Economía

Los correos de Blesa y la dichosa banca pública

12 Dic, 2013 - - @egocrata

En los últimos años un sector de la izquierda española combina dos argumentos contradictorios. Por un lado critican sin cesar la costumbre de la derecha española* de manejar la administración pública como un cortijo, regando de favores a sus amiguetes con concesiones públicas, privatizaciones y demás y usando la estructura del estado para favorecer a los que más tienen impunemente. Por otro lado estos mismos críticos piden, una y otra vez, una recuperación de “lo público”, con el retorno de empresas al control del estado, una decidida política industrial en sectores estratégicos y la creación de una banca pública para reactivar el crédito y financiar la economía productiva.

Los correos  de Miguel Blesa en sus años al frente de Caja Madrid publicados estos días son la muestra perfecta sobre por qué estas dos ideas no son compatibles. De los mensajes se desprende una gestión que es una especie de grandes éxitos de la politización, el compadreo, el amiguismo y el más absoluto desprecio por la competencia. Blesa celebró el “éxito” de las preferentes en una muestra de no tener la más mínima idea sobre lo que estaba vendiendo (eufórico, además, de estar metiéndole el dedo en el ojo a los sindicatos), se jactó de tener buenas relaciones con los reguladores, utilizó su cargo y posición para enchufar esa inversión tóxica a la FundaciónRAE en un obvio conflicto de intereses, se dedicó a arreglar deudas a familiares directos, y  se tomaba la ley como quería para hacerle la pelota a sus mejores clientes. Todo esto sería lamentable por sí solo en un banco que tuvo que ser rescatado con dinero del contribuyente; el mérito especial de Blesa, sin embargo, es haber llegado ahí simplemente por ser amigo de José María Aznar y ser Caja Madrid una entidad de propiedad pública, controlada directamente por un partido político con el apoyo tácito de Izquierda Unida y Comisiones Obreras.

Es decir: Miguel Blesa es ciertamente un ejemplo de libro de apparatchik trepa miembro de una casta de chupópteros que ven el estado como un territorio a explotar, llegado al cargo gracias a tener amiguetes en altas esferas.  Es también exactamente lo que uno debe esperar acabar viendo tarde o temprano si deja a los políticos a tiro de gestionar empresas públicas, ya que tendrán todos los incentivos del mundo para actuar de esa manera. Caja Madrid era una entidad financiera autónoma que podía conceder créditos sin rendir cuentas a nadie. Basta con leer  el organigrama y los instrumentos de control de este banco público para darse cuenta que la politización era inevitable; era una máquina de imprimir dinero para amiguetes, libre en apariencia de restricciones presupuestarias y oculta bajo un manto de obra social y aburridas oficinas comerciales.

Caja Madrid, es cierto, era un chiringuito especialmente politizado; el PP, tanto en la capital como en Valencia, se dedicó a cambiar la regulación en esta materia cada vez que le convenía para aumentar su control sobre estas entidades. Siempre se puede decir que esto es un problema de esta banca pública, que con un mejor diseño institucional tendremos cajas más eficaces y mucho menos politizadas. El problema, sin embargo, es que quien redacta las leyes que definen ese diseño institucional son los propios políticos. Tarde o temprano alguien sacará una mayoría suficiente y tendrá un capricho inversor caro, la muy independiente banca pública les mandará a tomar viento, y el presidente de turno dirá que las cajas son de todos, a él le ha votado más gente que nadie, y por lo tanto es su obligación reformar estas entidades ajenas a las necesidades estratégicas del país para hacerlas más eficaces en el desarrollo de la región. Diez minutos más tarde o bien tienes a un Miguel Blesa financiando olimpiadas, o tienes una caja de ahorros concediendo créditos para “preservar” su independencia. Los políticos son muy malos banqueros ya que todos los incentivos les empujan en dirección contraria a ser responsables. Darles acceso a un banco es una idea espantosa.

Si algo debe quedar claro tras esta crisis económica y el rotundo, patético fracaso de una clase política metida a banquero, empresario o inversor en sectores estratégicos (energía solar, gran idea) es que la mejor manera de evitar la existencia de cortijos inmundos mal gestionados es no teniendo ninguno. Si no queremos que los políticos se pasen la vida haciendo favores a sus amiguitos, no hay nada mejor que no crear entidades, empresas o políticas públicas les dan opciones a hacerlo. Una empresa pública, banca pública o cualquier conato de política industrial con “inversiones en sectores estratégicos” es pedir a gritos que algún cretino acabe utilizándolas para colocar o regar de dinero a sus compañeros de partido.

Al hablar sobre el papel del estado en la economía la izquierda a menudo confunde lo que nos gustaría que hicieran los políticos (¡economía productiva! ¡inventar internet!¡electricidad barata y limpia para todos!) con lo que esos mismos políticos tienen incentivos para hacer. Los poderes públicos pueden (y deben) intervenir en la economía para bien en muchos sectores, desde seguridad y defensa a educación y sanidad. Cuando esos mismos poderes públicos, sin embargo, pasan de ofrecer servicios universales a ser agentes económicos tomando decisiones discrecionales estamos pidiendo a gritos la aparición de desastres como Caja Madrid.

Dos notas finales: primero, si alguien me viene con lo de las cooperativas de crédito, eso no es banca pública. Es una entidad privada con depositarios accionistas, y no tiene nada que ver con este artículo. Segundo, la derecha española siempre se las daba de ser seria y competente en temas económicos. Bankia, creo, debería bastar para romper este mito para siempre; son igual de inútiles (o incluso peores) que sus colegas al otro lado del hemiciclo.

*: la izquierda es igual o peor creando cortijos cuando le dan la oportunidad, por supuesto. Pero al menos la derecha no pide banca pública para limpiar el desastre.