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Cinco gráficos sobre el (enorme) problema que representa la dualidad laboral

15 May, 2013 - - @kikollan

[Actualizado: 10/11/13]

El contrato único viene a combatir uno de los males de nuestro mercado de trabajo: la dualidad entre fijos y temporales. A continuación tenéis cinco gráficos que pretenden ilustrar la magnitud de ese problema característico de nuestro país.

1. España tiene una enorme tasa de desempleo

Este enorme desempleo no es sólo un síntoma de la crisis, sino una evidencia de las deficiencias del mercado laboral español que han sido la norma durante décadas. El problema es sistémico: nuestro mercado laboral no funciona.

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2. España tiene una altísima temporalidad

Antes de la crisis España era el país con más temporales de Europa: un tercio de los trabajadores españoles eran temporales (32%), un porcentaje que duplicaba la media europea (15%). A final de 2010, después de haber destruido un tercio de sus empleos temporales, España todavía era el segundo país con mayor temporalidad. España sufre un mercado de trabajo dual, con una excesiva proporción de trabajadores temporales, que suponen entre el 20% y el 30% dependiendo de la fase del ciclo.

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3. La crisis se concentra en los temporales

Como hemos visto, los trabajadores tienden a dividirse en dos grupos: los insiders, con contratos indefinidos, salarios regulados, y protegidos por indemnizaciones en caso de despido, y los outsiders, con contratos temporales y con escasa o nula protección. Pertenecer al segundo grupo supone una serie de perjuicios: los trabajadores temporales tienen salarios más bajos, retrasan la decisión de tener hijos, y se forman menos. Pero, sobre todo, son estos trabajadores temporales los que absorben el grueso del desempleo en periodos de recesión como el actual.

Así ha ocurrido durante la crisis:

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Durante la crisis se han destruido un 11% de los empleos fijos, mientras que la destrucción de empleo temporal es cuatro veces superior y alcanza el 44%. Casi la mitad de trabajos temporales han desaparecido. Más dramático es el caso de los jóvenes. El número de empleos temporales para jóvenes ha colapsado y caído un 68%. Por cada diez jóvenes en trabajos temporales hoy solo quedan tres.

4. Pero el despido de temporales no lo causó la burbuja inmobiliaria

En ocasiones se justifica la destrucción de empleo temporal culpando a la burbuja inmobiliaria. Se argumenta que los despidos se concentraron en la construcción y solo de forma colateral en los temporales, ya que estos son mayoría en aquel sector. Sin embargo, los datos contradicen esa explicación: como se observa en el gráfico, la destrucción de empleo se concentró en los temporales de cualquier ocupación. Los empresarios han tendido a despedir empleados temporales tanto sin son artesanos o albañiles como si son operarios de planta, administrativos o profesionales intelectuales.

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5. La temporalidad no es solo consecuencia del tejido productivo

Vemos que la temporalidad es un mal característico de nuestro país, ¿pero cuál es la causa? La narrativa más común consiste en culpar a nuestro tejido productivo dominado por actividades como la construcción y el turismo. El argumento es que si un país depende más de sectores cuya demanda es volátil y de baja calificación, los empleadores optarán por las opciones más flexibles para contratar (en nuestro caso, el contrato temporal). Según esa explicación, la temporalidad sería una consecuencia del tipo de empresas que abundan en nuestro país.

Pero de nuevo los datos desafían esa explicación.

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Los datos de arriba indican que España tiene el doble de trabajadores temporales que la media europea en casi todas las profesiones. También en aquellas poco ligadas a la construcción o los servicios, como los operarios industriales, el personal administrativo o los profesionales intelectuales. Las empresas españolas abusan del contrato temporal en todas todas las ocupaciones, lo que indica que la preferencia no responde solo a las características del puesto.

Parece más plausible explicar la temporalidad como una consecuencia de la regulación: la contratación de temporales serviría a las empresas como mecanismo para variar sus costes laborales de forma barata.

Conclusión

En definitiva, el mercado de trabajo no funciona. No solo tenemos un 27% de paro, también una brecha dual que provoca que casi un tercio de trabajadores sean temporales. Esta brecha es injusta y provoca un drama social que afecta a los temporales, los precarios, o los outsiders, que afrontan un futuro más incierto, ganan poca experiencia, tienen peores condiciones de trabajo y acaban sufriendo la crisis con peores salarios y más despidos.

Además la temporalidad contribuye a perpetuar nuestro modelo productivo. La regulación laboral está ofreciendo un mecanismo de flexibilidad a las empresas por la vía del despido: basta con mantener un grupo de temporales en rotación, que se contratan en bonanza y se dejan marchar en recesión. Pero, ¿qué empresas sacan provecho de ese mecanismo? Las más beneficiadas serán aquellas que necesitan mano de obra poco cualificada y fácil de remplazar. Es decir, precisamente las empresas que hoy son abundantes. En comparación, los trabajadores temporales son poco úti les para empresas que necesitan personal muy formado o con experiencia, ya que no son ni prescindibles ni reemplazables. De esta forma, al favorecer la contratación de temporales, la regulación laboral dual perjudica a las empresas innovadoras y ricas en capital humano.

El contrato único, del que se habla estos días, es una de las medidas que se proponen para combatir la dualidad. Una medida que obviamente no es una receta mágica ni está exenta de discusión, pero que en Politikon creemos que podría ayudar. En cualquier caso, antes de criticarla convienen entender en qué consiste, y sobre todo, entender del (enorme) problema que supone la dualidad para nuestro país.