Política

Debate metajurídico del día: reformando la constitución

6 Jun, 2014 - - @egocrata

Ayer por Twitter varios en Politikon nos preguntábamos sobre un agujero curioso del sistema de reforma constitucional: el artículo que regula el procedimiento agravado (168) no se incluye a sí mismo en la lista de materias que requieren su uso. ¿Podría el legislador entonces reformar los títulos “duros” de las la constitución (monarquía, unidad de España, derechos fundamentales) a golpe de eliminar el artículo 168 primero utilizando las reglas del 167?

Los dos artículos en cuestión son los siguientes:

Artículo 167

  1. Los proyectos de reforma constitucional deberán ser aprobados por una mayoría de tres quintos de cada una de las Cámaras. Si no hubiera acuerdo entre ambas, se intentará obtenerlo mediante la creación de una Comisión de composición paritaria de Diputados y Senadores, que presentará un texto que será votado por el Congreso y el Senado.
  2. De no lograrse la aprobación mediante el procedimiento del apartado anterior, y siempre que el texto hubiere obtenido el voto favorable de la mayoría absoluta del Senado, el Congreso, por mayoría de dos tercios, podrá aprobar la reforma.
  3. Aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su ratificación cuando así lo soliciten, dentro de los quince días siguientes a su aprobación, una décima parte de los miembros de cualquiera de las Cámaras.

Artículo 168

  1. Cuando se propusiere la revisión total de la Constitución o una parcial que afecte al Titulo preliminar, al Capítulo segundo, Sección primera del Título I, o al Título II, se procederá a la aprobación del principio por mayoría de dos tercios de cada Cámara, y a la disolución inmediata de las Cortes.
  2. Las Cámaras elegidas deberán ratificar la decisión y proceder al estudio del nuevo texto constitucional, que deberá ser aprobado por mayoría de dos tercios de ambas Cámaras.
  3. Aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su ratificación.

El 167 es el procedimiento “sencillo”: mayoría de tres quintos en ambas cámaras, con un referéndum opcional si lo piden una décima parte de senadores o diputados. El 168 es bastante más complicado; mayoría de dos tercios, disolución de cortes, nueva mayoría de dos tercios, y referéndum obligatorio. Los artículos que lo requieren son el título preliminar, (algunos) derechos fundamentales y la corona, pero no el artículo 168. La izquierda, supongamos, podría ganar el 2015, aprobar por mayorías de tres quintos eliminar el 168, y después abolir la corona utilizando esa misma mayoría, sin tener que disolver cámaras.

Ambas reformas seguramente deberían ser ratificadas en referendum (el PP seguro lo exigiría), pero la primera acabaría en el Tribunal Constitucional. El motivo es que aunque para alguien que no es jurista esto parezca un agujero legal tan obvio que parece dejado así aposta, muchos expertos dicen, probablemente con cierta razón, que reformar el 168 utilizando el procedimiento simple iría contra el espíritu mismo del resto del texto constitucional, haciendo un cambio por este método algo no del todo legal.  Ayer Tsevan Rabtan nos explicaba eso mismo por Twitter, precisamente.

Aunque (creo) que no hay unanimidad entre los juristas (y he leído opiniones en sentido contrario), creo que lo relevante en este caso es que sería una batalla política, no jurídica, y que el constitucional seguramente huiría de ella como la peste. Aunque el 167 tiene unos umbrales bastante más razonables, utilizar este método para cambiar el 168 se toparía casi segur con un referéndum que no sería fácil ganar (“la izquierda quiere poder recortar tus derechos y romper la unidad de España”). Aunque esta clase de paradojas legales no son inusuales (es otro ejemplo de “Dios omnipotente creando una piedra tan pesada que ni él puede levantar” – algo parecido a la independencia de los bancos centrales) el coste político de la maniobra probablemente la hace inviable.

Aún así, hay días que me alegro de no ser jurista y tener que argumentar sobre estas cosas. Como política ficción no deja de ser divertido, en todo caso.