amo al líder

Por una reforma educativa ambiciosa

1 Abr, 2014 - - @egocrata

Entre los múltiples problemas de la economía española, el clamoroso fracaso de las reformas educativas aprobadas durante los últimos años es probablemente uno de los más preocupantes. Los informes internacionales indican, una y otra vez, que los estudiantes españoles son patéticamente estúpidos comparado con sus homólogos en otras naciones. No sólo eso: cada vez sacan peores resultados en todas las pruebas.

Esto es un problema grave por varios motivos. Para empezar, la productividad futura de estos pequeños académicos presentes será más baja de lo que debería ser. Tendremos generaciones de trabajadores que no saben hacer la O con un canuto, y una economía que sólo podrá aspirar a competir con chiringuitos de playa y ladrillo. Dado que estos empleos y empleados son los que deberán pagar las pensiones de los trabajadores activos ahora mismo, que sean incapaces de producir nada relevante debería preocuparnos. Los niños, en cierta medida, son un bien público; son los contribuyentes futuros del estado de bienestar. Queremos tratarlos bien.

La cuestión principal es, como de costumbre, que las reformas se quedan a medias. Sabemos que la educación pública de calidad puede funcionar; otros países de nuestro entorno lo hacen. Si queremos estudiantes inteligentes, cultos y bien formados, lo que debemos es adoptar las mejores prácticas internacionales, y aplicarlas de forma estricta y eficaz, sin políticos metiéndose por medio hablando sobre cuántas horas de catalán o inglés necesitan los chavales.

Empecemos por mirar los datos: sabemos que el éxito o fracaso escolar depende en gran medida de los padres. Los niños de clase alta acostumbran a tener mejor rendimiento que los de familia humilde; hay una correlación extraordinariamente fuerte entre cantidad de libros en casa y resultados académicos; la educación de los progenitores tiene un peso muy fuerte en las notas de sus hijos. El estado ayuda en la educación, pero el gran factor, el principal actor en la educación de los alumnos, es la familia.

En España las reformas educativas no han fracasado: el estado ha hecho lo que toca de su parte. Lo que han fracasado son los padres. Tenemos educadores excelentes y familias que destrozan cualquier capacidad de aprendizaje con videojuegos, música decadente, series de televisión violentas, pornografía y un pertinaz escepticismo ante el uso efectivo de pulseras power balance. Si queremos que la educación de las generaciones futuras sea realmente efectiva, tenemos que atacar el problema de raíz, y hacer algo con los padres.

Es hora de nacionalizar la educación de forma completa, eliminando a las familias del proceso. Es hora de nacionalizar a los niños.

El estado tiene un papel fundamental en la economía gestionando la provisión de bienes públicos como defensa, seguridad, judicatura, sanidad y ferrocarriles. Los niños, como principal materia prima de la economía en el futuro, son esencialmente un bien público: un recurso escaso que debe ser gestionado de forma responsable fuera del sector privado. La infancia ahora mismo es tratada como un pasatiempo para padres que quieren realizarse a si mismos formando una familia, amando a sus descendientes, haciéndoles felices y todas esas chorradas sentimentaloides de series americanas. El resultado es hordas de progenitores sobre explotando esta potencial felicidad malcriando a sus críos, en vez de actuar de forma responsable creando futuros trabajadores serios, disciplinados y preparados para los retos del siglo XXI.

Esto debe acabarse. Es hora que el gobierno tome el control de los niños desde el momento que nacen, y los eduque de forma centralizada para crear una generación de ciudadanos maduros, cumplidores, creativos, innovadores e implicados en la obtención del bien común. El estado debe crear campos de educación ciudadana obligatoria para todos los niños, y dedicar amplios recursos humanos, tecnológicos y científicos para proveer una educación igualitaria, solidaria e imparcial para todos ellos. Las tareas puramente reproductivas pueden permanecer en manos privadas por el momento (son divertidas, y los feos de todos modos  se reproducen menos), pero la formación de futuros obreros y ciudadanos debe estar en manos estatales. Los niños serán cuidados, protegidos, alimentados, educados y preparados por el estado utilizando los métodos pedagógicos más modernos y avanzados y aplicándolos de forma idéntica a toda la población, maximizando la inversión en capital humano. Los padres ya no podrán interferir con la tarea de educar a las futuras generaciones de españoles.

Por supuesto, la titularidad de la educación debe ser pública, pero la provisión del servicio no debe ser necesariamente ofrecido por funcionarios. El estado puede externalizar el servicio a empresas concesionarias, que por ejemplo pueden escoger en ofrecer una educación especializada adaptándose a las necesidades existentes en el mercado laboral. Los proveedores pueden competir entre ellos, creando programas específicos para cada sector; el estado puede adaptar los pagos según la productividad de sus ex-alumnos, por ejemplo. En ocasiones, una empresa puede escoger educar a su propia mano de obra futura, por ejemplo, o el estado puede pre-seleccionar a los alumnos más genéticamente aventajados en academias de liderazgo para educar a futuros políticos y funcionarios.

Repito: es un modelo que funciona. Los datos están ahí. España es un país donde los padres están fracasando ante sus hijos y su país desde hace décadas. Es hora de cambiar el sistema de arriba a abajo y sacarlos de la ecuación educativa por completo. Adoptemos una educación pública completa y de calidad, ya ahora.