Unión Europea

Una unión bancaria de tercera

19 Dic, 2013 - - @egocrata

Una nota rápida sobre el mecanismo de resolución bancaria acordado por el Ecofin ayer: es patéticamente insuficiente. Si lo he entendido bien (y como todo buen acuerdo europeo, es un galimatías considerable) el sistema acordado pone a los estados como primera línea de defensa si un banco pega un petardazo, y está en sus manos iniciar y financiar la liquidación de una entidad en problemas. Si por un motivo u otro el país con un agujero bancario no puede asumir el coste, el fondo de rescate nacional podrá pedir ayuda en forma de préstamos a otros fondos de rescate bancarios nacionales. Si esto no es suficiente, entonces, y sólo entonces, podrá recurrir a un rescate bancario europeo, que le impondrá condiciones para prestarle dinero.

El modelo sigue los criterios alemanes basados en el viejo principio de «ni jarto de Jägermeister me fío yo de los españoles» que tan buenos resultados ha dado estos últimos años (nota: realmente no hemos dado motivos para que nadie se fíe de nosotros), y como es costumbre, deja el problema a medias. Para empezar, los fondos de resolución nacionales son demasiado limitados; 8.500 millones para España suena como una barbaridad, pero Bankia se zampó 22.424 millones ella solita. Cualquier banco sistémico medio decente que salte por los aires va a abrir un boquete mayor que esa cifra, dejando al gobierno en cuestión con un problema grave pero sin suficiente dinero.

La idea, en todo caso, es ir construyendo un fondo de resolución europeo, financiado de forma paulatina con un impuesto sobre el sistema financiero por parte de los gobiernos nacionales.  Como esto es Europa y las cosas se hacen despacio, el fondo va a «llenarse» lentamente durante un periodo de diez años. En este eterno periodo de transición, los gobiernos podrán progresivamente pedir dinero con más facilidad a los fondos de otros estados si hubiera un problema. Cómo, no se especifica, pero estoy seguro que en una crisis financiera el gobierno español estará encantado de tener que pedir créditos a los franceses y alemanes, así con prisas.

Un problema mayor es el tamaño del fondo en su configuración definitiva: 55.000 millones de euros. Parece mucho dinero. Es más, es mucho dinero. En una crisis financiera como la del 2008, sin embargo, estos 55.000 millones durarían una semana, y siendo muy generoso. Bankia necesitó 22.000 millones, y es una entidad grandecita, pero no enorme. Si un banco del tamaño del Santander (que es realmente enorme) necesitará un rescate similar el coste se iría a los 150.000 millones, y estamos hablando de un solo banco.  Si se repitiera la crisis del 2008, el fondo de resolución de la UE estaría agotado en dos tardes;  no es una buena manera de generar confianza ahí fuera. El Ecofin podría haber solucionado este problema de una forma muy sencilla otorgando al fondo bancario la capacidad de o bien pedir préstamos al BCE como si no hubiera mañana, o bien darle un respaldo ilimitado de dinero público, pagado a escote por todos los estados miembros. Los alemanes por supuesto se han negado, así que si hay problemas el fondo realmente no se sabe de dónde sacará el dinero, dejando la decisión para negociaciones futuras. La idea básica es que este podrá imponer tasas sobre el sector bancario para recuperar fondos, pero Dios sabe si alguien confiará en ello si las cosas van mal.

Lo más desesperante, de todos modos, no es el arreglo bancario en sí (si se le da más potencia de fuego y capacidad recaudatoria seria, podría funcionar) si no el proceso político necesario para cerrar un banco. La supervisión del sistema está en manos de un organismo europeo compuesto por los reguladores nacionales y unos cuantos expertos independientes. Si un banco está en problemas y debe ser liquidado de forma ordenada, este regulador recomendará al plenario cómo hacerlo. El plenario, compuesto por todos los estados miembros, necesitará una doble mayoría (2/3 de los votos, cubriendo un 50% de la financiación del fondo) para autorizar el rescate. El proceso de resolución es épico: según el FT un banco con operaciones en tres estados puede llegar a necesitar 143 votaciones en nueve consejos u organismos diferentes, a ser posible en un menos de 48 horas.  Buena suerte arreglando esto durante un fin de semana.

Como de costumbre, el problema no es económico, sino político. Montar un rescate financiero competente no es sencillo pero no tiene nada de misterioso: Estados Unidos montó uno admirable en apenas dos semanas tras el petardazo de Lehman, sin ir más lejos. El asunto requirió un banco central ágil, un Departamento del Tesoro flexible, creativo y con capacidad de maniobra y 700.000 millones de dólares, pero se hizo, y la economía americana está ahora mismo en mucho mejor estado que la eurozona.

En Europa, sin embargo, Alemania vive con el temor (nada infundado) que en el momento en que los costes de una quiebra bancaria dejen de recaer únicamente en el estado que lo alberga los países del sur del continente dejarán de vigilar a su sistema financiero, o aún peor, crearán un sistema de banca pública épicamente disfuncional. Los tarugos de los españoles montaron uno incluso sin un mecanismo de resolución europeo. Imaginad la juerga que podemos montar si no pagáramos los platos rotos. En un planeta normal, los gobernantes del sur de Europa entenderían este problema, y aprobarían un montón de reformas institucionales y reguladores implacables para dejar claro que han aprendido la lección. En España, por desgracia, tenemos a Mariano Rajoy,  un presidente dispuesto a todo para no hacer absolutamente nada. Ya nos hemos estrellado una vez, y seguimos sin prometer de manera creíble dejar la bebida. Claro que no nos van a dejar las llaves del coche.

En fin, nada nuevo: los líderes de la eurozona no se fían los unos de los otros, y no parecen estar demasiado dispuestos a solucionarlo. La propuesta del Ecofin probablemente será mejorada por el Parlamento Europeo y la Comisión, pero en vista de la situación política, no veo grandes cambios. Todo a medias. Otra vez.