Ayer tuvimos una nueva entrega de resultados de la Encuesta de Población Activa. De entre todos los resultados decepcionantes que nos proporcionó, me parece interesante abordar el crecimiento de la inactividad en España, que bajo mi punto de vista no está recibiendo la atención que merece. La población activa ya está en el 59.4%,  cada vez más lejos de los líderes de Europa, por encima del 60%. Después de una década ininterrumpida de crecimiento en la tasa de actividad, 2012 supuso un punto de inflexión en el 60.3%. 2013 y 2014 han sido años de retrocesos, con el agravante de que ahora es un cuarto, y no una décima parte, de nuestra población activa la que busca trabajo sin encontrarlo.

En un primer vistazo podría parecer que este es un problema de gente con edad más bien avanzada. Sabemos que el paro de larga duración no hace sino crecer: más de 3,6 millones de españoles llevan buscando empleo más de un año. También sabemos que cada vez hay más gente que ya ni siquiera se esfuerza en buscar, desanimada. El porcentaje, aún bajo, se ha multiplicado por 2,5 durante la crisis.

Screen Shot 2014-04-30 at 10.22.30 AM

No es el desánimo lo único que cunde. Del 40.6% de personas mayores de 16 años, más y más se retiran del mercado laboral para jubilarse, mientras que quienes lo hacen para estudiar o para dedicarse al trabajo doméstico o al cuidado de hijos y familiares dependientes son menos.

Screen Shot 2014-04-29 at 10.22.39 PM

Al segmentar los datos por edad la idea de que son los más mayores quienes dejan el mercado laboral parece confirmarse. La proporción de inactivos desciende en todos los segmentos de edad excepto en los mayores de sesenta años.

Screen Shot 2014-04-29 at 11.01.35 PM

En definitiva, los datos parecen indicar bien a las claras que el de los inactivos es un fenómeno movido por los mayores. Esto es verdad, pero no es toda la verdad. Durante este mismo periodo nuestra población ha envejecido considerablemente, y es muy probable (de hecho, es prácticamente seguro) que este efecto se esté trasladando a la naturaleza y a la composición del colectivo de inactivos. Entre 2002 y 2014 tenemos un 14.7% menos de personas entre 16 y 19 años, y un 26.2% menos de gente entre 20 y 24. Los mayores de 65, por contra, han crecido casi un 20%. Los que tienen entre 50 y 60, un prácticamente lo han hecho 30%. España se hace vieja, y con ella su dinámica laboral.

Es cuando uno escarba un poco dejando de lado la estructura poblacional que se encuentra que la inactividad no es un problema exclusivamente relacionado con el envejecimiento. El siguiente gráfico recoge qué porcentaje de cada grupo de edad quinquenal de los más extremos (menores de 25, mayores de 60) ha estado inactivo, desde 2002 hasta ahora.

Screen Shot 2014-04-29 at 11.35.08 PM

Como es lógico, los mayores de 65 tienen proporciones mucho más altas que los de 16-24 y 60-64. Pero lo importante es la evolución: mientras los tres grupos mayores se han mantenido planos o incluso han descendido ligeramente (el de 60-64 años), desde el inicio de la crisis la proporción de menores de 25 inactivos no ha hecho sino aumentar. Si sumamos a este hecho el descenso de inactivos estudiantes, nos queda el nudo de los tristemente famosos ni-nis: ni estudian, ni trabajan.

Para evitar quedarnos solo con los extremos, la siguiente tabla ofrece el cambio en puntos porcentuales de estas mismas proporciones entre 2002 y 2014, para todos los grupos de edad.

Screen Shot 2014-04-30 at 12.00.48 AM

Los datos hablan por sí mismos: la proporción de los segmentos de edad más jóvenes fuera del mercado laboral se ha incrementado, y la de los más mayores se ha mantenido. Las edades medias, por contra, han hecho descender sus tasas de inactividad. Dicho de otra manera: el número de menores de 25 años inactivos ha disminuido en este mismo periodo, de 2.730.000 a menos de 2.500.000. Pero es que el número total de jóvenes lo ha hecho aún más, de 5.180.000 a menos de 4.100.000. Nuestro declive demográfico se suma a nuestra catástrofe económica. Así pues, mientras es cierto que en términos absolutos no hay más jóvenes inactivos sino menos, una vez corregimos por el efecto de la estructura demográfica observamos que son éstos quienes más han aumentado su proporción fuera del mercado laboral. Estamos, de hecho, sacando a personas del mercado laboral por los dos extremos del espectro de edad. Por arriba, en términos absolutos debido principalmente al envejecimiento de nuestra población. Por abajo, de manera relativa al no ofrecer a nuestros jóvenes una entrada en condiciones al mundo del trabajo. Además, éstos son cada vez menos por el mismo efecto del envejecimiento. Si se me permite el burdo resumen: los encargados de pagar las pensiones de un creciente número de personas jubiladas son pocos, y encima apaleados.

Un paro estructural absurdamente alto, un creciente número de desanimados, jóvenes que no entran en el mercado laboral, inactivos que se forman menos, una población más envejecida y un nutrido grupo de gente demasiado mayor como para reincorporarse pero con vida activa aún por delante. De nuevo España es capaz de conciliar lo peor de todos los mundos posibles en su mercado laboral. Y, de nuevo, cabe poner en duda el reparto generacional de los costes de esta crisis.

Fe de erratas: anteriormente, en la introducción de este artículo enunciaba que la tasa de actividad de los mayores de 16 para España estaba «por debajo de otros países que tradicionalmente han tenido tasas de actividad irrisorias, como Italia». Esto era erróneo, dado que la tasa de actividad italiana para ese segmento de población está por debajo del 40%. También se indicaba que los líderes de Europa en esta clasificación estaban por encima del 80%, cuando en realidad están por encima del 65% (70% en casos extremos como el islandés). Todo ello ha sido convenientemente corregido. Gracias a los comentaristas por hacérmelo ver.