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Políticos a pie de calle: Parks & Recreation

27 Ago, 2013 - - @egocrata

Leyendo el (excelente) artículo de Jorge Galindo en Jotdown sobre series de política (donde reseña algunos viejos favoritos de la casa, como Yes MinisterThe WireHouse of Cards) he echado de menos una serie que parece ser menos conocida en España, pero que es especialmente relevante: Parks & Recreation. 

Hasta cierto punto, es una omisión comprensible. Parks & Recreation (literalmente, «parques y recreo»- P&R, abreviando) nunca ha tenido grandes audiencias en ninguna de sus cinco temporadas. Amy Poehler, la actriz protagonista y motor creativo de la serie, es muy poco conocida fuera de Estados Unidos, donde saltó a la fama en el impagable Saturday Night Live con delirantes imitaciones de Hillary Clinton. P&R es además conscientemente anti-épica; tener una sitcom dedicada a la vida de los funcionarios del departamento de parques y recreo de la pequeña (y ficticia) ciudad de Pawnee, Indiana no tiene el glamour o el drama de las grandes historia de Washington.

Es una lástima: P&R es una de las mejores series de política de la historia de la televisión, y probablemente una de las mejores comedias de los últimos años. P&R no trata de intrigas políticas, grandes dilemas morales, épicos discursos que cambian el curso de la historia o demás zarandajas fantasiosas. En Pawnee hablamos de un mundo donde los políticos viven al día, los votantes no son criaturas invisibles sino vecinos vociferantes y donde el gran enemigo no es un presunto genio del mal o un candidato formidable, sino presupuestos siempre menguantes y los incansables, indestructibles e irreductibles NIMBYs y los aún más aterradores BANANAs.

El centro de P&R es Leslie Knope, una funcionaria patológicamente entusiasta, tozuda hasta decir basta y con unas ganas casi infinitas de ayudar a todo el mundo y mejorar la vida de los habitantes de Pawnee a base de organizar ferias, limpiar parques y celebrar la vida de la mascota de la ciudad. Leslie es una hiperactiva madeja de buenas intenciones capaz de mover montañas a base de acabar con la paciencia de todo el mundo que la rodea. Es la persona más alejada de un brillante y carismático personaje de Aaron Sorkin, pero es más realista que cualquiera de ellos. Knope es ese político local que está en el ayuntamiento porque la política le gusta tanto que no sabría estar en ningún otro lugar, y que compensa su limitado talento con buena voluntad, optimismo inagotable y una capacidad infinita de aguantar insultos y soportar a vecinos palizas. P&R es la historia de todos esos machacas que se dejan cantidades completamente absurdas de tiempo trabajando para convertir un semáforo en una rotonda, ampliar aceras y organizar una feria de artesanía para promocionar el pueblo, mientras buscan maneras creativas de pagar por todo sin subir impuestos y se pelean con todo el mundo para que la biblioteca municipal no tenga que cerrar los sábados.

Las inacabables peleas entre Knope y los NIMBYs ya serían de por sí divertidas, pero lo que hace de P&R realmente especial son los personajes secundarios. Ron Swanson, el jefe de Leslie,  libertario anti-gobierno metido a funcionario y Onvre con mayúsculas. Chris Traeger, un funcionario estatal enviado a Pawnee a cerrar el desastroso agujero fiscal de la ciudad, una versión hipervitaminada y puntillosa de Sam Seaborn (Rob Lowe coge este papel con un entusiasmo tremendo). Ben Wyatt, político fracasado metido a auditor con buenas intenciones. La constelación de personajes alrededor de Leslie es un grupo de políticos y burócratas igualmente quijotescos, cada uno a su manera, y cada uno enfrentándose a su modo al difícil negocio de hacer política.  En P&R los políticos no son lumbreras, sino gente con ganas de hacer la vida de sus vecinos un poco mejor, por mucho que ellos insistan en que les dejen en paz.

La gran virtud de P&R, y lo que la distingue de muchas otras series, es que nunca cae en el cinismo. La política en Pawnee es desagradable, chapucera y mendaz, el dinero siempre es  escaso y la dura realidad se interpone en los planes de Leslie  una y otra vez, pero el centro de la historia es siempre las incontenibles ganas de hacer las cosas bien de un grupo de chiflados que aman su trabajo quizás un poco demasiado. Leslie es capaz de ser vengativa, marrullera y retorcida hasta el punto de tener vendettas irracionales contra adolescentes (presuntamente) inofensivos, pero la serie nunca pierde de vista que en el fondo la política no es un lugar para gente malvada. En P&R, como en The Wire, tenemos un grupo de personajes respondiendo a incentivos y luchando contra el sistema (sí, estoy comparándola con The Wire) básicamente porque quieren un mundo mejor. Algunos lo hacen intentando sabotear el gobierno municipal desde dentro, todo sea dicho, pero siempre es por una buena causa.

Todo esto conlleva que a pesar de ser una comedia a ratos absurda, P&R es también una de las series de política más realistas que he visto. La política en el mundo real no es tan enloquecida como en Pawnee pero la gente que trabaja en ella es a menudo (casi) igual de entusiasta que Leslie. En P&R casi todo el mundo tiene buenas intenciones, pero gobernar sigue siendo difícil, complicado y frustrante precisamente por eso. En sus mejores momentos (que son muchos), P&R es a la vez radicalmente pesimista e increíblemente esperanzadora;  la misma esencia de la política.

Será por este motivo, supongo, que la clase política americana parece adorar la serie. Gente como Newt Gingrich, John McCain, Barbara Boxer, Olympia Snowe y Joe Biden han tenido cameos en la serie interpretándose a ellos mismos (Biden, por cierto, en una escena encantadora); todo el mundo que se mueve en el mundillo se ha encontrado a alguien como Leslie Knope. P&R es una serie que habla de política y lo hace en minúsculas, centrándose en lo realmente importante: el sistema está roto, nuestros políticos son torpes y están ligeramente majaras y nada realmente sale como debería, pero en el fondo son casi todos buena gente.

Parks & Recreation pide que seamos  pesimistas, pero nunca cínicos. Algo a no olvidar.

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Varias notas finales: la serie, vaya por delante, es muy divertida; como comedia es excelente. No me meteré en detalles artísticos, pero P&R hace varias cosas interesantes con el formato de la sitcom/falso documental, y trata algunos temas bastante inusuales en televisión en muchos episodios. Ni se os ocurra verla doblada, por cierto; no hay demasiada jerga política, y algunos personajes tienen voces impagables. Hablando de Leslie Knope, por cierto, en la oficina nos referimos a algunos políticos / activistas / funcionarios como «a Leslie» para describir a gente hiper-entusiasta en este mundillo. Faltaría más.