Hispania.

El PSOE y las prisas

2 Jun, 2014 - - @egocrata

El PSOE perdió las elecciones generales el 20 de noviembre del 2011, hace casi tres años. Cualquier persona medio sensata dentro del partido sabía que eso iba a suceder desde hacía al menos 18 meses antes, tras los recortes de mayo del 2010.  Los socialistas estaban muertos y enterrados; llegado el final de legislatura, y aún habiendo evitado la intervención y rescate europeo, el PSOE afrontaba una larga travesía por el desierto y una dolorosa redefinición.

¿Qué ha hecho el PSOE desde noviembre del 2011? Un Congreso de tercera donde la vieja guardia cerró las puertas a cualquier renovación, una conferencia política con una patética falta de contenidos, unas primarias en su federación más importante con un único candidato y una campaña a las elecciones europeas entre vergonzosa e involuntariamente hilarante. El electorado, con no poca razón, respondió a este gran programa de renovación con otra soberana y merecida tunda en las urnas.

El partido, tras años de sopor, parece haber pillado el mensaje. Rubalcaba ha dimitido, hay un congreso en el horizonte, un número indeterminado de candidatos está flirteando con presentarse a primarias y todo el mundo dice estar preocupado con el futuro del partido y eso de reinventar la izquierda.

Tristemente, la cúpula saliente parece estar presa de un ataque de culpabilidad similar al de un niño de ocho años al que han pillado sin tener hechos los deberes diez minutos antes que empiece la clase, y está intentando comprimir cuatro años de reformas en cuatro semanas escasas. Ahora mismo nadie parece tener demasiada idea sobre qué aspecto va a tener el Congreso extraordinario, qué reglas se van a seguir para poder presentar candidaturas a Secretario General, cuándo se votará, quién lo hará, a cuántas vueltas y bajo qué reglas se hará la campaña. El PSOE está intentando hacer la transición a la democracia (interna) en menos de un mes, improvisando salvajemente, y estableciendo las reglas a alaridos sobre la marcha.

Este procedimiento de toma de decisiones sería poco aconsejable para montar un mueble de Ikea, pero lo es aún menos para decidir la estructura formal de un partido en crisis, falto de identidad e ideas y completamente fuera de la realidad. Las prisas siempre son malas consejeras. Cuando hablamos de redefinir la izquierda para el siglo XXI dentro de un partido de gobierno (lo siento, pero el programa de Podemos no es el un partido de gobierno) más le valdría al PSOE ser paciente, y hacer las cosas bien.

Empecemos por lo más obvio: queda un año para las municipales. Las generales están a 18 meses de distancia. No hay ninguna necesidad de tener un Secretario General nuevo el mes que viene. Es perfectamente aceptable escoger un candidato para las generales en noviembre. El PSOE debería haber tenido ambos cargos renovados y resueltos hace dos años, ciertamente, pero al electorado poco le va importar seis meses adicionales de retraso a estas alturas.

Sabiendo entonces que ya hemos hecho las cosas mal y medio partido ha ardido hasta las cenizas, más les vale empezar a reconstruirlo sobre cimientos sólidos. Más que unas elecciones apresuradas, torpes, no vinculantes y a una vuelta que pueden dejar el partido con una dirección con un apoyo misérrimo a corto plazo, el PSOE debería dedicar los dos próximos meses a diseñar un procedimiento de primarias sólido, competitivo, honesto y transparente. La ejecutiva debería aprovechar su condición de cadaver político sin expectativas de futuro para acordar/imponer un sistema impecablemente democrático, donde todos los candidatos tienen las mismas oportunidades.

Una vez tenemos esas normas sobre la mesa, y sólo entonces, podemos empezar las primarias propiamente dichas. Para empezar, descartemos esta idea extraña de separar la secretaría general de la candidatura a las generales. Zapatero y González ganaron las elecciones dirigiendo el partido; el invento Borrell/Almunia a finales de los noventa salió como salió. Las primarias serán para liderar el PSOE entero; nada de ver los toros desde la barrera cuando toca ir a votar.

Desde Septiembre hasta noviembre, el partido socialista debería celebrar unas elecciones primarias abiertas y competitivas con unas reglas previamente acordadas, y el debate durante estos comicios será sobre políticas públicas, ideas de gobierno y medidas concretas, nada de tontadas vacuas sobre “valores de la izquierda” y “abrir el partido hacia la sociedad”. Deberán ser elecciones de verdad, nada de llevarse bien con los colegas del partido y no atizarse demasiado; es hora que el PSOE debata de veras, en abierto y bajo los focos, qué porras van a ofrecer al electorado y qué harán para merecer su confianza.

Eso quiere decir debates cara a cara entre los candidatos (no uno, varios), ruedas de prensa a mansalva, encuentros con militantes, y una campaña electoral real. Tras ello, los militantes (y simpatizantes, si se prefiere hacer las primarias abiertas) votarán, preferiblemente a dos vueltas, al nuevo candidato y Secretario General del partido. Que será mejor o peor, más bajito o más alto, más guapo o más feo, pero al menos se habrá tirado tres meses explicando su programa,  debatiendo por todo el país y justificando por qué el PSOE debe seguir existiendo mientras demuestra que es capaz de ganar unas elecciones, aunque sea contra sus compañeros de formación.

Supongo que debe sonar un tanto extraño que tras pasarme tres años pidiendo renovación en el PSOE ahora pida que esta renovación de aplacepero creo que es lo más sensato. Unas elecciones a la carrera entre Susana Díaz y su poder territorial y Eduardo Madina y sus apoyos dentro del aparato no tendrán nada de renovación ni serán creíbles, por mucho que se pregunte a los votantes su opinión. No habrá debate, el ganador saldrá con un apoyo inferior al 50% a poco que se presenten otros candidatos y toda la discusión se perderá en debates bizantinos sobre reglas. Es mejor abrir algo parecido a un proceso constituyente, establecer las reglas del juego, y luego decidir con calma.

Lo único peor que no hacer reformas internas tras la derrota es liarse a garrotazos para ver quien manda dentro del partido sin ni siquiera discutir qué reformas se van a hacer. El PSOE corre el riesgo de meterse en una guerra civil para controlar un edificio en ruinas.

PD: sobre qué aspecto debe tener un proceso de primarias justo e imparcial tenemos un capítulo entero en La Urna Rota. Jorge Galindo hizo un somero resumen la semana pasada, pero vale la pena leer el libro si queréis más detalle. Ejem.