Política

Elogio de la vacuidad

19 Nov, 2013 - - @egocrata

Una de las cosas más deprimentes de la conferencia política del PSOE ha sido la reacción de muchos comentaristas y líderes del partido a la ponencia y sus conclusiones.  No me refiero al vergonzoso éxtasis de algunos ante la contemplación del nuevo logo o el homoerotismo latente al oler el sudor del líder (ugh), sino a comentarios y escritos de gente presuntamente seria intentando explicar la renovación.

Vaya por delante: como dice Jorge Galindo, el PSOE no ha girado a la izquierda, sino al pasado. Las conclusiones de la conferencia son un reciclaje mal disimulado de las recetas de la izquierda europea de los años setenta y ochenta, cubiertas con una mano de pintura de retórica de la primera legislatura zapaterista. Algunas propuestas, como la banca pública, incluso avergonzarían al PSOE de González de los años ochenta, cuando el PSOE mandaba y no se estaba por chorradas gosplánicas a la francesa. Es realmente difícil decir que el partido ha puesto sobre la mesa nada nuevo, fuera de algunas medidas que parecen sacadas del baúl de descartes de Izquierda Unida. La renovación ideológica del partido ha consistido en gritar repetidamente que son de izquierdas y esperar a que el cadáver político de Rajoy pase por delante de Ferraz. No hay ni la más mínima voluntad de recuperar o convencer al electorado que algo ha cambiado.

Es por este motivo, entonces, que artículos como este de Patxi López me parecen especialmente desesperantes. López es un tipo que ha estado al frente de un ejecutivo autonómico gestionando una vasta administración pública y amplios presupuestos. Supongo que es consciente que el «principio de estabilidad del gasto público«, un «cambio de modelo social» porque la «derecha social ha fracasado» no son exactamente recetas precisas o principios rectores viables para gestionar un gobierno, o que decir que eres una «izquierda para el cambio, la justicia, solidaridad y los helados de chocolate» (de acuerdo, uno de esos principios no los defiende) no te dice gran cosa sobre gasto público. López, como el resto de los líderes del partido y la inmensa mayoría de columnistas de izquierda estos días se dedica a repetir una especie de batido de clichés y lugares comunes sacados de los grandes éxitos del progresismo comprometido solidario ecológico justo orgánico y biodegradable de las tres últimas décadas, sin nada remotamente parecido a un hilo argumental.

Leed el artículo de López, o las decenas de peloteos enfervorecidos al jefe de estos últimos días, y veréis que el argumento es muy simple. El PSOE dejó de ser de izquierdas. Ahora vuelve a serlo. Esto de ser de izquierdas es genial, porque estamos en contra de lo malo y a favor de lo bueno. Lo bueno es ser justo y solidario y la transformación social. Lo malo es el capital y las políticas de derechas.  Si queréis lo bueno, votadnos a nosotros. El PP es lo malo.

El problema, claro está, es que faltan dos pequeños detalles. Primero, definir qué cojones es esto tan bueno que es ser de izquierdas, y qué nos va a traer cuando llegue. Es muy bonito ir al electorado y decir que quieres más igualdad y justicia; lo complicado es explicar claramente qué quieres decir con ello. Zapatero se pasó ocho años prometiendo eso exactamente. Decirles que oye, Zapatero, ese tipo que el partido siguió con fervor y sin levantar una ceja desde el 2004 hasta despeñarse  alegremente hacia el abismo no era realmente de los nuestros  no es del todo creíble. «Cambio», «transformación» y «justicia» no quieren decir nada por si solas. El PSOE, con su glorioso historial de estrellar la economía del país hace apenas dos años, necesita llenarlas de contenido, y no lo está haciendo. No voy a pedir que copien mis ideas (prefiero que copien estas); pero una declaración de intenciones similar a esta es casi lo mínimo que uno puede reclamar.

Segundo, y no menos importante: el PSOE no tiene principios u objetivos bien definidos, así que no puede definir políticas públicas para cumplirlos. Los socialistas no tienen una teoría sobre qué clase de igualdad quieren alcanzar; sólo saben que los bancos son malos. Tampoco saben qué entienden por justicia, pero creen en lo público. Quieren un cambio social, pero no tienen una idea demasiado clara sobre qué mundo quieren tener. Por no tener, no tienen ni siquiera un diagnóstico medio decente sobre los orígenes de la crisis, las causas del aumento de la desigualdad o el papel de la política fiscal o monetaria en este bendito mundo. Más que un programa político, el PSOE tiene un álbum de cromos con ideas que suenan bien pero sin reflexión alguna detrás.

El PSOE lleva dos años sin cambios. Los líderes del partido no han cambiado. La retórica es la misma. Las ideas y propuestas salidas de la conferencia política son exactamente las mismas. A estas alturas me esperaba que alguien en algún lugar del partido hubiera dicho en voz alta que esto no funciona y es hora de cambiar las cosas. La conferencia política ha demostrado que los líderes del partido confían en Mariano Rajoy y su crónica inoperancia para rescatarlos, sin ni siquiera molestarse en intentar recuperar algún voto. El resto del PSOE, con contadas excepciones, de forma aún más preocupante, parece estar muy contento aplaudiéndoles la cobardía, sin más.

No es una sorpresa que Carmen Chacón vaya por delante en las encuestas para unas hipotéticas primarias. La mujer lleva meses si decir nada – una forma excelente de no repetir las tonterías del resto del partido.