Política

Recesión económica ¿Recesión democrática? (2)

5 May, 2014 - - @kanciller

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En esta entrada termino de compartir algunas de las ideas del workshop del ECPR “Economic recessions, democratic recesion” a propósito de la conexión entre crisis económica y reformas institucionales. Igual que comenté el carácter generalizado de la discusión sobre estos temas y las experiencias de Irlanda o Islandia, aquí trataré el reverso menos grato: el recurso de las reformas como instrumento electoral o para aumentar poder de los partidos en el gobierno.

Reformar para distraer la atención

El término inglés key jangling se refiere a la idea de hacer sonar las llaves para llamar la atención de alguien, igual que hacemos con un bebé para distraerlo y divertirlo. Una idea similar fue la que apareció en diferentes momentos de la conferencia; las reformas institucionales pueden ser concebidas como un mecanismo para desviar la atención de la ciudadanía. La idea es que ante una crisis económica inmensa y sin perspectivas de mejorar en el corto plazo, tener a la opinión pública discutiendo sobre democracia directa o temas similares puede ser una buena manera de intentar escurrir el bulto. En especial si luego no la implementas.

Como comenté anteriormente, la crisis ha aumentado la presencia en la agenda de estos temas. Ahora bien ¿Significa que siempre sea distracción? Obviamente hablar de algo suele ser (suele) ser el antecedente antes de acometerlo, de modo que no siempre está claro si se trata de una cortina de humo o hay una voluntad sincera de reformar. Para aclarar la cuestión uno de los trabajos presentados proponía la diferencia entre reformas institucionales “puras” y las reformas “populistas”. Mientras que las primeras buscan una redistribución efectiva de poder, estas últimas serían aquellas centradas en la anti-política. En este paquete irían bajadas de sueldo de los políticos, reducción de las asambleas legislativas o similares. Si circula el bulo de los mil millones de políticos, proponer reducirlos siempre es popular.

Sin embargo, como os imaginaréis, esta tipología dio pie a un importante debate normativo. Sobre todo porque parece una propuesta más orientada a la intención que hay detrás de la propuesta que a los resultados que se le derivan ¿Es lo mismo la supresión de toda financiación pública de los partidos en Italia que la reducción de 3 escaños en la Asamblea de Cantabria? Casi siempre las reformas populistas benefician a alguien, por lo que no sería extraño que ciertas reformas pudieran caer en ambas categorías al mismo tiempo.

Además, según se apuntó, la crisis había aumentado la presencia de estas propuestas “populistas” en el debate, pero que su implementación efectiva seguía siendo relativamente baja. Suele tratarse más bien de eslóganes electorales que se olvidan una vez se llega al poder. Conveniente, pero no inesperado.

Reformar para cortocircuitar la amenaza

El contexto de la crisis económica es particularmente interesante para estudiar la posibilidad de que haya reformas electorales. Algunos autores han señalado que las crisis pueden convertirse en un momento ideal para acometer transformaciones importantes, y se ha señalado que marginalmente las recesiones aumentan la probabilidad de que se acometan. Por ejemplo, los grandes cambios en Japón o Nueva Zelanda tuvieron lugar con crisis de caballo. Sin embargo, no tenemos nada claro ni la razón ni la dirección que pueden seguir las reformas.

Ante un contexto de incertidumbre electoral y volatilidad creciente, determinados partidos con poder para acometer las reformas  electorales pueden cambiar el sistema a uno más restrictivo, que limite la fragmentación política y asegure mejor gobernabilidad. La idea es tan sencilla como que los partidos anticipen la amenaza que supone que haya nuevos partidos y suban las barreras. Si se sabe que Syriza o el M5s vienen fuertes, dificultar su entrada puede ser una estrategia, por ejemplo, minimizando los escaños que reciben dando un bono de representación al ganador. Véase la última reforma italiana.

Sin embargo, también puede esperarse lo contrario. En determinados contextos un partido mayoritario puede depender de uno minoritario perjudicado por el sistema electoral, el cual puede presionar para el cambio. Por ejemplo, puede ser que la fragmentación política lleve a que haya más gobiernos de coalición y que los socios pequeños presionen para una reforma que haga más proporcional el sistema electoral. Por ejemplo, los conservadores británicos se tienen que apoyar en los liberales, y estos últimos fuerzan un referéndum para intentar que el sistema electoral sea menos mayoritario.

Aunque los análisis aún son preliminares, lo que señalamos en el estudio es que los tiros van más bien por lo primero. Mirando las reformas en Europa desde la II Guerra Mundial, básicamente los partidos aprovechan los escenarios de incertidumbre ligadas a las crisis para subir las barreras electorales, reducir los escaños en juego o cambiar a fórmulas menos proporcionales. En suma, para blindarse frente a la amenaza que supone la potencial irrupción de nuevos partidos.

En resumen

Las reformas institucionales no son algo demasiado común, pero lo cierto es que si las tomamos en un sentido amplio ocurren mucho más de lo que parece. Por ejemplo, casi el 80% de los países de la OCDE se han descentralizado las últimas dos décadas, y más de la mitad han modificado sus cámaras legislativas, relación ejecutivo-legislativo… hasta la friolera de casi el 30% han reformado aspectos parciales (listas, barreras…) de su sistema electoral. Y eso que en el nivel local o regional ha habido muchas más reformas que, por desgracia, apenas se han estudiado por considerárselas erróneamente menores – craso error, casi siempre se innova a esos niveles como prueba antes de la reforma nacional.

Las crisis económicas, en general, parece que se asocian con más propuestas de reformas – aunque no siempre son exitosas a la hora de aplicarse – y esto no es una excepción en esta crisis. Islandia, Irlanda, Italia, España, Grecia… Pero también otros no tan afectados como Países Bajos, Reino Unido o Francia están discutiendo cómo reformar sus instituciones. Por lo tanto, no pocos países están inmersos en estos procesos, a veces solo por iniciativa desde los gobiernos, otras con más interacción de otros actores de la sociedad civil.

Así, que tengamos este debate en España no es algo excepcional, sino más bien la tónica dominante en el resto de países de nuestro entorno. En qué medida es una discusión para distraer a la opinión pública, si veremos reformas interesadas, las pilotarán solo las élites o la sociedad civil tomará parte o si realmente tendremos cambios efectivos es algo que todavía no podemos anticipar. Ahora bien, si tener una situación económica mala es el acicate del debate, por desgracia tenemos para largo.