peleas ahora mismo son secundarias. Pedro Sánchez y el PSOE ahora mismo tienen que decidir sobre algo bastante más importante que nombres. Los socialistas llevan varias derrotas electorales apocalípticas consecutivas, tienen un electorado natural cada vez más reducido y tienen cada vez más competidores en su espacio electoral. Si el partido quiere sobrevivir como una alternativa de gobierno viable (porque corren el riesgo de dejar de serlo) es ahora cuanto deben decidir cómo van a hacerlo, y qué estrategia quieren seguir.

El partido ahora mismo tiene tres opciones: continuidad, populismo o modernización. La continuidad es el PSOE de Rubalcaba y Valenciano, el programa de la conferencia política que llevó el partido al callejón sin salida de las europeas. Es el socialismo de defender a las clases medias con contrato indefinido y los pensionistas, los «ganadores» del tristemente poco redistributivo estado de bienestar español que han visto con temor cómo el temporal de la crisis se llevaba el resto del país por delante. Es la izquierda inmovilista, conservadora, que se opone a las reformas, prima los medios sobre los fines y habla como si siguiéramos viviendo en 1970.

El populismo es un PSOE que decida mirarse en el espejo de Podemos. No es un «giro a la izquierda», no es apostar por más redistribución. Es un partido que cree que buscar a los culpables de la crisis  y castigarlos es una forma de solucionar problemas. Abrazar la retórica de casta y el pueblo, buenos y malos, pretender que todo puede arreglarse a base de la voluntad inquebrantable de líderes honestos y unas cuantas soluciones mágicas (listas abiertas, transparencia, subir impuestos a los ricos) y hacer lo que dice el pueblo. Peronismo, en suma, aunque sea bajo un barniz de rebelión joven o de economistas outsider indignados con la ortodoxia de la troika. Es la izquierda que dice que la crisis nace porque gobiernan los malos, y esto se arregla haciendo que manden los buenos.

Modernización sería un PSOE que responde a su último desastre electoral reaccionando a una sociedad que ha cambiado bajo sus pies. Por un lado, el partido apuesta por buscar recuperar agresivamente a todos esos votantes que ha perdido por el camino, esos grupos que han quedado fuera de la vieja coalición continuista. Esto quiere decir apostar decididamente por recuperar el voto joven con propuestas más allá de la retórica progre de siempre («somos tolerantes, solidarios y nada rancios») con propuestas concretas, desde una inversión decidida en formación a medidas que faciliten compatibilizar trabajo y vida familiar. Segundo, e igual de importante, tomarse la redistribución en serio, más allá del eslogan fácil, y apuesta por una reforma decidida del estado de bienestar español que incluya educación infantil y guarderías públicas, ley de dependencia, un mercado laboral que no excluya sistemáticamente un tercio de la población y una apuesta por modernizar la economía acabando de una vez con el caos regulatorio y el capitalismo de BOE y privilegios que tanto daño han hecho al país. Tercero, hacer esto partiendo de la disciplina fiscal, reforma de la administración y buen gobierno, impulsando reformas institucionales decididas. Es la izquierda que abraza la socialdemocracia, combinando reformas, redistribución, invertir en capital social e  igualdad de oportunidades, economía abierta y disciplina fiscal.

De las tres opciones, la primera equivale a prolongar el largo declive del partido hacia la irrelevancia. La coalición electoral que ha sostenido al PSOE y PP todos estos años (la verdadera gran coalición que describía Jorge Galindo) no va a darle la Moncloa al PSOE después de los años de Zapatero, y desde luego no va a pedir las reformas que necesita el país. El populismo tiene los efectos terapéuticos de la indignación, pero no es un programa de gobierno, y el PSOE nunca podrá aspirar a ofrecer líderes enfurecidos más convincentes que Podemos o Izquierda Unida. Es competir en un territorio extraordinariamente poblado, y hacerlo sin ofrecer nada realmente sólido; ganar equivale a coalición de izquierdas y un montón de lágrimas o promesas incumplidas.

Queda la modernización. El PSOE, en vez de proteger a los que han salvado la crisis o jugar a revolucionarios de salón, puede ofrecer un programa político de izquierdas real, sólido y contrastado, que ofrezca modernidad, redistribución, igualdad de oportunidades, acabar con proteccionismos y privilegios y reformas institucionales responsables. Puede hacerlo explicando que el mundo ha cambiado, estamos en Europa para quedarnos y que si queremos una sociedad igualitaria, próspera, justa y abierta de la que podamos sentirnos orgullosos es hora de cambiar las cosas, y hacerlo a consciencia.

¿Qué parece estar haciendo Pedro Sánchez estos días? De momento, escoger una ejecutiva que tiene como responsable de empleo a alguien que parece estar convencida que el problema del mercado laboral español es que no tenemos suficientes inspecciones laborales (sobre lo de abaratar costes laborales, me remito de nuevo a Jorge Galindo) y tiene a gente como Pere Navarro y Tomás Gómez, conocidos por su talento para ganar elecciones, como vocales. Hay muchos políticos de carrera, gente que ha hecho vida de partido sin nunca hacer demasiado ruido u ofrecer alguna idea remotamente original. Es cierto que  también hay voces sensatas (Manuel de la Rocha tiene algún artículo estupendo sobre la crisis del Euro), y que según cuentan Sánchez es por temperamento un modernizador, pero de momento no parece haber dado señales de querer mover al partido en esa dirección.

Bueno, ahora es el momento. Pedro Sánchez debe escoger entre inmovilismo, populismo o renovación, y debe hacerlo ahora. El PSOE, desde Suresnes, ha sido un partido que ha abrazado el cambio, asumiendo ideas nuevas y descartando ideas caducas para servir mejor al país. Es hora de volver a ese camino.