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Los orígenes de la intransigencia republicana

3 Oct, 2013 - - @egocrata

Un par de detalles relevantes en estos tiempos de cierre de gobierno e intransigencia de los conservadores en la Cámara de Representantes. Para empezar, siempre se ha hablado que la tozudez de los republicanos se deriva de un grupo de 100-120 representantes que se niegan a cualquier acuerdo y tienen capacidad para tumbar a Boehner de su cargo si no les hace caso. Esto, sumado a la amenaza de primarias contra cualquiera que se salga de la línea oficial (y el hecho que los republicanos más montañeses están dispuestos a hacer campaña contra los moderados en ellas si se portan mal) ha bastado para crear este irracional giro a la derecha.

Según algunas noticias recientes, sin embargo, parece que el grupo de cavernícolas es bastante más reducido. Byron York habla de 30, como mucho 50 legisladores; NPR hoy hablaba de 30. Si esto fuera cierto, y Boehner realmente tiene 180-200 legisladores dispuestos a dejarse de historias, reabrir el gobierno y subir el techo de la deuda, el hombre es muchísimo más cínico de lo que parecía. Es cierto que el sector moderado del partido vive aterrado con el espectro de Freedomworks, Club for Growth y Tea Party Patriots (por nombrar unos cuantos grupos ultra conservadores siempre con ganas de juerga) clavándoles un candidato alternativo si se portan mal, pero la cobardía del partido está siendo épica.

El segundo punto importante es el por qué de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, a pesar de haber sacado menos votos. La respuesta obvia es gerrymandering, o redibujar los límites de los distritos electorales a medida de un partido para favorecerle electoralmente. En Estados Unidos las circunscripciones electorales en el Congreso se revisan cada diez años, siguiendo las revisiones del censo. Los estados tiene la responsabilidad de definir estas líneas de forma autónoma. En la mayoría de los casos, son los legisladores estatales quienes tienen potestad para hacerlo. Eso hace las mid-terms de los años acabados en cero especialmente importantes, al coincidir con elecciones a las cámaras legislativas estatales.

¿Recordáis qué sucedió en las legislativas del 2010? La economía aún estaba en una situación atroz post-recesión, muchos votantes demócratas se quedaron en casa, y muchos republicanos enfurecidos con la ley de sanidad fueron a las urnas. La ola republicana en el Congreso fue replicada, con igual o más fuerza, en muchos estados donde Obama había ganado fácilmente, dejando la revisión de los distritos electorales en manos del partido republicano.

La verdad: hicieron un trabajo excelente. No solo sacaron más escaños con un millon menos de votos el 2012, sino que además sus distritos son excepcionalmente seguros. Como señala Charlie Cook, el distrito republicano medio post-2012 es más blanco y menos diverso que nunca; muchos legisladores del GOP son elegidos por amplias mayorías de votantes absolutamente encantados con tener un troll cavernario en el Congreso.  El resultado es un sistema de incentivos completamente demencial para muchos representantes: si se moderan, las ultramovilizadas hordas del tea party les clavan unas primarias. Si se tiran al monte e insisten en volar el país por los aires salen reelegidos tranquilamente gracias a sus distritos cada vez más rurales y más blancos.

Es rematadamente difícil negociar con alguien que tiene todos los incentivos del mundo para comportarse como un mandril psicótico. El GOP estos días está pidiendo el equivalente político a no quemarte la casa a cambio de robarte el coche. La única salida es conseguir que los moderados del partido despierten de una puñetera vez, obviamente. Esperemos que no sea demasiado tarde.