Economía

Anales de la estupidez reformista, versión Báñez

30 Ago, 2013 - - @egocrata

Ayer amanecíamos con el sorprendente anuncio por parte de la Ministra de Empleo Fátima Báñez de una reducción considerable de los tipos de contrato laboral en España. La idea, según daba a entender la ministra, es que nuestro ordenamiento jurídico pasaría a ser de un demencial galimatías con 41 contratos distintos a un modelo casi normal con cinco: temporal, indefinido, prácticas, relevo y formación.

En Politikon, por descontado, casi nos dio un síncope. Vale, no era el contrato único, pero una simplificación del kafkiano mercado laboral español de esta magnitud no podía ser mala idea, o al menos parecía una idea lo suficiente decente como para evitar que Fátima Báñez la convirtiera en inútil o contraproducente. A falta de detalles, casi podíamos celebrar una reforma estructural medio aceptable, en vez de la tradicional secuencia del gobierno Rajoy de anunciar grandes cambios y parir una nimiedad. Por supuesto no faltaron las voces en Twitter advirtiendo que no me hiciera ilusiones, pero esto parecía grande. Era grande. El gobierno eliminaba tipos de contratos, tras años y años añadiendo inventos nuevos.

Horas más tarde, la dura realidad: nada de eliminar contratos. La brillante idea de la Ministra de Empleo era simplificar formularios, copiando y pegando hasta que queden sólo cinco,  y poner todas las bonificaciones, incentivos y tonterías inútiles discriminatorias varias todas en un sólo PDF.  Es decir, para el gobierno del PP el origen de la dualidad del mercado laboral español, la brutal segmentación, horrible ineficiencia y absurdamente alta tasa de paro natural es que los empresarios se confunden con el papeleo. El problema no es que haya un galimatías jurídico inanerrablemente injusto; sino que nuestros emprendedores no se han leído todas las maravillosas opciones ofrecidas en este precioso códex de 45.356 páginas que es el sistema de contratación español, y el ministerio va a echarles una mano creando el equivalente administrativo del Rincón del Vago.

A ver, señores: si tu procedimiento para hacer una actividad económica esencial es tan absurdamente complicado como para que alguien se plantee rediseñar por enésima vez el manual de instrucciones sobre la materia, probablemente es que el diseño del sistema no es del todo correcto. Lo de Báñez es como darle a tus padres un ordenador con HURD, Open BSD o Plan 9 y un manual de instrucciones de 4.000 páginas y después extrañarse que no se aclaren. Es ir a comprar un coche y que en el concesionario te den el bastidor, dos cajas con 3.000 piezas cada una y un folleto con diagramas y se quejen que no venden.

El gobierno está tomándose las reformas estructurales siempre del mismo modo: ven un problema, escuchan la solución de los expertos, pintan un cartel con una solución y proclaman haberlo arreglado. Llamar a esta chapuza una simplificación del mercado laboral no le da propiedades mágicas haciendo que lo sea; Rajoy y sus muchachos parecen creer que una mano de pintura ya basta, pero siguen sin arreglar los cimientos del edificio. Han hecho esto con toda reforma que les ha pasado por delante, poniendo un gran titular e insistiendo que estamos ante una revolución para después aprobar chapuzas descafeinadas. La reforma de las pensiones va camino del mismo triste destino; un gobierno con mayoría absoluta insistiendo en negociar consigo mismo hasta tener una tontería sin ningún criterio.

Al final saldremos de la crisis tarde, mal y a rastras, por pura inercia; ya no quedará empleo por destruir, y el resto de Europa tirará del carro. Tendremos un crecimiento anémico que el PP proclamará como una gran victoria, una tasa de paro descomunal pero en ligero descenso que atribuirán a su genio infinito, y una economía que llegará a tiempos de bonanza con los mismos desequilibrios de siempre. Seguiremos teniendo una tasa de paro horrenda en cualquier sitio normal incluso con crecimiento económico, tendremos los mismos oligopolios y chiringuitos de siempre poniéndose las botas, el tercio de pringados con contrato temporal hasta el fin de los tiempos y el mismo jodido modelo de crecimiento de siempre. Vendrá otra crisis, el paro volverá a dispararse por encima de 20%, y seguirán preguntándose qué estamos haciendo mal.

No estamos haciendo nada, para variar. En fin.