Migraciones

Libre circulación en la UE: tan justa como siempre, más necesaria que nunca

17 Feb, 2014 - - @politikon_es

Aunque la inmigración ha demostrado tener efectos positivos para el crecimiento, la salud de las cuentas públicas o la integración de la mujer en el mercado de trabajo, y aunque casi todos los temores al respecto se han demostrado infundados en la inmensa mayoría de las investigaciones¹, y ser por tanto un juego en el que todos ganan, en cada crisis económica es frecuente que emerjan tendencias populistas que, en nombre de malos argumentos económicos o presupuestarios, intentan dar cabida a planteamientos apenas disimuladamente xenófobos. Lo hemos visto en España y lo contaba recientemente en este blog Pablo Simón para el caso de Bélgica.

Más allá del insalvable problema ético que plantea justificar las restricciones a la inmigración, y de los perjuicios económicos que plantea tanto para el país receptor como para los propios inmigrantes, la noticia de que esto ocurra en el marco de la Unión Europea, en uno de los estados fundadores (que se ha beneficiado mucho más que los demás de su pertenencia a la misma) y respecto a ciudadanos de otros estados miembros es particularmente preocupante. La libertad de movimientos ha estado casi desde el principio en el corazón del proyecto de integración política, y constituye no solo un vehículo de prosperidad económica, sino un vector de integración política, cultural y social entre los distintos países que forman la federación. Las medidas que reseña Simón deberían poder anularse apelando a la legislación comunitaria, y su llamada a la movilización en el marco de las próximas elecciones no debe ser desoída. Sin embargo, en este artículo querríamos poner de relieve un aspecto que, en el marco de la unión monetaria, convierte lo que está ocurriendo en Bélgica en algo aún más sangrante.

En 1961 Robert Mundell publicó en la American Economic Review uno de los artículos que le valieron algunas décadas después ganar el premio Nobel de economía. Partiendo de la observación de que en el mundo existían distintas monedas pero que no había un número infinito de ellas, se preguntaba bajo qué condiciones tenía sentido para un área geográfica tener un moneda propia o, al contrario, tener un tipo de cambio fijado con la moneda de otro país renunciando así a la posibilidad de poder usar la política monetaria como instrumento. De esta forma, Mundell fundaba la teoría de las áreas monetarias óptimas. Aunque, como reseña el artículo de McKinnon, ha llovido mucho desde entonces, el corazón de la idea de Mundell sigue vivo y, como veremos, explica por qué dentro de una unión monetaria la libertad de circulación es tan importante.

Como el lector quizás recuerde de alguna clase de economía, la principal utilidad de la política monetaria, al menos en tiempos normales, es la estabilizar la economía. Mientras que en tiempos de bonanza una tasa de desempleo demasiado baja puede hacer que la economía entre en una espiral de subidas salariales y de precios que acelere la inflación, en situación de recesión la tasa de desempleo suele ser demasiado alta. De esta forma, manipulando el tipo de interés, un banco central puede mantener tanto la inflación como el desempleo en niveles estables para la economía. Los bancos centrales siguen por tanto esa regla sencilla: subir los tipos de interés en tiempos de bonanzas, reducirlos en tiempos de crisis.

Supongamos ahora que Alemania y Francia comparten la misma moneda. Digamos, para simplificar mucho, que Francia exporta (solamente) vino a Alemania y Alemania cerveza a Francia. El Banco Central común seguirá la misma regla de estabilización de precios y desempleo. Imaginemos sin embargo que, de repente, un rumor falso de epidemia de filoxera hace que tanto los consumidores alemanes como los franceses, llevados por el pánico y la desinformación, dejen de consumir vino y empiecen a consumir más cerveza. El efecto será que la demanda de cerveza aumentará (impulsando la economía alemana) y la de vino caerá (deprimiendo la economía francesa). El problema al que se enfrenta el banco central es el de poner en marcha un mecanismo de estabilización, pero este mecanismo no puede ser la política monetaria porque cada economía tiene necesidades opuestas: altos tipos de interés para Alemania, bajos para Francia Este es el problema de los «shocks asimétricos» en una unión monetaria.

Cuando Mundell planteó su idea, sugirió que existían mecanismos que podían ser una solución alternativa. Uno de ellos es la movilidad de los trabajadores. Si, en nuestro ejemplo, los desempleados pueden emigrar de Francia a Alemania, entonces pueden funcionar como mecanismo de estabilización alternativo: la llegada de nuevos trabajadores mantendrá la inflación baja en Alemania (sosteniendo a la baja los salarios y los precios) y la salida de trabajadores en paro aliviará el desempleo en Francia. En otras palabras, la emigración hará en nuestro modelo de juguete que los trabajadores franceses que antes producían vino se vayan a Alemania a producir para cubrir la nueva demanda de cerveza.

Este tipo de mecanismos ocurren a diario dentro de los propios países. En Estados Unidos, un área geográfica muy extensa, la movilidad del trabajo es muy alta, lo que asegura que no puedan existir grandes diferenciales de desempleo entre regiones. Nada parecido ocurre en Europa. Sería ingenuo pensar que todo ello se debe a restricciones administrativas. Sin lugar a dudas, la baja (relativa) movilidad entre países en Europa tiene mucho que ver con barreras lingüísticas, culturales, climáticas o sociológicas, además de legales -todas ellas barreras que las políticas europeas, empezando por el programa Erasmus, se ha esforzado por suavizar. No obstante, es innegable que la asimetría regulatoria, la no portabilidad intracomunitaria de los beneficios sociales y, por supuesto, las prácticas como las que describe Pablo Simón son un obstáculo significativo.

En suma, más allá de las evidentes razones éticas y políticas para oponerse a las restricciones a la inmigración, la libre circulación de trabajadores es un ingrediente esencial del correcto funcionamiento de una unión monetaria, y su preservación y fomento debe ser vista como una parte esencial de cualquier proyecto de salida de la crisis del euro. Alguien debería explicárselo a la derecha flamenca.

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¹: Un análisis bastante concluyente del impacto positivo que ha tenido para el caso de España la inmigración puede encontrarse en este libro Inmigración. ¿Integración sin modelo? (Alianza Ensayo)