Economía

De cárteles, empresarios y sindicatos

28 Ene, 2014 - - @egocrata

Una de las formas más antiguas de manipular un mercado es mediante la creación de un cártel. La idea es bastante simple: un  grupo reducido de empresas descubre que competir unas con otras es duro y reduce los márgenes de beneficio. Eso de competir por ofrecer algo mejor y más barato cuesta dinero en I+D y reduce márgenes con todas esas guerras de precios. Es mucho más fácil ir a visitar a tus competidores, hablarlo un poquito, y repartirse el mercado actuando todos de forma coordinada.

Para las autoridades de competencia los cárteles son difíciles de combatir: es difícil distinguir entre precios de mercado y acuerdos oligopolísticos, por un lado, y las empresas participantes a menudo pueden coordinarse sin negociaciones explícitas, utilizando señales sutiles o cambios en precios curiosamente sincronizados sin hablarlo nunca en voz alta.  Estos días que ando comprando billetes de avión me es muy difícil ignorar el hecho que todas las líneas áreas parecen querer cobrarme lo mismo; demostrar un cártel, sin embargo, es increíblemente complicado. Un cártel, por añadido, no tiene por qué ser sobre un mercado con precios transparentes como el transporte aéreo; descubrir uno en un mercado con precios ocultos es casi imposible.

Hay veces, sin embargo, que las empresas son un poco más chapuceras en esto de ajustar precios, incluso en mercados donde la información sobre ellos es opaca. Hay veces que las empresas metidas en un cártel son lo bastante torpes como para dejar todo por escrito, ignorando esa vieja regla de oro que uno nunca debe decir nada potencialmente embarazoso en un correo electrónico. Esos genios de la conspiración son las grandes compañías de Silicon Valley (Google, Apple, Intel, Adobe, Ebay, Intuit…), y el cártel se dedicaba a mantener artificialmente bajos los sueldos de sus ingenieros:

That DOJ suit became the basis of a class action lawsuit filed on behalf of over 100,000 tech employees whose wages were artificially lowered — an estimated $9 billion effectively stolen by the high-flying companies from their workers to pad company earnings — in the second half of the 2000s. Last week, the 9th Circuit Court of Appeals denied attempts by Apple, Google, Intel, and Adobe to have the lawsuit tossed, and gave final approval for the class action suit to go forward.

….The companies argued that the non-recruitment agreements had nothing to do with driving down wages. But the court ruled that there was “extensive documentary evidence” that the pacts were designed specifically to push down wages, and that they succeeded in doing so. The evidence includes software tools used by the companies to keep tabs on pay scales to ensure that within job “families” or titles, pay remained equitable within a margin of variation, and that as competition and recruitment boiled over in 2005, emails between executives and human resources departments complained about the pressure on wages caused by recruiters cold calling their employees, and bidding wars for key engineers.

….The companies in the pact shared their salary data with each other in order to coordinate and keep down wages — something unimaginable had the firms not agreed to not compete for each other’s employees. And they fired their own recruiters on just a phone call from a pact member CEO.

Los CEOs de estas empresas (todos ellos) se dedicaban a discutir por e-mail abiertamente salarios máximos para programadores e ingenieros en sus empresas para evitar competir por atraer talento.  Dado que los CEO y directivos de las grandes empresas del sector están todas ellas en los consejos de administración de sus vecinos, mantener el cártel era relativamente fácil; todos los implicados tenían acceso a la información salarial del resto. El resultado es sueldos artificialmente bajos (para Estados Unidos y en este sector, se entiende – un programador con experiencia está por encima de los $100,000 al año), y mayores márgenes de beneficio para los accionistas. Un cártel en el mercado laboral, claro como el agua.

Lo divertido, por cierto, es que los sindicatos, al menos en su versión más potente, son también un cártel. En este caso, son los trabajadores se organizan para restringir la competencia entre trabajadores por abajo para forzar mejores condiciones laborales.  En una relación de empleo, obviamente, el trabajador está en una posición de debilidad respecto al empresario, y es natural (y deseable) darle poder de coordinación / negociación en forma de derechos sindicales para igualar el mercado de trabajo.

Como comentaba el otro día, esto sólo tiene sentido si todos los trabajadores tienen un poder de negociación parecido, algo que el mercado laboral español es incapaz de ofrecer. En ocasiones, este “cártel” obrero acaba por excluir del mercado a grupos de trabajadores para proteger a los trabajadores ya empleados. En España, mal que nos pese, hemos tenido sindicatos actuando como un cártel excluyente durante demasiados años.