Política

La función democrática de los lobbies

17 May, 2013 - y - @bpberta,

Por Berta Barbet.

Hay conceptos que por un motivo u otro generan rechazo. A menudo han sido mal utilizados, empleados para justificar acciones nocivas o relacionados con grupos poco amables, y por esto tienen una connotación negativa. Aun así, si nos paráramos a pensar un poco, nos daríamos cuenta que no tienen porque serlo y que también se pueden aplicar a grupos y acciones positivas. Un ejemplo claro es el caso de los términos lobby y lobbista. Seguramente pocos los consideran una cosa positiva para la democracia. Pero el cierto es que los lobbies, siempre que sean transparentes y no coactivos, son un elemento necesario de una democracia. Sobre todo con respecto a la introducción de nuevos temas de debate y la aportación de posibles soluciones a los problemas planteados. Me explicaré.

El mundo y la sociedad generan miles de posibles temas conflictivos que necesitan soluciones con mayor o menor urgencia. Los temas de los cuales potencialmente se podría ocupar un gobierno pueden llegar a ser infinitos. Aún así, no sólo los gobiernos no pueden ocuparse de todos los problemas, sino que ni siquiera los ciudadanos somos capaces de tener en mente todos los conflictos existentes y reclamar acciones al gobierno para solucionarlos. Además, y lo más importante, las soluciones de algunos problemas seguramente son incompatibles con las de otros. Resumiendo, en la agenda pública y política no cabe todo, sólo una proporción muy pequeña de todos los potenciales temas entran, y una parte infinitesimal se quedan para ser debatidos en profundidad.

La pregunta, entonces, es: ¿cuáles son los temas que entran a la agenda? ¿Los más importantes? ¡No! Al fin y al cabo, qué es y que no es importante es muy relativo, depende no sólo de las prioridades que uno tenga, sino también de a quiénes se atribuyan las responsabilidades de difundirlos y/o solucionarlos. Prosperan los temas que encuentran las condiciones más favorables para ello.

¿Qué determina que un tema se encuentre en condiciones favorables para prosperar mientras que otro no? Pues bien, hay diferentes teorías que ligeramente cambian algunos de los elementos pero en principio parece claro que hay tres elementos necesarios para que un tema pueda prosperar en la agenda (si os interesa el tema, este libro de Kingdon es lo más completo al respecto):

  1. Tiene que haber la percepción de que existe un problema. Y esto es importante porque la constatación de que en un lugar se está generando un problema no es evidente. Los técnicos crean indicadores para medir la existencia o no de problemas, pero la interpretación de estos no es directo (por ejemplo, un 6% de paro no se interpreta igual en España que en el Reino Unido). Además, a menudo nos acabamos acostumbrando a convivir con los problemas sin ser conscientes de ellos o sin prestarles atención. Por ejemplo, durante muchos años los indicadores sociológicos mostraban una tendencia creciente a la desigualdad sin que esto causara un gran revuelo. Del mismo modo que, hasta hace poco, a pocos nos interesaba lo que pasaba con la prima de riesgo o el nivel de déficit del país. Así, la percepción de que hay un problema acostumbra a proceder o bien de un grupo que hace presión para que se incluya en los medios o debido a un desastre o choque externo que hace muy visible el conflicto -un desastre natural o un ataque terrorista, por ejemplo-. En el primer caso, pues, los lobbies tienen una tarea importante a la hora de hacer visibles los problemas que consideran importantes.
  2. Hacen falta propuestas para solucionar los problemas. Para que un tema entre en la agenda del gobierno y, por lo tanto, se transforme en la aplicación de una política pública, hace falta que haya soluciones preparadas que no sólo sean consideradas efectivas, sino que también sean aceptables por los ciudadanos del país en términos de los valores que defiende. Además, hace falta que se perciba que estas soluciones tienen un coste inferior a los costes de mantener el problema (como muy bien explica Downs, si no pasa esto los ciudadanos inconscientemente acabarán olvidando el problema). En este sentido una vez más, vuelve a ser muy necesario el trabajo de los lobbistas y de los grupos de presión a la hora de buscar soluciones y tener propuestas de políticas publicas que sean aceptables por los ciudadanos y que se consideren efectivas y razonablemente económicas.
  3. Hace falta que los poderes políticos se encuentren en un contexto en el cual la propuesta puede ser aceptada. Por ejemplo, que no haya ningún grupo importante que amenaza con boicotear la propuesta, que el presupuesto no esté cerrado, o que el gobierno no tenga una agenda muy diferente en la que el tema ni se considera. Esta última condición es la que se ha hecho más visible cuando se habla de lobbies: la de intentar convencer a los representantes públicos para que aprueben las leyes y propuestas defendidas. Aun así, cómo he explicado, no es ni mucho menos la única función que tienen.

Como explica Kingdon, para que un tema entre en la agenda hace falta que los que él denomina “policy entrepreneurs” trabajen para abrir una ventana de oportunidad y que, cuando estas se abran, presionen para que se tome una medida concreta. Este grupo de emprendedores pueden venir o bien de fuera de la administración -en forma de lobby más o menos organizado- o bien de dentro, de entre el grupo de funcionarios y responsables políticos con acceso directo a la formación de políticas públicas. En el segundo caso, la determinación de problemas y de sus soluciones puede llegar a ser muy endogámica y cerrada a ciertos sectores. La presencia de grupos que compitan para imponer sus visiones de forma más o menos abierta y transparente puede ayudar a democratizar la toma de decisiones y hacerla más plural.

De acuerdo, sí, he hecho trampa. Existen importantes desigualdades en cuanto al poder que pueden tener unos y otros lobbies a la hora de defender sus puntos de vista con respecto a los recursos técnicos y económicos. Unas diferencias que seguramente ponen en peligro tanto la igualdad como la legitimidad del proceso. Hace falta, evidentemente, que el sistema de lobby sea lo más transparente posible para poder, así, tener constancia de lo que están haciendo nuestros representantes. Pero esto no quita que la función de los lobbies pueda y tenga que ser muy digna.

Artículo publicado originalmente en catalán en el Cercle Gerrymandering.