Uncategorized

Cataluña, Rajoy va ganando

11 Sep, 2013 - - @politikon_es

Casi todos los análisis que se pueden leer hoy llevan al mismo punto: la decisión de Mariano Rajoy de no negociar una consulta es un error. En Piedras de Papel resaltan que pierde su capacidad de agenda setter. En infolibre se habla de los argumentos normativos detrás. Y sin embargo uno no puede sino quedarse pensando ¿y si el no hacer nada fuera la estrategia ganadora? Sabemos que el gobierno nos tiene acostumbrado a dejar que los problemas se enquisten y se pudran. El Presidente tiene especial predilección por esas salidas, especialmente cuando hablamos de temas que conciernen a su partido. Sin embargo, esta estrategia se mostró la más acertada con el tema del rescate (aunque en todo lo demás, la verdad, no está haciendo nada). Mientras tenías a El País gritando furioso que España debía dejarse intervenir hasta la cocina, el PP mantuvo rumbo y ha hecho que lo estemos… pero en parte. Viendo la suerte de Grecia o Portugal, con rescates totales, algo es algo.

Asumamos que el gobierno es un actor racional. Y dejemos de lado si el proceso independentista en Cataluña viene espoleado por el hombre del saco o por la vital sociedad civil. Como dice Jordi Muñoz aquí, es un debate que aporta poco. Esa demanda existe y es real, igual que la vocación de hacer una consulta. Lo que quiero como gobierno es desactivarlo porque, ¡ey!, el gobierno de España quiere preservar España. Si yo hubiera sido el gobierno en 2012, tras las elecciones catalanas, lo hubiera tenido claro: hubiera convocado un referéndum no vinculante a las dos semanas, tal como prevé la Constitución. Cojo a mis adversarios desprevenidos, no hay crítica de falta de legitimidad democrática, hago una campaña masiva del miedo a la salida de la UE y demás, meto (aún más) al CNI hasta la última sede de ERC y casi con total seguridad sale el no. No olvidemos que yo decido el tiempo y la pregunta. No olvidemos que responder a una encuesta es una cosa pero luego la certeza de tener que independizarse de un país cuesta más. Además, se pueden poner requisitos extraordinarios, como una participación sobre el total del censo y no del electorado que difícilmente podrán ser cuestionados.

Sin embargo, ese momento ya ha pasado, con lo que la estrategia de la guerra relámpago queda descartada. Ahora hay que pasar a una segunda estrategia que es en la que está Rajoy; dejar que el independentismo se cueza en su propio jugo… y termine reventando. CiU y ERC tienen un problema fundamental, y es que coexisten dos lógicas. Por una parte, pueden tener preferencias intensas sobre la consulta y la independencia —evidentemente más la segunda, pero aquí tiene que mandar alguien. No lo olvidemos, son partidos y quieren el poder. Está claro que la estrategia de la polarización en el eje nacional se apunta como poco astuta para CiU, tanto a tenor de los últimos resultados como de las encuestas (que dan el sorpasso de ERC). Por supuesto, podemos pensar que Artur Mas tiene una vocación de pasar a la Historia que excede con mucho una lógica partidista. Dudo más, sin embargo, que todos en CiU estén de acuerdo. Es más, también es sabido que gobernar con ERC es un tema que puede pasar factura a quien lo haga (hola PSC), un partido con una capacidad de mutar sorprendente (del tripartito al soberanismo en dos años). Por lo tanto, dentro del escenario político catalán existen unas contradicciones inherentes al mundo nacionalista que bastaría con dejar que exploten ellas solas. Esto sumado a que el contexto de gobernar con crisis y recortes es verdaderamente endiablado.

Pero, además, es que el gobierno bien podría pensar que ha dado tiempo a sus adversarios para hiper-movilizarse, con lo que están mejor preparados que los unionistas para reaccionar. Es más, podría de verdad pensar que terminaría perdiendo el referéndum. Por lo tanto, la salida ganadora sigue siendo esperar. Esperar a que la economía mejore (sabemos que no lo hará, el gobierno no lo sabe) y así alejar a parte de ese voto económico o de protesta que podría decir sí en un referéndum. Esperar a que se convoquen unos comicios adelantados, probablemente la última opción que querría CiU  (asumamos que no se inmola), con una mayor “vasquización” del escenario, pero con unos partidos independentistas más fragmentados. Y al final, como dice Margallo, la única salida que le quedaría a Cataluña sería la de optar por una declaración unilateral de independencia. Un salto tan arriesgado que podría dejar solos a los sectores promotores, perdiendo total credibilidad, con una Cataluña que no recibiría reconocimiento internacional alguno y la UE encogiéndose de hombros muy deeply concerned.  Podría no pasar nada más allá de Junqueras saludando desde el balcón y tribunas en Madrid pidiendo sacar a los tanques. O quizá todo. Pero no hay duda de que es jugárselo a una carta.

Ya sé que esto que escribo va contra corriente de la mayoría y hay la imperiosa necesidad de decirle al gobierno que haga algo. ¡Existe una voluntad mayoritaria por organizar la consulta en Cataluña! Pues bien, creo que Artur Mas ya lo ha entendido. Que el no de Rajoy a quien coloca contra la espada y la pared es a CiU. O declaración unilateral o elecciones. Tú eliges dónde pierdes porque, por paradójico que parezca, el gobierno va ganando. Haciendo nada.