Unión Europea

¿Debemos abandonar la estabilidad de precios?

20 Nov, 2013 - - @egocrata

Hace unos días Paul Krugman enlazaba una charla del hombre que podía haber sido Presidente de la Reserva Federal (y economista extraordinario), Larry Summers, hablando sobre la caída del crecimiento económico durante los últimos años.  Podéis ver la charla aquí; no es demasiado larga, y es bastante comprensible incluso para no economistas.

Tanto la charla como los comentarios de Krugman han armado bastante revuelo. La tesis de Larry Summers no es del todo nueva (he mencionado cosas parecidas por aquí), pero la idea de fondo es muy clara: la tasa de crecimiento natural de las economías desarrolladas lleva años estancada, y sólo parece ir más allá de cero cuando tenemos burbujas especulativas. Por un motivo no del todo claro (Krugman señala el fin del crecimiento demográfico, algo que también debería sonar familiar), la tasa de crecimiento de Estados Unidos y Europa con tipos de interés cercanos a cero es un anémico 2-3% a este lado del Atlántico, y un esencialmente cero en el viejo continente. Tanto el BCE como la Reserva Federal bajado el precio del dinero tanto como han podido, y la economía no ha reaccionado.

La idea central de Summers, sin embargo, es que esto no es nuevo. El crecimiento económico en occidente ha sido anémico desde mediados de los años ochenta. Se habla de Japón y sus décadas perdidas, en comparación con Estados Unidos y Europa. Para Summers, Japón nunca ha estado solo – la única diferencia es que se cargaron su motor de hacer burbujas antes, y nunca se recuperaron del todo. Las expansiones de los noventa o dosmiles fueron en gran medida espejismos financieros, con la clase media apenas viendo nada tras toda esa fiesta.

No me voy a meter del todo con los detalles de este argumento; estimar tasas de crecimiento potencial a largo plazo es un problema muy complicado y muy por encima de lo poco que sé de economía. Suponiendo que lo que dice Summers es cierto, y el crecimiento económico es básicamente nulo incluso con tipos de interés cero, la pregunta es cómo arreglamos el problema. Nadie parece querer invertir demasiado incluso cuando tener el dinero aparcado paga intereses. Por qué esto sucede debería informar las soluciones a tomar. Si es una cuestión de demografía, occidente lo tiene fácil; basta con abrir las fronteras a inmigración. Si es el aumento de las desigualdades, hasta que no aumentemos la capacidad de consumo de las clases medias nadie va a invertir en serio para venderles cosas. Si es la aparición de un sector financiero basado en la especulación pura e ingeniería financiera que prefiere jugar dinero en el casino a invertirlo de forma productiva, quizás tenemos que volar a Wall Street por los aires.

También podemos recurrir a la solución más sencilla, como dice Ryan Avent: podemos bajar los tipos de interés reales a base de dejar que la inflación suba hasta el 4-5%. Los austríacos, cultistas del patrón oro y guardianes de la ortodoxia se tirarán al suelo, aterrorizados, mientras se persignan y abrazan sus lingotes, pero no es nada demasiado extraordinario. Una inflación de 4% con los tipos de interés al cero sería un incentivo estupendo para sacar esos ahorros de la caja fuerte y ponerlos en algún sitio productivo en vez de perder dinero. El objetivo de inflación del BCE y la Fed en los últimos 20 años ha sido un 2%; en el periodo de postguerra (hasta 1973, más o menos), los precios subieron de media un 3,5% anual, y la economía funcionó estupendamente. Como señala Avent, la obsesión por el 2% viene más una herencia del semi-trauma de los años setenta que de un cálculo racional; algo parecido al fetichismo por el patrón oro de principios de los años treinta. En el periodo de entreguerras la defensa encarnizada de un sistema monetario deflacionario prolongó la gran depresión durante varios años. El fetichismo por la moneda fuerte durante la gran recesión puede haber tenido el mismo efecto.

La idea de recurrir a una subida de precios no es especialmente novedosa; de hecho, llevo escuchándola (y defendiéndola) desde hace varios años como una posible solución para la crisis de la eurozona. La explicación de Summers sobre un estancamiento a largo plazo de las economías desarrolladas, y que este estancamiento necesita medidas extraordinarias fuera del recetario habitual, es más nueva.

La verdad, estoy bastante de acuerdo con Summers. También comparto con Avent la necesidad de permitir una inflación mayor. Como siempre que estoy demasiado de acuerdo con alguien, sin embargo, prefiero ser precavido y desconfiar. La economía ha cambiado desde finales de los años ochenta; la reglas no parecen ser las mismas. No estoy seguro si la explicación de Summers es la mejor respuesta.