Economía

De tornados, refugios y regulación

23 May, 2013 - - @egocrata

El terrible tornado en Moore, Oklahoma ha hecho que algunos comentaristas se preguntaran por qué la mayoría de casas y colegios en la zona no tenían habitaciones seguras, refugios semienterrados o sótanos para proteger a sus habitantes en caso de emergencia. Moore está en el centro del Tornado Alley, al fin y al cabo; uno se esperaría que ante la posibilidad nada remota de ser atacado por un cono de aire mortifero con vientos de más 300 kilómetros por hora habría más edificios con algo de protección.

La respuesta, en este caso, es bastante simple: sencillamente, no hay regulación sobre el tema. Los códigos de edificación del estado no obligan a las ciudades a construir refugios en colegios ni a particulares a tener nada específico para estas emergencias. Allá cada uno con su vida, etcétera; es un estado republicano, y esto de regular cosas no les va demasiado.

Aún así, uno esperaría más refugios, más protección. Moore fue golpeada por un tornado aún peor en 1999 (sí, casi exactamente en el mismo sitio); uno se esperaría cierta aversión al riesgo por parte de los habitantes de la ciudad. El problema, sin embargo, es que los los humanos somos bastante miopes para evaluar riesgos, por un lado, y las inmobiliarias y constructoras saben de esa miopía. Moore, tenía, digamos, un 1% de probabilidad cada año de ser golpeada de nuevo por un tornado. Esto es habitualmente leído como “toca un tornado cada cien años”, pero no es así realmente como un dede leer esta estadística; literalmente hay una probabilidad entre cien que un tornado destruya la ciudad cada año, sin que las tormentas lleven la cuenta sobre cuándo fue la última vez. Es decir, no es un riesgo trivial.

Para alguien vendiendo una casa en Oklahoma, sin embargo, un refugio no es algo que puede salvar la vida a tu comprador una vez cada cien años en ese 1% de años con tornados. En su caso es un armatoste de $4,000 medio enterrado en el jardín o un armario de cemento armado en medio de la casa que sube el precio de la vivienda. Sus compradores el 2002 ó 2003 creen sinceramente que no verán un tornado hasta el 2099, más o menos; lo único que ven es que el tipo que vende la misma casa de cuatro habitaciones dos calles más abajo pide $100.000 dólares, y él pide $104.000 (la vivienda en Oklahoma es así de barata, por cierto). La decisión racional, en ausencia de regulación, es vender casas sin refugios. El resultado es una ciudad en una zona de altísimo riesgo con muchas menos zonas seguras de las que debería, y 24 muertos.

Esta clase de escenarios es el principal motivo por el que tener al estado regulando medidas de seguridad tiene sentido. Los conductores tienden a subestimar el valor de cosas como el ABS o los airbags; los inquilinos no se preocupan por extintores; los compradores de tostadoras no calculan el riesgo de incendio, electrocución y freírse las manos a la parrilla adecuadamente. En un mundo donde los compradores tienen una percepción sobre riesgos limitada y los vendedores no tienen motivos para internalizar ese riesgo, regular medidas de seguridad es una manera sencilla, rápida y fácil de arreglar este fallo de mercado.

Pregunta asociada: ¿se os ocurre algún mercado donde los consumidores son demasiado aversos al riesgo, forzando medidas de seguridad excesivas?